blogs otra vez

Unos días después del texto de Horacio González, largamente tratado en algunos blogs, el suplemento Ñ de Clarín publicó un texto de Christian Ferrer intitulado: "Blogs o el espectáculo del yo".
Los textos de Ferrer que leí son iluminadores. Lo mismo puede decirse de los de González. Pero si por ese motivo se hace necesario poner algunas balizas en el camino de la interpretación de sus escritos, aún más anotado deberá estar el circuito una vez que se ponen en serie. Y es probable que esa serie crezca. Vale decir: tendremos que viajar más lentamente; evitar ultimaciones y admoniciones. Aún queda mucho por discutir.
¿Y eso qué significa? Quiere decir que muchos de los participantes de ese debate aún no han consolidado un intercambio de conocimientos pertinentes: González y Ferrer rápidamente evidencian poca información acerca del debate que quieren dar. Y quienes pretendemos intervenir tenemos mucho que aprender de ellos acerca de los modos de pensar problemáticas más amplias que el estrecho pasillo blogspot. (Una digresión acá: el pudibundo lamento sobre la maledicencia de los personajes anónimos, sobre la perfidia de los embozados, sobre los trolls, etc., sobre el matonismo, es una versión diezmada y cobarde del reclamo de autoridad y jerarquía. Frente a la queja que esconde un argumento acerca de quién-puede-decir-algo-sobre-alguna cosa no hay nada que decir más que informarle al llorón o llorona de marras que preferiríamos no considerarla.) Acerca entonces del conocimiento: comparemos una reseña del NYRB sobre blogs con estos dos elementos de la serie que recién comienza. Mientras Sarah Boxer revela un manejo de las herramientas que discute, González y Ferrer deciden evitar su mención (me gusta más, sin embargo, la zona de debate y la pericia de los locales). Y aquí está el giro que provoca ciertas respuestas airadas y por momentos exultantes: poner a los blogs en el conjunto de tecnologías de la modernidad para luego hablar de la modernidad parece un sacrificio que vela toda posibilidad de discutir posibles diferencias. Pero sucede que para discutirlas hay que conocerlas.
Entre tantas cosas accesorias que podríamos discutir del texto de Ferrer -en su texto se pasa rápidamente de las intenciones a los efectos o al revés- , una se distingue entre todas: no haber comprendido que el asunto de los blogs no es un tema que pueda tratarse en singular (para un tratamiento alrededor de un tópico acorde con el texto de Ferrer, en torno a un blog fuerte [Kottke.org], puede consultarse el artículo Michael Keren, "Blogging and the Politics of Melancholy"). La lectura de blogs no halla en el post su unidad (por eso no se puede comparar, como lo hace Ferrer, el número de ensayos al año de los escritores del papel con el sistema de los diarios o las estrategias de los blogs; aunque tres ensayos por año también es una producción envidiable). La unidad de medida de la lectura de blogs ni siquiera es un blog. Su unidad es una red, más o menos densa, más o menos estable, alrededor de uno o dos hubs, con muchos alveolos y retículas débiles o fuertes. Su circuito está trazado por links, comments, posts, asides, archivos, páginas estáticas, twitter, facebook, cosas como delicious, googleos -desde la barra o desde el sitio-, libros de papel, mp3, radio, TV, etc. etc. Muchas personas con más expertise en ese tipo de lecturas se han dedicado a discutir las posibilidades de esos ejercicios antes que a creer que esa modalidad supere a la lectura de libros. (Gracias a David Mckenzie sabemos decir que el libro tampoco es una unidad ni sólo resultado del autor del texto.) Pero además de no competir con libros, la lectura de blogs se teje con distintas agujas y la urdimbre no es libertaria (y no lo es no porque se parezca a los discursos de sobremesa: cualquier género puede parecerse a un discurso de sobremesa, en algún momento de su historia). Pero sí se trata de un tejido con más modos de disponer la información. Y eso hay que celebrarlo discutiéndolos, leyendo claro también sus tremendas asimetrías y brechas.
Finalmente, el blog no es un juguete nuevo, aunque lo sea para Ferrer o para Clarín. Me enteró mientras estoy escribiendo esto (tengo que saltar de un lado a otro buscando referencias con google y cada tanto le doy un click al tab del firefox en donde aparecen los feeds de los blogs que leo) que InterLink HeadLine News 2.0 cumple 13 años. Qué bueno.

Si existe el Universo mientras parpadeamos

Post cruzado desde La curiosa sociedad de los carnotistas

Fractales

Estas imágenes son partes o acercamientos de los modernos fractales. Se pergeña por computadora, mediante ecuaciones sencillísimas, donde el primer resultado del cálculo se usa para el siguiente y así sucesivamente, y de acuerdo a que convergan o no a un único resultado se le da un "color" o tono.
Si se acerca la "lente" – mejor dicho, si se concentra el cálculo en un rincón, haciendo más iteraciones en ese grupo de puntos – aparecen muchísimos detalles que, a cierto punto, asemejan el encuadre anterior. Si vuelve a fijarse una porción menor y se afina aún más el cálculo, de nuevo resurgen detalles que asemejan a la escala mayor. Así sin fin.
Cuando Mandelbrot vio este primer resultado en su laboratorio de la IBM describió sus impresiones diciendo mas o menos: No tuve la sensación de haber creado nada, de ser un inventor. Eso ya estaba ahí, y yo simplemente lo descubrí.
El sólo puso unas ecuaciones a iterar y salieron estas estructuras fantásticas – y en la historia de las Matemáticas eso pasó una y otra vez.
Por eso cuesta creer que no existen aunque nadie las piense.

