los chicos no leen

Leo en el blog sobre educación de Clarín la intervención de Ana María Shua y los comentarios sobre la famosa pregunta "¿Por qué los chicos no leen?" Anteriormente habíamos recordado aquí otras intervenciones que ponen en jaque a la pregunta, pero Shua aún si considera que los jóvenes no leen, desvía la respuesta y habla sobre la presunta necesariedad de la lectura. Dice Ana María:

quotep

Para ellos, para los adultos, la lectura es una obligación moral con la que siempre están en deuda, un trabajo más con el que nunca terminan de cumplir. Y eso es lo que le transmiten a los chicos.HAY QUE leer, como es HAY QUE pararse derecho, masticar la comida treinta veces, lavarse los dientes. Porque es bueno para la salud, aunque sea un poco aburrido. El resultado, a la vista.

Este desvío de la escritora fue rápidamente advertido por la mayoría de quienes escribieron sus comentarios al post. Debido a ello, delicadamente, sin énfasis ni reclamos, los dichos de la autora fueron restituidos al cauce original. No se le reclama que responda la pregunta (aunque alguien debería decir que como lo planteaba Emile Benveniste, cada pregunta encierra ya su respuesta), no se la indaga o se la conduce por los ejes que trazó la interrogación original. Sólo se aprovechan sus dichos, como si dijeran: tiene usted razón, mis hijos leen de chiquitos y ahora les gusta; es como usted dice hay que enseñar a leer y no obligar a hacerlo; largo etcétera.
Desde hace un tiempo conversamos con Eleonora Filippi sobre una ilustración para el fomento de la lectura (la inculcación de la lectura, diríamos con Shua). Lo mejor es una máquina, pensamos; algo así como las viejas Tapaco.

máquina de leer

cuestión de escala

En una entrevista a Wes Janz, que puede leerse en Archinect, se muestran algunas fotos de lo que se menciona como "leftover space" ("in the sense of being ghettoized and depicting a sort of bare essentiality of being in architecture"). Entre la villa miseria porteña, la táctica de un croto alemán, y el carro de un linyera en una playa de supermercado, existe un hilo, una estela de sentido. La serie está ordenada en función de una escala que mientras da cuenta de una posible reflexión sobre el habitar, sobre las tácticas que fecundan en los intersticios del capitalismo, colapsa otras precisiones, deniega diferencias. También es un ejercicio que revuelve la tensión inherente a lo que Sartori denominó la escalera de la generalidad: si se gana precisión analítica, se pierde capacidad sintética. La batalla por generar un concepto, de todos modos, cuando se trata de vidas humanas comienza a ser corroída por un humanismo instigante: el ojo no debería jugar como los espejos de una lente, parece decir.

Horacio Torres, Buenos Aires

Si vemos el mapa que alguna vez Horacio Torres concibió para Buenos Aires ["El mapa social de Buenos Aires (1940-1990)" tomado del artículo de Prévôt Shapira, en el que puede verse mejor] y nos concentramos en los crecimientos de las villas miserias, y, a la vez, lo ponemos en serie con el mapa de los asentamientos judíos, referidos en esta increíble entrevista a Eyal Weizman, de quien ya hemos hablado en otra ocasión, "vemos" esas dos dinámicas sincopadas: el avance sobre un territorio con cuñas como castillos, la expansión en fractales, el teselado de un territorio, pero de distinto signo: mientras las villas miserias pugnan por un centro, los asentamientos pugnan por corregir una frontera.

asentamiento

Si vemos los "castillos" de los colonos judíos con otra perspectiva, recuerdan las ciudades incaicas caricaturizadas…los indios están según el censo argentino del 2001, dispersos en las villas….el sentido de la invasión comienza a dibujar el espacio de la reflexión sin escalas: el ojo rápidamente se politiza y hace mitologías, psicopatea.

homenaje

Entré al salón y él estaba concentrado en el término ouroboros. Lo había invocado en referencia a algo, eso es seguro, pero no sabía a qué, ni podía saberlo puesto que, como dije, había entrado en mitad del desplazamiento, en la bisagra de la significación. Me detuve en sus gestos, que me recordaron en efecto la tapa del disco Vulture Culture de Alan Parsons Project: ambas manos trazando un círculo en el aire, que en su expresión final iniciaban un descenso hacia adentro hasta sugerir cerrazón o ahogo. Ouroboros.
Era, creo que por ese entonces, nuestro candidato a decano. Nadie quería dejar de entender al profesor que luego de graficar la serpiente que se come a sí misma, hablaba y gesticulaba. No importa si lo entendíamos en verdad porque nadie quería dejar de intentarlo: esa es quizás la distancia entre aquellos años y estos. Un pequeño corrimiento en la pulsión de los claustros, una glosa de un verso a medio decir.
Ayer alguien me contó que murió Nicolás Rosa. Hago como que no me importa.

