20vv

verdad número 8

Se trata, si de algo sirve la exageración, de una de las mejores verdades políticas de todos los tiempos.

En la acción política la escala de valores de todo Peronista es la siguiente: Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres.

Nuevamente encontramos en ella una referencia espacial. Esta escala de valores es una representación gráfica de un territorio (la patria), un alma (el movimiento) y los hombres (el cuerpo). Queda absolutamente claro en ese desplazamiento gráfico la visión materialista que anima a la sentencia.
En términos morales se trata de un criterio categórico de selección por la negativa (primero significa orden de preferencia en este caso), pero en términos filosóficos significa que el mundo físico es mandatario, que el movimiento es contigente y los hombres factibles. Naaaa que ver con la retórica mecanicista de la conciencia binaria que sobrevuela tuita la historia. La apuesta por la voluntad (peronismo o muerte, en donde es posible la futura inexistencia del movimiento) y la sensación de exponencialidad grabada en la consigna (hombres, masas, pueblo) asienta el vértigo que implica la reflexión sobre lo político. Lo político -y esto puede hacerse extensivo a las 20vv- debe ser nombrado, interpelado, a riesgo de su degradación, de su sublimación. Perón, Perón. Genovese en su exégesis yerra su único tiro porque al decir que se sigue en la expresión el ordenamiento anatómico (debe querer decir fisiológico), el cerebro manda, el meñique obedece… etc, no advierte la punción moderna del enunciado. Porque no se trata de una fisiología de la conducta sino de una dinámica: la salmodia peronista concentrada sobre la 8va verdad produce un ritmo cuadrúpedo, un ritmo animal (político), al que el antiperonismo apenas entrevió y bautizó como "aluvión zoológico". Pero allí donde veía proliferación de laboristas, allí estaba la marca de sólo un animal (pueblo, patria, perón, como se nombre): el impulso del caballo que rasga la testarudez de la pampa gringa.

verdad número 4

La tercera escaramuza con Omar Genovese tiene lugar en este mismo instante. Las 20 verdades peronistas constituyen, por su cadencia mosaica, un territorio en el que la interpretación está en todos los carcajs, y en el que nadie abandona a primera sangre. Si es cierto lo que anda diciendo por ahí ese apóstata de Comte-Sponville, que la religión consiste justamente en una larga y comunitaria relectura, entonces los versos del poeta peronista Yorgos Seferis -al extranjero, al enemigo, lo vimos en el espejo-, me mostrarán cuanta afinidad con la comunidad peronista comparte el tape Genovese.
Y en efecto, en su tercera exégesis, al tratar sobre la verdad cuarta, Genovese es el más peronista entre los amigos de Dian Fossey.

No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan.

Acierta una vez más Genovese cuando se detiene a considerar el término clase. La mayoría de los textos patrísticos coincide en remarcar la crítica a la concepción marxista que concibe un tipo especial de relación para las clases sociales. El análisis de G. recupera los primeros acercamientos a esta apretada pero reluciente verdad peroniana. (Considérese lo expuesto en algún número de Mundo Peronista, año II, bajo el título: "La cuarta verdad del peronismo"). Atinadamente G. describe a esa operación popular contra el topo marxista haciendo alusión a que el "círculo peronista comienza a cerrarse, como los anillos de una serpiente constrictora…" La eterna lucha entre topos y serpientes no sólo está certificada por fotocopias berretas de carreras management sino también por textos de avanzada como el protoclásico "postdata sobre las sociedades de control" (hay que decir que si G. acusa a Llach por no citar a Bardamu, debería acusar a Deleuze por no indicar que el núcleo duro de su representación ofídica estaba ya escrito y polemizado en la Argentina de Perón).
Pero permitame G. y permítame D. indicarles que la verdad número 4 no sólo está ligada cuasi literalmente al tema del trabajo y a las débiles concepciones capitalistas y comunistas sobre el mismo: ella demuele la etnocéntrica concepción dumeziliana sobre los imaginarios tripartitos en occidente. Todo el mundo anda recitando (mnemotécnicamente o vía jingles) la idea que George Duby presentó en su libro Los tres órdenes o lo imaginario del Feudalismo, acerca de los que oran, los que luchan y los que trabajan. El francés parece no reparar en lo expuesto por la doctrina peronista, la simplicidad con la que ella cumple con la navaja de Ockham…pero tiene una excusa: los franceses no leen cosas de extranjeros (de las tierras de Oc y allende el Mare Tenebrosum). Pero usted Genovese.
Algo más: la sutileza está en la temporalidad. Debería saberlo G., debería saberlo D. Si la consigna se lee como la leyeron los peronistas (leer en clave temporal se llama hacer historia) pronto adquiere un tono ambiguo. Un cierto acento en la entonación criolla, el ya visto guiño peroniano, le da un sentido otro: no se sabe si dice que eso es lo real o eso es lo imaginario. Si eso es lo que existe, lo estriable; o si eso pertenece al orden de lo esperable. Ese llamado a la comunión devuelve la fascinante idea de una pragmática idealista. Por algo se leía en las pintadas de las JPs en los ochenta el estribillo "Althusser, Monzón/un solo corazón". El rizoma D., el rizoma.

