blogs de historia

Dos cortitas hacia el fin de año. Ralph E. Luker de Cliopatria avisa en este post que actualizó el blogroll de historia. Inmenso y necesario. Hace un tiempo, cuestioné la decisión de Luker de colocar los blogs no-angloparlantes en una sección y clasificar al resto en secciones más idóneas. Luego de su consulta y de la intervención de de Pedro Ribeiro de Idolátrica, sólo puedo decir qué otra cosa puede hacer… y felicitar a Cliopatria por el emprendimiento.
La otra anotación tiene que ver con el proyecto que propondremos desde Tapera a los blogs de historia en idioma español y portugués. Este año, ni bien comenzamos a rodar iniciamos una encuesta para blogs de historia junto con William Turkel de Digital History Hacks. Los resultados, además de ocupar algunos posts, fueron volcados en un wiki para su lectura y uso. El próximo año creo que la propuesta de carnivals (festivales) de historia vendría muy bien para consolidar diversas relaciones entre los blogs: afiinidades, afecciones, infecciones, satisfacciones, facciones, etc. La propuesta no apunta a crear una gran comunidad, sino a la difusión y puesta en común de contenidos particulares que circulan en los blogs. Veremos.
Un buen año 2007 para todos.

diario del repositor

04.10
En los mapas está la clave. Entramos al cetáceo siempre por el mismo lado. Sentido antihorario, levógiro. Penetramos por derecha y salimos por las cajas. Las políticas comerciales se montan sobre ese capricho microespacial. Y al parecer, todo, para que tenga éxito, debe construirse así. Orientación mundial y genética, designio inmarcesible de las nuevas colectividades.

01.11
Claro, es la época de la animalidad. Una extraña cruza que no alcanza a definirse, borrosa y sutil, pende desde las pantallas. Los hombres y las mujeres buscan el vencimiento de los productos y abren los recipientes porque les han inyectado la idea del devenir y quién sabe que monstruosas formas imaginan en un sachet de leche o en el futuro de un conservante. Dominan saberes prohibidos, quimismos absolutos, y declaman, conspirativos, los arcanos como figuras de un nuevo horóscopo.

02.12
Los últimos instintos mueren en las góndolas. Cercados, agonizan en la mediación de los ingredientes. Los bebedores relevan las graduaciones como las amas de casa testean los exactos clicks de las registradoras. Si cada uno es un animal, los supermercados lo son también; grandes bocas, muchas. Su voracidad se mide en relación proporcional a la cantidad de bocas de cada uno de ellos. Hay quienes se encargan de hacerlo: babeantes y difusos, chequean los sonidos estomacales del cetáceo, observan como baqueanos las huellas de los carros y jadean esforzados mientras recorren las entrañas del animal diagramando sus tecnologías futuras. Los Amos. Acaso den lástima o pena, pero nadie olvide que lo que el animal devora lo vomita en cándidas, infinitas monedas relucientes.

15.01
La mercadería es lo de menos. Hay que establecer un sistema de información, una red que recoja los datos con un dispositivo de selección absolutamente preciso. La mayor parte del tiempo hay que trabajar sobre la mercadería ajena en base a la información conquistada: trabar una nueva promoción, arrancar carteles, quitar los precios, denunciar mercadería a un mes del vencimiento. El merchandising es un sistema mafioso que gobierna las ventas y las bonificaciones.

05.02
Por cada treinta compradores, confundiéndose con ellos, entra un supervisor: compran lugares, reparten premios, imparten suaves órdenes. Cambiaron el estanciero por este gran juego y, se les nota, lo juegan bien. El azar de los sorteos ha sido extirpado, declara uno de ellos a mi lado. En el sistema, la suerte es un vector desplazado; sólo la precisión del mandarín provee de felicidad a los hogares argentinos.