peronismo histórico

Los enfrentamientos durante y luego del traslado del cuerpo de Juan Domingo Perón a la Quinta de San Vicente ponen al descubierto poco y nada. Algunos medios siempre están esperando determinados hechos para hacer saltar el archivo con el que trabajan, para hacer su propia narración histórica. Pero lo cierto es que el conflicto podía advertirse ya -y de hecho así lo hicieron algunos- en las tensiones entre los dirigentes para ver quiénes se quedaban con las manijas del cajón del general. Uno de los dirigentes con más visibilidad en esta coyuntura enunciaba lo que es una suerte de vigésimo primera verdad justicialista: si no hay enemigo enfrente, los peronistas nos peleamos entre nosotros. Tan cierto es el apotegma como la llamada al orden que les hubiera cabido a dirigentes que sugirieran tal cosa en tiempos del líder vivo. Pero aún si sufre condena por sus dichos, un dirigente que pronuncia una proposición que, de algún modo, alivia la pesada carga de la tesis sexta ("para un peronista de bien no hay nada mejor que otro peronista"), merece ser escuchado: y esto es lo que sucedió. Un clima de suma cero iluminó el amanecer de este 17 de octubre.
Otro reconocido dirigente peronista nos recordó lo que todos los peronistas cristianos recomiendan para los cuerpos de sus dirigentes muertos: nada de humedad, nada de tierra. Quieren que el general descanse en paz y más adelante lo acompañe Evita. Siempre habrá alguien que nos recuerde el proyecto cristiano que descansa en el corazón del movimiento. (El mismo dirigente que enunció la tesis 21 sonrió frente a la posibilidad de que Isabel Perón reclamara lo mismo.)

Ki Chul Bae
© Ki Chul Bae / Argra Buenos Aires, 1-7-1974.

El soldado que lloró frente a la cámara de Ki Chul Bae en 1974 iba sentado en el jeep que transportaba la cureña. Sólo que ya no es soldado aunque vista de fajina y Ki Chul Bae no estaba esta vez para fotografiarlo, cuando nuevamente lloró emocionado. La ocurrencia de Kirchner, según cuenta Clarín, que dio lugar a una pesquisa exitosa, no sólo halló a un hombre con deseos de participar en la peregrinación a la Quinta sino que nos revela cuán ligado está el propio Kirchner a los intentos de agradar a las audiencias más clásicas del peronismo: aquellas que consideran estas performances como rituales necesarios para consolidar ciertos espacios forjados en militancias silentes o estruendosas. La delicada situación en materia de seguridad que se inaugura por este desplazamiento del cuerpo del general hace posible nuevos mojones en la historia de los cuerpos de los líderes del partido peronista.
El episodio de la Quinta es parte de un momento histórico que vive el peronismo de las generaciones que tienen algo que recordar de la década del 70 (militancia, lealtad, trayectoria, etc: queda claro que no existe una sola memoria setentista). Se trata del agotamiento o resurgimiento de los proyectos de esas generaciones. Sus últimas fichas se van en esto. Puede que exista correlato entre las nuevas generaciones y aquellas. Ojalá, si existe, no se funde en lo que se deja entrever en este tipo de episodios. Pero lo que es seguro es que el peronismo de las 20 verdades deja abiertas muchas zonas de exasperación y falta de control de la incertidumbre. El mural de la Quinta lo sistematiza bien: un peronismo de perón, no evitista, que recoge a la evita renunciante, una evita al servicio de perón. Un peronismo que sabe el lugar que debe ocupar cada uno (la consigna grabada en uno de los muros de San Vicente -"mi único heredero es el pueblo"- insiste en la cuestión propietaria, un tanto obsesivamente), y que cuando le dicen lo que es, se jacta y se ríe porque se sabe poderoso, como mostraba Cafiero al reaccionar a las preguntas del maldito periodismo. Mientras la historiografía cada vez más revela cuánto de representativo y popular tuvo el primer peronismo, en muchos aspectos hasta ahora poco analizados, algunos grupos recalcitrantes pero legitmidados en el interior del peronismo insisten en considerar virtud todo aquello que desde fuera del movimiento se pronuncie como crítica.

Evita, agosto

mapas y mapas

El mapa y el mapa interactivo de Springfield (USA), ciudad de Los Simpsons, ya está en la Harvard Map Collection. Como el de Harvard existen otros reservorios de mapas digitalizados: la mapoteca de la biblioteca Perry-Castañeda; la colección de mapas del sitio Culture 4.0; y el catálogo muy recomendable de David Rumsey Map Collection. En el sitio Best of History Web Sites se pueden consultar otras referencias, así como también en el directorio de Yahoo. Recorriendo superficialmente las mapotecas podremos advertir que el mapa de Springfield con el que empieza este post es una idea excelente para hacer otros mapas.

springfield's map