verdad número 2

Sabido es que el peronismo estuvo así de sembrarse en Chile y en Japón. Se conocen actualmente, gracias al trabajo de zapa de historiadores y antropólogos, las relaciones entre el peronismo y el partido de Khadafi y las células peronistas aplastadas en Ulan Bator una vez que China reconoció como país a Mongolia. Espero que gracias a la difusión del debate con Omar Genovese acerca de la tabla peroniana de mandamientos, el rastro inmarcesible del peronismo horade los límites geográficos del orbe (Rabensteiner se pregunta si el tándem nquiroga-genovese no se esmera más que la dupla González-Tarcus -en ese orden). Aquí está mi contribución, tratando de enmendar la epifánica intervención de Genovese, hace un tiempo, sobre la verdad número 2.

El Peronismo es esencialmente popular. Todo círculo político es antipopular, y por lo tanto, no es Peronista.

Una constante en la argumentación de Genovese: produce sólo una incisión quirúrgica por cada proposición tratada y hacia el final de la operación arroja sal a la herida del paciente. Al tratar con la verdad número 2, el interdictor brulotea contra la dirigencia peronista. Debo decir que tiene razón, pero a partir de la jaula que Mitchells imaginó para los partidos políticos. No obedece en este caso a la naturaleza peronista el hecho definitivo de que "circulo político" se aplique también a la "clase dirigente". Aunque mejor que Pareto, lo ha graficado Duverger con sus círculos concéntricos. (Hay que decir que la número 2 no contradice esas indicaciones.)
Retengo de todos modos el golpe de bisturí de Genovese: considerar que la número 2 está tonificada con un matiz matemático o geométrico. Hay que decir que su perspectiva de plano picado (recordemos que el propio Genovese asegura estar en los árboles pero no dice ser el barón rampante) le permite ser preciso en sus lecturas. Pero debe repensar la sentencia a partir de estos datos:
a) Obsérvese que la consigna también es elíptica: dice que lo antipopular cuando toma la modalidad política adopta la forma círculo pero no dice qué forma geométrica adopta lo esencialmente popular. Esto sin duda es mérito del propio Perón, un pre-gramsciano. Lo que Bronzini consideraba sobre lo popular (definición por el uso), el icosálogo peronista lo incluía ya mucho tiempo antes. Sin embargo, si hubiera que indagar en profundidad puede decirse que el peronismo consideró el triángulo para representar al pueblo y a la oposición. En este fragmento del gráfico que más abajo presento íntegramente puede apreciarse claramente la forma pueblo y la forma temporal de la oposición. Pifia Genovese cuando dice que el peronismo es geográfico porque no tiene límites. Es atemporal porque considera que esa forma roja en el mapa que pinta a los más tarde llamados gorilas, desaparecerá con la límpida ejecución del Plan. (La fuente es el Plan Político Orgánico 1952-1958, tan temido por Walter Little y por otros investigadores. Uno de los gráficos del plan aparece detrás de Perón en una de las tapas de la revista Mundo Peronista)

Plan político organico, fragmento

b) Considérese además la comprobación pitágorica de la fórmula: P es p; CP es no p; ergo CP no P. Debe reflexionarse acerca de cuán desconsiderados han sido nuestro matemáticos (como Paenza o el mísmimo Martin Gardner) al no incluir en textos didascálicos las demostraciones inscriptas en la doctrina peronista. Mientras se detienen a rememorar viejas bromas de la Gran Pirámide, olvidan este documento fundacional de la razón plesbicitaria.