08.02
Los últimos, los agentes de las Grandes Marcas, trabajan con videos de alta velocidad, lentes ojo de pez y múltiple perspectiva. Realizan análisis de variables conjugadas y detectan las rutas clientelísticas en las calles del cetáceo. La información nos llega en clave y recortada. Han trazado una grilla sobre los mapas de los supermercados en la que los puntos de saturación son los puntos más preciados. Ayer he puesto un carro en C16 y un autoadhesivo en F12; y aunque los réditos de ese golpe táctico saldrán, irisdiscentes, por la terminal de cómputos al final del año, los Amos esperan que la escaramuza provoque un colapso en P3 y deprima G9, tan cotizados estos últimos meses.

18.02
Esa operación se la dedico a tu uniforme sexy. Ha sido un riesgo nena. Invirtieron tanto en esto que no podía fallar: nadie, excepto vos, me vio descolgar el afiche en S10, pero entre nosotros hay algo más que un pacto de trabajo.

03.03
He visto a la reina del Marketing mientras recorría alucinada las calles del supermercado. Conoce, dicen, la anatomía de todos los animales y puede recorrerlos mentalmente con la misma naturalidad con que entrega su cuerpo a los hombres de las Grandes Marcas. Dicen de ella, además, que basta un mínimo aumento de precios en, digamos, los escarbadientes, para que reordene el imperio cartográfico de su cerebro. Es una treintañera fusiforme y leve que, mientras rodeaba la puntera en la que trabajé esta tarde, dejó escapar un sibilante chasquido de su entrepierna; lycra.

09.04
Una breve conversación con el campeón de los repositores. Ocho lugares por día de promedio. Gano quinientos y soy insustituible: a nadie le interesa que me tome cinco minutos más de descanso, me dice. Mientras hablaba yo tenía la seguridad de que ya sabía dónde atacar. Horas más tarde, asoló en K15.

10.04
Serán cuatrocientos esta vez, pero uno de estos días tendré, también yo, una ficha redonda en la largada y podré lanzar el gran dado blanco.

10.05
Los Amos tienen frecuencia abierta con la policía; hay seis mil denuncias por yogures y otras doce mil por latas de picadillo. Los robos son excesivos y los sistemas de seguridad lábiles. Las cantidades asignadas al rubro no bastan para frenar el fenómeno y temen, desde sus panópticos, que vuelvan los años en los que abundaron sorpresas; pero sólo lo piensan para incentivarse.

Publicado en Suplemento Rosario/12 – 16/03/95.

cuuumbia

Aviso de baile
A eso de las diez de la noche ya había gente. Los planes para la salida del viernes tomaban forma el mismo viernes, cerca de las siete, cuando el organizador tiraba tres bombas de estruendo que se oían de una punta a la otra del pueblo. Si estabas cerca del club podías escuchar el ruido sordo que hacía el proyectil cuando abandonaba el mortero, adelantándote a la explosión que ganaba el aire tres segundos después. Si estabas a cuatro o cinco cuadras y veías la descarga grisácea de la bomba en el aire, podías adelantarte por menos de un segundo al ruido de bombo que el petardo producía. Se hacía nomás el baile. Eso decían los fuegos del aire.
A veces, cuando un horizonte de color violeta, grillado por refucilos, se desvanecía por el lado contrario del cielo, las viejas chismosas que sacaban sus sillas a la calle para matear al fresco decían como un conjuro: cortó la tormenta, cortó la tormenta. Alguna vez alguien incluso alcanzó a detallar el ritual: un cuchillo, tres puñados de sal gruesa, una cruz en el piso. El empresario llevaba unas patillas gigantes que lo hacían parecerse a un caudillo norteño y lo imaginé muchas veces trazando cruces en el aire, murmurando embrujos.
Cerca de las once el presentador anunciaba la primera entrada: el baile se componía de cuatro o cinco presentaciones de 40 o 50 minutos, en las que se alternaban dos o más orquestas. El locutor tenía una voz comprada y unas muletillas que todos imitábamos: y dice aaaaasí.
Si te asomabas a las ventanitas por las que te vendían entradas podías ver algunas mujeres sentadas, y calcular por el movimiento general de los hombres parados si ya era hora de entrar. Muchas camisas arremangadas, pantalones pinzados, mocasines. Calor; cigarrillos rubios en el bolsillo del pecho.

