el tercer día

El historiador tulio halperin donghi, sin duda el más reconocido entre quienes se dedican a tal actividad en la argentina, publicó hace unos años un curioso ensayo denominado La larga agonía de la Argentina peronista. El autor volvía en él a un tema que siempre lo inquietó, o apesadumbró, y pretendía explicar –a través de una serie de hipótesis o intuiciones- el accidentado recorrido político-social del último medio siglo argentino. Sintetizando su argumento tal vez abusivamente, halperin entendía que la “revolución peronista” (revolución social) había dado origen a una sociedad que “aunque no tenía modo de perdurar, sencillamente se rehusaba a morir”, arrastrando su agonía hasta el “nudo resolutivo” donde finalmente terminaba: las crisis hiperinflacionarias de 1989. Así pues, esa peculiar sociedad habría pasado a mejor vida, enterrada –cruel ironía- por los propios peronistas. En su momento, el libro había sido ensalzado por un conjunto de intelectuales porteños –con la sorprendente excepción del prof. luis romero- porque la obra, según silvia sigal “marca un antes y un después en la manera de pensar y escribir sobre nuestra historia reciente; más, creo, debido a la felicidad con la que organiza lo que ya sabíamos que por cuanto hay allí que ignorábamos”. Bueno: como diría el padre castellani, “que gente que sabe cosas/la gente de este albardón/que gente que sabe cosas/pero cosas que no son”. ¿Qué es lo que halperin organiza felizmente? El supuesto no comprobado que la argentina “nacional-popular”, de industrialización substitutiva, de fortalecimiento del mercado interno, se habría “agotado”: la fuerza de las cosas empujaría hacia otro tipo de desarrollo social, al que alsogaray, con sus circenses definiciones, llamaba “economía social de mercado”. Pero lo que interesa destacar aquí es que este “modelo” económico no devino insensiblemente: sus bases fueron puestas a sangre y fuego por un régimen militar sostenido y apoyado por las clases y grupos sociales más retardatarios de la argentina “peronista”. Poco después, el capital más concentrado, enriquecido y ensoberbecido, articuló una inaudita alianza social con las pequeñas burguesías urbanas –fascinadas con el uno a uno y el déme dos– que dio forma y contenido al menem/delarruato. No es difícil advertir que este modelo sí estalló, por sí mismo, a finales de 2001. La presentación pública de un presidente sanluiseño declarando la moratoria unilateral de la deuda externa simbolizó el final de la “argentina liberal”. ¿Y que es lo que viene en su reemplazo? Debilitada, agobiada, casi exánime, mas aún sobreviviendo tenazmente, la “muerta” sociedad nacional-popular –“peronista”, halperin dixit- retorna al ruedo a batallar otra vez. Como lázaro. Como otro más famoso. Al tercer día.

la eventualidad del error

Nietzsche decía de la verdad que era la mentira más profunda. Canguilhem diría quizás -él, que está muy lejano y muy próximo de Nietzsche al mismo tiempo-, que ella es, en el enorme calendario de la vida, el error más reciente; o, más exactamente, diría que la separación entre lo verdadero y lo falso, al igual que el valor otorgado a la verdad, constituyen la manera más singular de vivir que haya podido inventar una vida que, desde el fondo de su origen, llevaba en sí misma la eventualidad del error.

Michel Foucault (leído en Roger Chartier, Escribir las prácticas)

imaginación y dinero

Quien haya leído las páginas de este libro que están antes que ésta, se habrá formado, sin duda, la idea de que soy un soñador. Se habrá engañado si se la formó. Para ser soñador me falta el dinero.
Las grandes melancolías, las tristezas llenas de tedio, no pueden existir sino en un ambiente de comodidad y sobrio lujo. Por eso, al Egeus de Poe, concentrado horas y horas en una absorción morbosa, lo hace un castillo antiguo, abolengo, donde, más allá de las puertas de la gran sala donde yace la vida, mayordomos invisibles administran la casa y la comida.
El gran sueño requiere ciertas circunstancias sociales. Un día que, embebecido por cierto movimiento rítmico triste de lo que había escrito, me acordé de Chateaubriand, no tardé en acordarme de que yo no era vizconde, ni siquiera bretón. Otra vez que creí sentir, en el sentido de lo que había dicho, una semejanza con Rousseau, no tardó, tampoco, en ocurrírseme que no [habiendo] tenido el privilegio de ser hidalgo y castellano, tampoco había tenido el de ser suizo y vagabundo.
Pero, en fin, también hay universo en la Calle de los Doradores. También concede Dios aquí que no falte el enigma de vivir. Y por eso, si son pobres, como el paisaje de carros y cajones, los sueños que consigo extraer de entre las ruedas y las tablas, aun así son para mí lo que tengo, lo que puedo ser.
En otro lugar, sin duda, es donde se producen los ocasos. Pero hasta desde este cuarto piso sobre la ciudad se puede pensar en el infinito. Un infinito con almacenes abajo, es cierto, pero con estrellas al final… Es lo que pienso, en este acabarse de la tarde, junto a la ventana alta, con la insatisfacción del burgués que no soy y con la tristeza del poeta que nunca podré ser.