Plan PO

verdad número 7

Omar Genovese ha recogido el guante. El tratamiento de las 20 verdades peronistas forma parte ahora de la sección escándalos e infidencias de nacionapache. Genovese ha viviseccionado la fuente S (de Soria): un gigante montado sobre las ramas del árbol doctrinal peronista. Aunque esta metáfora recuerde a la clásica foto de Cornell Capa:

La fuente S se denomina así (ojo: el .pdf pesa) por el capítulo primero de la novela de Alberto Laiseca, Los sorias: sencillamente inolvidable. Impone la atmósfera a este merodear sobre la estela más famosa de la historia argentina contemporánea.
Vamos con la siete entonces, que Genovese interpretó en ese post.

Ningún peronista debe sentirse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.

El enigma de la verdad número 7 abre el juego a la interpretación a través de un golpe elíptico decisivo: NO +P; NO -P; Si +P entonces O. Se devela en esa proposición lo que les sucede a aquellos que son manijeados; pero la sentencia no nos dice en lo que deviene un peronista si comienza a sentirse menos. Pero podemos inferir. Tal como muy perspicazmente Genovese adviritó, hay tres clases de entidades: humanos, peronistas y oligarcas. El plus político aplicado al Ser hace que éste devenga en P u O. Se trata de un movimiento helicoidal con arreglos. El Ser siempre puede devenir peronista u oligarca. Pero no se puede saltar quánticamente (que no lo mismo que decir cualitativamente) desde O a P (nótese que cuando los peronistas dicen humanizar el capital en referencia al verso combatiendo al capital de ese otro texto notable de la liturgia peronista, la marcha peronista, están diciendo que O sólo puede perder su valencia regresando a su condición humana; tal como Raúl Scalibrini Ortiz lo indicó). Dice Genovese: "al fin y al cabo, un peronista nace humano…" y se equivoca: en la Argentina de Perón nace peronista. Nace con un plus. Si lo pierde, si se cree menos de lo que es, entonces pierde dignidad y se hace neutro, se humaniza (a merced de O). Esto es el corazón de la lógica amigo/enemigo que alimentó el corazón de los hombres y mujeres del período, que se hacían schmittianos sin haber leído al Carl (la revista Hechos e Ideas publicó una traducción de El concepto de lo político para que esa certeza pasara a formar parte de la conciencia práctica (Giddens dixit) del peronista.
Ese silencio sapiencial de la número 7 nos obliga a la conjetura porque, hoy se sabe, la verdad cero del peronista consiste en este directiva sutilmente borrada y hallada entre los papeles que Raúl Apold que se olvidó en Cuba (como se sabe Apold viajó a Cuba al poco tiempo de la Revolución): toda norma puede discutirse. El general Perón o el pueblo tienen razón.
Finalmente hay que agregar que el cartesianismo culturalista genovesiano comprende mal las dinámicas del devenir peronista u oligarca: dice, supone, que los síntomas de la segunda forma son, para un peronista, elevar su conocimiento y/o su ubicación social. Pero aquí la fuente S es absolutamente clara, no arriesga nada más allá de su antiiluminismo y su eminente y rápido (muy rápido) movimiento anti-bourdieu. Las líneas que las políticas en pugna dejan en los hombres, las energías con las que ellos se invisten son invisibles a los ojos. Como se sabe, el peronismo descreyó siempre la de ineluctable modalidad de lo visible: siempre apostó al tacto (abrazar, bailar), al gusto (asado, pan dulce y sidra), a la voz (insuflar). Ese es el sentido último de las llamadas a estar alertas que el propio Perón les hacía a los hombres y mujeres peronistas: la consigna dice que la política es también un fenómeno inmaterial.

las veintes verdades peronistas

Leo en Nación Apache las distintas entradas escritas por Omar Genovese sobre las 20 verdades peronistas, y pienso que no estaría mal iniciar una suerte de retruque. Consecuentemente, este post es el contrapunto del primero de la serie apache, hallable aquí. Seguiremos más adelante, tras la presentación.

