Se trata, si de algo sirve la exageración, de una de las mejores verdades políticas de todos los tiempos.
En la acción política la escala de valores de todo Peronista es la siguiente: Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres.
Nuevamente encontramos en ella una referencia espacial. Esta escala de valores es una representación gráfica de un territorio (la patria), un alma (el movimiento) y los hombres (el cuerpo). Queda absolutamente claro en ese desplazamiento gráfico la visión materialista que anima a la sentencia.
En términos morales se trata de un criterio categórico de selección por la negativa (primero significa orden de preferencia en este caso), pero en términos filosóficos significa que el mundo físico es mandatario, que el movimiento es contigente y los hombres factibles. Naaaa que ver con la retórica mecanicista de la conciencia binaria que sobrevuela tuita la historia. La apuesta por la voluntad (peronismo o muerte, en donde es posible la futura inexistencia del movimiento) y la sensación de exponencialidad grabada en la consigna (hombres, masas, pueblo) asienta el vértigo que implica la reflexión sobre lo político. Lo político -y esto puede hacerse extensivo a las 20vv- debe ser nombrado, interpelado, a riesgo de su degradación, de su sublimación. Perón, Perón. Genovese en su exégesis yerra su único tiro porque al decir que se sigue en la expresión el ordenamiento anatómico (debe querer decir fisiológico), el cerebro manda, el meñique obedece… etc, no advierte la punción moderna del enunciado. Porque no se trata de una fisiología de la conducta sino de una dinámica: la salmodia peronista concentrada sobre la 8va verdad produce un ritmo cuadrúpedo, un ritmo animal (político), al que el antiperonismo apenas entrevió y bautizó como "aluvión zoológico". Pero allí donde veía proliferación de laboristas, allí estaba la marca de sólo un animal (pueblo, patria, perón, como se nombre): el impulso del caballo que rasga la testarudez de la pampa gringa.