Bernardo Soares, Libro del desasosiego

blogs de historia en el origen

No tan en tiempo y forma, traduje malamente una nota de Ralph Luker sobre blogs de historia, escrita hace tiempo (mayo del 2005 en la revista Perspectives de la AHA). Me parece que encaja perfectamente como un documento necesario aún si trata sobre los comienzos del blogueo de historiadores angloparlantes. ¿Quiénes son tan viejos y hablan español, entre los blogs de historia, para conversar sobre sus comienzos en clave artículo?

Were There Blog Enough and Time

En las puertas del siglo XXI, internet dio a luz a una nueva forma de comunicación, el weblog o “blog”. Un blog es un típico diario mantenido online, donde resulta accesible para otros lectores. Al comienzo de 1999, se sabía de la existencia de cerca de dos docenas de blogs. Era un mundo íntimo, en el que cualquier blogger podía saber de los otros. Pero durante ese año fue puesta a disposición la primera herramienta gratuita del tipo cree-su-propio-blog; y el número de bloggers aumentó a cientos.
Los blogs adoptan una variedad de formas, desde diarios personales escritos día a día a listas de ensayos ocasionales. Algunos surgen de esfuerzos individuales exclusivamente; otros son emprendimientos colectivos o grupos de blogs. Algunos están hechos de forma anónima o bajo seudónimos; en otros los autores utilizan sus propios nombres. Algunos habilitan comentarios de los lectores en respuesta de lo que éstos leen; otros no lo hacen. Los blogs hechos por académicos conforman sólo una pequeña parte del mundo de los blogs o blogósfera, que algunas estiman que incluye más de 5 millones de blogs, aunque el número cambia constantemente y nadie lo sabe a ciencia cierta debido a que la tasa de desgaste es también alta. Sin embargo, por ahora los blogs académicos incluyen algunos de intelectuales reconocidos de algo perfil, como el de Michael Berube de la Penn State University, y el de Richard Posner, de la Universidad de Chicago.
A mediados de noviembre de 1999, Kevin C. Murphy de 25 años fue probablemente el primer (futuro) historiador que comenzó un blog. Él era por entonces ayudante de James Carville, consejero político del Presidente Clinton, y actualmente es un graduado orientado a la historia política americana del siglo XX, en la Universidad de Columbia. Pese a su juventud, el temprano lanzamiento de su Ghost in the Machine le granjeó el honor de ser el patriarca de los historiadores bloggers.
En la historia de la blogósfera, noviembre de 1999 es historia antigua. En efecto, Timothy Burke de Swarthmore archiva todo lo anterior a diciembre de 2003 de su blog, Easily Distracted, como “blog antiguo”. Esto ni significa que los historiadores que escriben en un blog se hallen aplastados por cierto “presentismo”, sino que la forma misma es muy nueva y fluida.
Dos años atrás, cuando por primera vez escribí en un blog, los bloggers historiadores tenían una conciencia vaga de la existencia de los demás. Unos pocos de nosotros, como el historiador y periodista Eric Alterman y Josh Marshall tenían una audiencia considerable. Como nuestro número crecía y nosotros lentamente nos encontrábamos unos con otros, el seminario virtual de enseñanza y aprendizaje mutuos construyó un sentido de comunidad. En septiembre de 2004, el grupo de blogs denominado Cliopatria, de History News Network –blog al cual pertenezco-, creó una lista o “blogroll” de todos los blogs de historia conocidos.
Hasta el momento hemos encontrado cerca de 145 de ellos, incluyendo blogs en alemán, finés, francés y portugués. Puesto que 2003 es “historia antigua”, que el anonimato es posible y que el desgaste es algo fuerte entre los bloggers, entre los bloggers historiadores existen algunas legendarias figuras. La primera de todas es Invisible Adjunt. Esta instigante y joven historiadora, quien nos contó los modos en los que fue marginada como profesora adjunta, mantuvo divertidas conversaciones acerca de distintos temas entre febrero de 2003 y agosto de 2004. Con asombrosa rapidez se hizo de una gran audiencia entre los académicos, acaso especialmente entre las mujeres, pero también entre hombres que meditaban sobre sus carreras académicas o entre quienes ya tenían experiencia en el duro mercado de trabajo. Y un día de Agosto, triste para todos quienes admiramos su trabajo, Invisble Adjunct le dijo adiós al mercado de historia, colgó su teclado, y se preparó para entrar a la escuela de leyes. Los departamentos de historia perdieron la oportunidad de concertar una cita de rara calidad, pero nosotros anticipamos una segunda venida de IA en el encuentro de la AHA el próximo año, donde participará en un panel de discusión sobre blogs de historia.
