Graphos

Imágenes, cuadros, tablas, gráficos para dar a entender.

viñetas argentinas

 
Cancha Rayada

Cancha Rayada. Dicen que se durmió. Que estaba en eso. Que miles de ovejas, luego, calmaron a un ejército de hambreados. Pero no. Fue eso. Puede pasar.

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Manco Paz boleado

Manco Paz boleado. Alguno exageró. Un apocalipsis local, trunco. El turno de un estratega, de un fénix. Alguien estuvo contando mal las cosas. Nunca falta un atrevido.

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Pedro Candiotti

Pedro Candiotti. El Tiburón de Quillá había hecho de todo, incluso había nadado con Tarzán. De viejo intentó muchas veces recorrer el camino que, desde La Bajada, lo llevaba hasta Buenos Aires. Muchas horas, casi tres días de nado la vez que más cerca estuvo. Siempre le pasaba lo mismo: se dormía en el agua y lo tenían que sacar. Soñaba una pizza, soñaba un bautismo. No se puede todo.

 

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En uno de los textos que conforman Un gigante en convulsiones, intitulado "Maleficium: el fetichismo del Estado", Michael Taussig trabaja sobre la E gigante de la palabra estado y sus relaciones con la razón (hegel) y la violencia (weber). El estado como máscara que oculta las prácticas políticas. El estado como un concepto que obliga a rastrear su formación y no sus expresiones empíricas. El viaje lo llevará por caminos de la sociología y la antropología. En uno de los apartados, al tratar sobre el tótem, Taussig quiere sostener a partir del ejemplo. Recurre para eso a un dibujo de un diseño de un tótem de un sapo, publicado en un texto de Spencer y Guillen de 1899, a raíz de su trabajo entre comunidades indígenas australianas. Así está presentado en la versión en español:

En este espacio vacío me hubiera gustado presentar el dibujo de Spencer y Guillen del tótem del sapo, porque me parece a mí casi imposible transmitir los temas que tratan sobre la representación sin la ayuda de esta imagen asombrosa.Pero mi amiga, la profesora Annette Hamilton, de la Universidad de Macquarie, de Sydney, me dice que los aborígenes considerarían un sacrilegio la reproducción de esta ilustración, lo cual no sólo reivindica el poder del diseño, sino también las prohibiciones para que no sea visto, que son señaladas pero no obedecidas por Spencer y Gillen mismos.

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Alguno, alguna vez, en algún comentario, chilló porque insertamos pocas imágenes en los posts. No siempre fue así. A partir de discutir las implicancias de referir una foto de Yeltsin cuando se habla de Yeltsin o una foto de ___ cuando se habla sobre la humedad, como en este post, las intervenciones fueron haciéndose cada vez más ralas (el filoiconismo intima con la idea de vegetación y con la de exotismo).
Algo semejante puede discutirse contraponiendo esta ilustración que hace las veces de mapa en el libro de Julieta Quirós (ya reseñado aquí), Cruzando la Sarmiento,

Schavelzon

y este diagrama copiado del capítulo "Un doctor ndembu en acción" del libro de Víctor Turner, La selva de los símbolos.

Turner

Daría la impresión, leyendo el diagrama, que una larga vanidad cartesiana acompañó a las etnografías en aldeas. Esos intentos de grillar el espacio del nativo pueden haber contribuido a familiarizar la investigación, pero también contribuyeron a alimentar la imaginación orientalista del otro cultural (como bien recuerdan los Comaroff en su libro Ethnography and the Historical Imagination, el largo aliento del evolucionismo unilineal tiene impacto en todas las ciencias sociales que miran a ese genérico utilizado frecuentemente: África). Turner mientras discute las derivaciones de tratar los símbolos como símbolos o como signos no repara en la dimensión etnocéntrica del sinoptismo.
Malinowski, a quien le daba por lo mismo de a ratos, dejó sin embargo otra herencia que rescata Salvador Schavelzon, autor de la ilustración del libro de Quirós: la subjetividad. El albur de conocer el punto de vista del nativo adquiere en investigaciones que no desisten de considerar la politicidad manifiesta en el ritmo de la aldea variaciones contundentes. En este caso, bastan unas cuantas casas, unos árboles, un mástil con bandera flameando para rubricar el registro que trabaja con las identidades cambiantes, dañinas para todo cartesianismo. ¿Quién intenta hoy saber lo que significa tratar con imágenes?

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Un mapa. Un trazado. El intento de graficar dos dimensiones históricas. Freud lo dice claramente en el caso de neurosis obsesiva conocido como el del "hombre de las ratas" (A propósito de un caso de neurosis obsesiva, 1909):"después que el paciente lo hubo hecho todo para enredar el pequeño episodio de la devolución del rembolso por lo quevedos, quizás mi exposición tampoco consiguió volverlo transparente por completo." En ese mismo texto Freud sugiere una relación entre el historiador y el psicoanalista (justo allí, en un articulo en donde debe advertir el esfuerzo interpretativo que implica viajar a través de las fantasías neuróticas). Las dos dimensiones: el relato sobresaltado del paciente; su andar. La cancela que separa ambas trayectorias es el dominio del psicoanalista: un detective paciente como un mamboretá, cazando voces, leyendo gestos, dosificando saberes de ambos mundos.

Freud

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Umberto Eco en "Los bosques de Loisy" (en Seis paseos por los bosques narrativos) trata sobre Sylvie, la novela de Nerval. Este grapho trabaja sobre el problema narrativo del "efecto niebla"; sobre la reconstrucción oftálmica del juego analéptico de Nerval; y sobre el segundo nivel de lectura a través de la secuencia de la trama (horizotal) y la secuencia de la fábula (vertical). De qué le sirve al lector de primer nivel esa reconstrucción, pregunta Eco. De nada, responde. Sin embargo sí le resulta al lector de segundo nivel, que se pasea por los bosques narrativos pensando la forma de los mismos. La lectura de los vientos retóricos es, con todo, otro placer al abusar del texto. No es casualidad que en el capítulo que mencionamos se lo cite a Proust, quien indica que la atmósfera "azulada y purpúrea del relato" no está en las palabras sino entre una palabra y otra. A juzgar por lo que el propio Proust ha dicho sobre el blanco en La educación sentimental, parece que siempre anduvo tratando de musiquear la lectura. Qué queda púrpura en este grafo: nada. Pero "toca" el entremedio o lo evoca. Ahí está: ese resto que dice que se ha atravesado el umbral de una ilustración.

Eco