Mapa del baile
La generación tapón: nuestras mujeres fueron las últimas en ir al baile hasta los 15 años, generalmente acompañadas de una madre. Luego de cumplidos los 15, podían ir al boliche, a la confitería. Algunas familias retardaban esa autorización un poco más. Pero mientras eso sucedió en el baile podías leer la organización de las áreas de mesas y sillas y la espiral que se formaba en la pista de baile como si se tratara de un hecho sociológico, como si se tratara de un rúbrica que las clases sociales habían decidido grabar para parecerse a cusco o nazca.

Mapa del baile

Orquesta
Un color festejante, una coreografía sencilla, un agradecimiento. Conocí a un estudiante de medicina que lentamente fue ganado por la cumbia: cantaba como hobby y un día se vio haciendo cumbia sobre un escenario, con cientos de pendejas deseantes cerca de los parlantes. La cumbia espectáculo estaba al caer: los programas en televisión cambiaban, el baile cambiaba. Todo se soltaba un poco. Y él, el estudiante, surfeó todo lo que pudo acompañado por la mareta. Mucho tiempo después completó sus estudios y se especializó. Uno de los debates más insistentes en el tema de la novela popular fue ese que preguntaba sobre la condición social de los escritores, sobre la industria, sobre los profesionales. Ya se sabe que era un tanto insano. Con la cumbia pasaba lo mismo: había que cabalgar sobre las poéticas, no había mucho lugar para el simulacro. Se baila sí, pero no tanto.

Bailantes
El vendedor de papel higiénico, el cavador de pozos, el tornero, el de la cuadrilla desmalezadora, el camionero, el trillador, el truhán, el quinielero (como ese párrafo de fascinada incompresión del alemán: «Junto a roués arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia…»). La sociología del baile no explica nada. Todo consistía en cómo te parabas en la pista. Cómo le decías a la cumbia que estabas ahí, que habías llegado. Pero la cumbia, si la buscabas, te iba ganando el cuerpo y más tarde, mucho más tarde, el alma. Hablar el código de la cumbia (cómo hacían nos preguntábamos en aquel tiempo, como unos imbéciles, para levantarse los que bailaban cumbia) es iniciarse a una segunda lengua, menos logocéntrica, más corpórea. Las caderas; las rodillas del bailarín; las quebradas; una mano leve en la cintura; ese desinterés monacal en el rostro del bailarín; ese gesto de la bailarina, ajedrecístico, ensayado en mil domésticas.

…Y por eso la dejé/ y por eso la dejé/ la dejé solita bailando

Si la orquesta era buena (Los Palmeras, Don Trabuco, Aclamado Amistad) la pista se llenaba de parejas en poco tiempo. Uno o dos temas eran suficientes. Cabeceabas y de la mano entrabas a la pista. Entre el primer y el segundo tema el cantante agradecía: el acordeonista tecleaba tímidamente, acompañando. La gente seguía entrando. De acuerdo al dominio del baile, las parejas cuadraban en algunos de los círculos concéntricos de la pista: si pensaba sólo en arrastrar los pies para conversar, para sentirse nomás un poco, avanzaba hacia el centro denso de la pista; por el contrario, si buscaba bailar, si sabía hacerlo, la pareja se detenía en los bordes del cuadrado (una pista que alguna vez fue una cancha de básquet de extrañas medidas y una pista de patín); entre uno y otro destino, un continuum de dominación simbólica diría el pierre bourdieu (quien no deja a asombrar a los citadinos), un atado de deseos por el baile, los cuerpos, los amigos. Cuando arrancaba el segundo tema, con la lentitud con la que comienza a moverse un tren de carga -que pasaba a medianoche a cincuenta metros de la pista-, los bailantes iniciaban el remolineo.

