Leo en el blog sobre educación de Clarín la intervención de Ana María Shua y los comentarios sobre la famosa pregunta "¿Por qué los chicos no leen?" Anteriormente habíamos recordado aquí otras intervenciones que ponen en jaque a la pregunta, pero Shua aún si considera que los jóvenes no leen, desvía la respuesta y habla sobre la presunta necesariedad de la lectura. Dice Ana María:

Para ellos, para los adultos, la lectura es una obligación moral con la que siempre están en deuda, un trabajo más con el que nunca terminan de cumplir. Y eso es lo que le transmiten a los chicos.HAY QUE leer, como es HAY QUE pararse derecho, masticar la comida treinta veces, lavarse los dientes. Porque es bueno para la salud, aunque sea un poco aburrido. El resultado, a la vista.
Este desvío de la escritora fue rápidamente advertido por la mayoría de quienes escribieron sus comentarios al post. Debido a ello, delicadamente, sin énfasis ni reclamos, los dichos de la autora fueron restituidos al cauce original. No se le reclama que responda la pregunta (aunque alguien debería decir que como lo planteaba Emile Benveniste, cada pregunta encierra ya su respuesta), no se la indaga o se la conduce por los ejes que trazó la interrogación original. Sólo se aprovechan sus dichos, como si dijeran: tiene usted razón, mis hijos leen de chiquitos y ahora les gusta; es como usted dice hay que enseñar a leer y no obligar a hacerlo; largo etcétera.
Desde hace un tiempo conversamos con Eleonora Filippi sobre una ilustración para el fomento de la lectura (la inculcación de la lectura, diríamos con Shua). Lo mejor es una máquina, pensamos; algo así como las viejas Tapaco.