Las veinte verdades peronistas están un tanto desordenadas. Si hemos de considerarlas como mandamientos, entonces habrá que quitarles el ordinal. No pueden ser tratadas como si leyéramos el tractatus. Se trata de sentencias en las que, tal vez, sus autores quisieron dejar asentados elípticamente los rastros de los orígenes del documento: las veinte verdades se parecen y mucho a las tareas escolares terminadas sobre la hora. Por poner sólo un ejemplo: la "primera" verdad presupone la última. En 1950 las empresas escolásticas del peronismo (y no es broma: la Escuela Superior Peronista se erigió bajo ese criterio) no estaban lo suficientememte aceitadas como para operar con manuales de adoctrinamiento, cursillos de capacitación de dirigentes, etc. como sí lo estuvieron hacia 1954-1955. Buena parte de la demora se explica en las 20 verdades: grabadas a fuego, la mayoría de ellas pretende ejercer una suerte de coerción organizativa sobre el rápido fluir de las practicas políticas de los peronistas. Puesto que cualquier preceptiva pierde sentido si ordena lo ordenado (todavía se sigue creyendo que por debajo de los líderes del peronismo había un hato de palurdos que acataban lo que ellos decían), las 20vv buscaron hormar un territorio estriado por demandas de todo tipo, intereses pujantes, alianzas, telegramas, cartas apócrifas, rifas mendaces, carnets vencidos, asambleas, unidades básicas, ateneos, centros cívicos, bibliotecas de ateneos de gremialistas unidos de alguna unidad básica. Las elites dirigentes del peronismo han tenido que realizar un esfuerzo sobrehumano para poner en este icosálogo sus objetivos institucionales sin que ello resultara demasiado aterrador.
Es por eso que el pueblo peronista consideró a cada una de esas veinte verdades como grageas, como fórmulas precisas de reflexión política, abracadabras asambleísticos, sentenciosas dosis de know how político. Pero no compró el paquete: siempre estuvo bien dispuesto al "pecado", a la creación en los márgenes, a la informalidad.
Sin embargo, como estas notas apuntan a revisar la letra muerta de las 20Vv debemos ajustar la reflexión al texto mismo. Podemos asegurar que el pueblo peronista tuvo y tiene conciencia práctica y no obra sólo movido por el mito, pero lo que nos interesa es el mito, la escritura del mito, lo que pretende instituir (y utilizo aquí la palabra mito en el sentido menos interesante del término, pues el sentido más interesante es el que proveníene de Sorel). Para entrar en tema entonces será conveniente decir que no nos detendremos a analizar los sutiles cambios de la doxa y fijaremos un canon para trabajar, y a ese canon habremos de ponerlo en consonancia con estos párrafos que datan de finales del período clásico y que de alguna manera ordenan el palimpsesto. Como algunas corrientes de los estudios del antiguo testamento que reconocen distintas escuelas (Elohista, Sacerdotal, etc.), nosotros fijaremos la escuela S (de Soria!) a partir de esta estela:

quotep

Un pueblo puede carecer de «superficie geográfica» pero no puede carecer de alma.
El Movimiento Peronista, para servir acabadamente al Pueblo y a la Patria, debía poseer él mismo no sólo un cuerpo (organización) sino un alma, ya que «no se puede dar lo que no se posee».
Por eso el General Perón lo organizó y le dió su Doctrina, infundiéndole, en cierto modo, su propia alma.
El alma del Movimiento Peronista es la Doctrina de Perón o Doctrina Peronista.
Por eso el Movimiento Peronista sirve al Pueblo y a la Patria trabajando por infundirle la Doctrina de Perón, que al ser transferida al Pueblo y a la Patria, se conforma como Doctrina Nacional, que es nuestra Doctrina Peronista.
El Pueblo tiene avidez de Doctrina…es como un hombre que ha vislumbrado su propio destino y desea conocerlo para realizarse, realizándolo.
El Pueblo argentino está organizado. Su cuerpo reclama el alma adecuada que es la Doctrina de Perón.
El Pueblo argentino podrá realizarse de esta manera, realizando su propio Destino Nacional.