Buffet
Siempre había una o dos motos a un costado del buffet. Grandes motos; los pibes se acercaban para mirarlas, para soñarlas como hacían con algunos autos estacionados en la avenida. Los sueños nunca fueron a la gatsby. Decíamos: qué bueno tener un auto así, una conservadora llena de cerveza y viajar por la ruta escuchando creedence. Lo local siempre cuela. La palabra conservadora en nuestros sueños nos ataba al pago, nos devolvía de la psicopatía.
En la barra vendían choripanes. El hombre que cortaba los chorizos y los ponía en el pan movía sus dedos rápidamente y cada tanto los refrescaba en un trapo. ¿Quién se comía un choripan a las dos de la mañana? Había hombres y había pocas mujeres que no bailaban. A algunos sólo les gustaba tomar algo, a otros sólo pelear. En ciertos ojos veías un fuego morir mientras crecía.

Amor
Durante mucho tiempo me estuve preguntando acerca de lo que sucedía en el centro de la pista. Hasta el día en que bailé. En aquel tiempo no me importaba no saber bailar: queríamos otra cosa para nosotros. Un viernes en la cumbia con Los Palmeras, un sábado en el boliche con los enanitos verdes o sheena easton. El mercado de mujeres era estacional. Las viejas, con sus lenguas bífidas y sus narrativas arbóreas, decían de algunas mujeres que si en enero iban al baile en octubre parían. Lo cierto es que la fiesta no se terminaba abruptamente, y una buena parte de su energía se derramaba por los alrededores: por la vía, por los baldíos, y llegaba hasta los dos hoteles del pueblo. Un demonio de maxwell muy inquieto.

Cumbia
Con ustedes Los Palmeras y esta cumbia bajtiniana que dice aaaasí.

cumbia

La cumbia villera no es toda la cumbia pero cada vez que surgen nuevas miradas sobre el ritmo se hace posible columbrar parte de un mundo que constantemente aparece estigmatizado, demonizado, delinquenciado. En el blog Itinerarte hay una referencia a esas nuevas miradas; como la del libro Cumbia de la cooperativa Sub (del que no he visto sino fragmentos, hasta comprarlo); como la de Cristina Civale, como la de Sebastián Hacher, aquí en este post.
Lamentablemente tampoco existen numerosas intervenciones que nos cuenten sobre la cumbia en el interior del país. Sin duda se trata de expresiones distintas a las que Washington Cucurto ha hecho estallar en muchos de sus libros. Pero a estas alturas un serie de cruces deben haber afianzado territorios comunes.
Ojalá que las impresiones que escribiré en un próximo post sobre la cumbia santafesina puedan escapar de esta tapera cada vez más ensimismada y ser recogidas en la letra de un tema de algún buen grupo cumbiero como Los Palmeras, Aclamado Amistad, Don Trabuco, Quitapenas…para que la baile el país.

Coop Sub

blogs académicos

Dos noticias breves pero consistentes. La primera para indicar este post en Educ.ar: una entrada sobre los blogs como herramienta docente. Una propuesta de autoaprendizaje a la que conviene sumarse y divulgar para que otros docentes pueden armar sus propios blogs.
La segunda es remitir a este post en Web 2.0 y educación, un blog colombiano, en el que se mencionan otros tres blogs ligados a la historia y a las ciencias sociales. La propuesta de consolidar al blog como trabajo final es un aún incierta pero tiene ya años de variadas experiencias y la creo fundamental, incluso en posgrados, en donde por poco los candidatos se pasan la vida cursando y haciendo breves monografías de temas y problemas sobre los que no volverán.

annales

No se trata de la escuela con ese nombre, sino de los balances o raccontos que se están haciendo en algunos blogs frente a los últimos días del 2006. En un espectro que va de los más preocupados por la digital history (este post de William Turkel en Digital History Hacks), pasando por las minas de palabras más buscadas del 2006 (aquí en ecuaderno), atravesando los 30 blogs recomendados por Ecuaderno, BlogPocket y La brújula verde, hasta llegar al de La Barbarie, en vena política.
Creo que hay que repetir que si una cosa ha sido buena este año -la figura legal de genocidio para los años de la dictadura militar argentina y el encarcelamiento de algunos de los culpables de desapariciones y torturas, como Miguel Etchecolatz-, otra ha sido muy mala: la posterior desaparición de Julio López. Como siempre lo hace el blog El mundo, nosotros lo asentamos también aquí: aparición con vida.