Las historiadoras bloggers tal vez se inclinan más que los hombres a postear anónimamente o por medio de seudónimos. Mis colegas en Cliopatria, Hala Fattah y Sharon Howard son buenos ejemplos. Nacida en Bagdad, Fattah enseñó e investigó problemáticas vinculadas a los estudios sobre oriente próximo en los Estados Unidos, antes de retornar a Oriente Medio, más precisamente a Amman, desde donde postea con nosotros. Antes de unísernos, Fattah posteó sus preciosos ensayos en Askari Street, llamado así por la calle de Bagdad en la que creció.
Sharon Howard, una especialista en historia moderna británica, cursa actualmente un postdoc en la Universidad de Gales. Como muchos historiadores que bloguean, su trabajo en la red comenzó en un sitio web, en su caso Early Modern Resources, al cual asoció luego su propio blog, Early Modern Notes. Tanto el sitio web como el blog se caracterizan por su extraordinario ingenio y su generosidad al compartir su expertise.
Historiadores talentosos y con una amplia variedad de intereses están actualmente blogueando. Juan Cole, de la Universidad de Michigan, bloguea en Informed Comment sobre temas de Oriente Medio. David Beito, de la Universidad de Alabama, dirige el blog de un grupo libertario llamado Liberty & Power. El blog del historiador Jon Wiener, de la Universidad de California en Irvine, ilustra el cronograma de su programa de radio; y Deborah Lipstadt, de Emory, promueve su último libro en History on Trial. Como Sharon Howard, el premiado especialista en historia militar de la Universidad de Ohio, Mark Grimsley posee un blog en conjunción con su sitio web: War Historian.org. El título de su blog, Blog Them Out of the Stone Age, anuncia sus intenciones de transformar la historia militar tradicional. Grimsley reclama nuestra atención al yuxtaponer fotografías de Che Guevara y Robert E. Lee a la cabeza de su sitio y al sostener con posts fascinantes que imaginan la historia militar poscolonial, exploran la Guerra Civil contrafacualmente y discuten francamente la lucha profesional por el ascenso académico. Su forma de bloguear es además infecciosa, al igual que la de uno de sus estudiantes de grado, quien ha lanzado Classical Archaeologist.
La población es claramente joven en un mundo en el que un graduado de 30 años es viejo, una ingresante de Derecho que dejó el mercado de trabajo de historia es legendaria, y una estudiante de los últimos años hace arqueología clásica. Cuando me uní a ellos a veces me sentía por momentos viejo y romo. Pero entonces aprendí mucho de jóvenes maestros, a menudo graduados o en cursantes de postdocs: Manan Ahmed, un nativo de Pakistán y graduado de la Universidad de Chicago, quien bloguea bajo el nombre de Sepoy en Chapati Mystery, me enseñó acerca de la historia y las culturas del sur de Asia; Rob MacDougall, un canadiense de un postdoc en la Academia Americana de Artes y Ciencias de Cambridge, posteó en Roblog sus notables escritos sobre la historia de empresas e historia de la tecnología en América, y aprendí de ellos además de compartir su amor por los robots; aprendí de Caleb McDaniel, un joven texano en la Universidad John Hopkins que postea en Mode for Caleb, acerca del jazz y acerca del abolicionismo transatlántico –tema sobre el que escribió ensayos extraordinarios-.
Aprendí acerca de la vida de los estudiantes en Harvard y sobre religion y racismo durante el siglo XVII en la zona de Chesapeake Bay leyendo a Rebecca Goetz en (a)musings of a grad student; y Esther MacCallum-Stewart, posgraduada en la universidad inglesa de Sussex, que escribe en Break of Day in the Trenches, me enseñó acerca del impacto cultural que produjo la primera guerra mundial. MacCallum-Stewart, Paula Petrik de la Univeridad de George Mason, y Kelly Woestman de la Universidad del Estado de Pittsburgh –quien bloguea en Kelly in Kansas- son pioneras en el uso de blogs como una herramienta para la enseñanza de la historia.
Y por qué lo hacen, tal vez se pregunten. Mi colega en Cliopatria, Tim Burke (quien también postea sus reflexivos textos en su propio blog, Easily Distracted), recientemente ofreció cinco razones:

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Porque quiero introducir algunas ideas e influencias inesperadas en mi trabajo intelectual y académico. Quiero desestabilizar la demasiada domesticada y a menudo hermética forma de pensamiento que sobreviene con la especialización académica. Quiero introducir un mutational vector en mi labor intelectual.
Porque quiero un lugar para publicar pequeños escritos, escritos impares, escritos residuales, especulaciones perezosas, hipótesis a medio desarrollar. Quiero un lugar para publicar todas las cosas que pienso tienen un valor pero no el suficiente como para poseer legitimidad académica. Quiero una oportunidad para adentrarme en nuevas áreas de especialización, de reducido nivel de intensidad y formalidad.
Porque quiero encontrar las maneras de traducir mi trabajo académico en una conversación con un público más amplio. Muchos de mis escritos sobre Iraq, por ejemplo, son elaboraciones a partir de mis escritos más eruditos de mi actual investigación, son, verdaderamente, traducciones de mi compromiso académico con la historiografía sobre imperialismo.
Porque quiero pensar un modelo para mí mismo y para otros sobre cómo deberíamos comportarnos en una ideal esfera pública democrática. Quiero figurarme cómo debemos comportarnos responsable pero también generosamente; cómo sacar lo mejor de mi naturaleza comunicativa.
Porque soy un chismoso compulsivo.

Los cinco puntos de Burke deben divertir a sus colegas en Swarthmore como a los colegas virtuales del ciberespacio, porque suena muy bien el modelo que plantean acerca de “cómo debería ser nuestra conducta en una idealizada y democrática esfera pública”.
Pero los cinco puntos de Burke recupera preguntas que pueden escucharse acerca de bloguear: ¿es respetable? Tal vez no, pero como metodista, yo recuerdo la explicación de John Wesley acerca de por qué debía él salir a las minas y los campos de Inglaterra a predicar el evangelio: “He resuelto ser más pedestre” dijo. Como Wesley, los bloggers son ocasionalmente tildados de diletantes. Pero piensen cuando tiempo atrás eran jóvenes y descubrieron su apasionado interés por la historia. Piensen cuando su idealismo les decía que, si podían permitírselo, enseñaran cuanto pudieran aún si no recibían paga a cambio. No recibía paga cuando fundé Cliopatria, cuando el blog tuvo su primer lector proveniente de Nepal, pero el dinero no puede comprar esa emoción. Estoy aquí, sentado sobre un blog desde Atlanta, y en la otra punta del blog está mi estudiante, en algún lugar de las tierras de Nepal. Increíble.

—Ralph Luker es el fundador y blogmeister de Cliopatria.

Notas:

verdad número 8

Se trata, si de algo sirve la exageración, de una de las mejores verdades políticas de todos los tiempos.

En la acción política la escala de valores de todo Peronista es la siguiente: Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres.

Nuevamente encontramos en ella una referencia espacial. Esta escala de valores es una representación gráfica de un territorio (la patria), un alma (el movimiento) y los hombres (el cuerpo). Queda absolutamente claro en ese desplazamiento gráfico la visión materialista que anima a la sentencia.
En términos morales se trata de un criterio categórico de selección por la negativa (primero significa orden de preferencia en este caso), pero en términos filosóficos significa que el mundo físico es mandatario, que el movimiento es contigente y los hombres factibles. Naaaa que ver con la retórica mecanicista de la conciencia binaria que sobrevuela tuita la historia. La apuesta por la voluntad (peronismo o muerte, en donde es posible la futura inexistencia del movimiento) y la sensación de exponencialidad grabada en la consigna (hombres, masas, pueblo) asienta el vértigo que implica la reflexión sobre lo político. Lo político -y esto puede hacerse extensivo a las 20vv- debe ser nombrado, interpelado, a riesgo de su degradación, de su sublimación. Perón, Perón. Genovese en su exégesis yerra su único tiro porque al decir que se sigue en la expresión el ordenamiento anatómico (debe querer decir fisiológico), el cerebro manda, el meñique obedece… etc, no advierte la punción moderna del enunciado. Porque no se trata de una fisiología de la conducta sino de una dinámica: la salmodia peronista concentrada sobre la 8va verdad produce un ritmo cuadrúpedo, un ritmo animal (político), al que el antiperonismo apenas entrevió y bautizó como "aluvión zoológico". Pero allí donde veía proliferación de laboristas, allí estaba la marca de sólo un animal (pueblo, patria, perón, como se nombre): el impulso del caballo que rasga la testarudez de la pampa gringa.