Digital Humanities en el 2007 [parte 2]

Continuamos con la [desafortunada] traducción de los posts de Lisa Spiro de Digital Scholarship in the Humanities. Este es el segundo de tres.
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En mi post previo, subrayé algunos de los mayores desarrollos en las digital humanities [en adelante DDHH] durante el 2007, haciendo hincapié en la creación de organizaciones como Centernet y Digital Americanists, en revistas como Digital Humanities Quarterly, y programas de financiamiento como la iniciativa de NEH Digital Humanities. Ahora voy a ampliar el alcance para mirar de qué modo se practica y disemina la investigación: digitalización masiva, el futuro de la lectura, literatura académica y nociones de autoridad y expertise en la Web 2.0.

Debates acerca de digitalización masiva. ¿Qué efectos producirán los proyectos de digitalización masiva como el de Google Books en la investigación, sobre la propiedad intelectual, en las prácticas de lectura, etc.? ¿Tendrán esos proyectos la calidad necesaria para la investigación?

* Aparentemente Google ya digitalizó más de un millón de libros, pero algunos observadores han criticado la calidad de los trabajos. Por ejemplo, el artículo de Robert Towsend, "Google Books: Is it Good for History?", describe tres problemas: "1) la calidad de los escaneos es decididamente heterogénea; 2) la información acerca de los libros (los «metadata» en infojerga) es a menudo inadecuada; y 3) el dominio público es estrecha y erróneamente entendido, restringiendo lamentablemente el acceso a materiales que podrían estar disponibles libremente". Paul Duguid se hace eco de tales asuntos en "Inheritance and Loss: a Brief Survey of Google Books", usando errores de dos versiones de Tristram Shandy en Google Books, para ilustrar problemas en la calidad del escaneo y en los metadata. Sin embargo, tal como Dan Cohen argumenta en "Google Books: Champagne or Sour Grapes?", Google está operando con un defendible equilibrio entre rapidez, digitalización masiva y control de calidad; los temas de calidad pueden mejorarse con medidas tales como permitir a los lectores que marquen errores y realizar reescaneos selectivos. Asimismo, en su intercambio con Duguid, Patrick Leary sostiene que los proyectos de digitalización masiva implican equilibrios de esa naturaleza y que la escala, la accesibilidad y la searchability de Google Books trasciende tales problemas de calidad. En "Google's Moonshot", Jeffrey Toobin trata otro tema, al sugerir que el futuro de los esfuerzos por la digitalización masiva pueden verse perjudicados si Google es obligado a renegociar con los editores a raíz de las demandas por violación de copyright. Aunque yo también he encontrado errores en Google Books y comparto la preocupación de que Google deba dar marcha atrás por cuestiones de derechos de autor [fair use], estoy sorprendida por el espectro de materiales que encontré en ese emprendimiento. Coincido con Cohen en que el principal desafío será el desarrollo de herramientas que faciliten la búsqueda, el análisis y la manipulación de datos en Google Books.

* Aunque es importante estar al tanto de las limitaciones de Google Books, esto no debería alejarnos de las reflexiones acerca del impacto que esos y otros proyectos de digilitalización masiva tienen sobre la investigación. ¿Cómo deberán lidiar los investigadores con el problema de la abundancia de la información? ¿Cómo cambiará la investigación con la disposición de buscar a través de un amplio espectro de recursos? En "Future Reading", Anthony Grafton proporciona una perspectiva histórica a la emergencia de "ecologías de la información" y sostiene que la digitalización nos brindará no una "librería universal" sino "un patchwork de interfases y bases de datos, algunas disponibles para cualquiera que posea una computadora y WiFi, otras cerradas para aquellos que no posean cuenta o dinero". En verdad, no hay una única base de datos o interfase del conocimiento universal, pero ¿hasta qué punto podremos desarrollar herramientas y métodos para buscar a través de distintas base de datos y encontrar lo que necesitamos?

Especulaciones acerca del futuro de la lectura. Si la cultura migra de la imprenta a la pantalla, ¿qué pasa con la lectura?

*El reporte de NEA, "To Read or Not To Read: A Question of National Consequence", sostiene que el ocio de lectura declinó (aún si el tiempo utilizado en mirar TV se incrementó) y, no es sorprendente, relaciona ese declive con los escasos resultados en tests de lectura. De acuerdo con NEA "los lectores de literatura poseen estilos de vida más saludables que los no lectores": aprecian más el voluntariado, el voto, prestan más atención a los eventos culturales y practican deportes. En tanto me reconozco avezada voluntaria y devota ratona de biblioteca no deseo menospreciar la importancia de la lectura. De todos modos, tal como Matt Kirschenbaum argumenta en su inteligente ensayo "How Reading Is Being Reimagined", el reporte NEA simplifica qué entendemos por lectura al hacer foco sólo en el ocio de lectura, pasando por alto modos de lectura como la lectura a vuelo de pájaro o las lecturas "oblicuas", y minimiza la importancia de la lectura online, donde lectura y escritura se dan al unísono como los lectores que comentan en los blogs, las anotaciones y links compartidos, etc.
Aún si el reporte cita a Neil Postman y a Sven Birkets acerca del valor de la lectura, ignora a quienes sostienen la screen literacy como es el caso de Henry Jenkins y Elizabeth Daley. Me pregunto además cuáles habilidades del S. XXI ligadas a la literacy no están midiendo los tests. Allí donde el reporte NEA encuentra que la lectura declina, el informe de OCLC acerca de "Sharing, Privacy & Trust in Our Networked World" alcanza conclusiones opuestas, acaso porque la encuesta de OCLC considera tanto encuestados online como encuestados vía papel. De acuerdo con OCLC, "Los encuestados leen e indican que la cantidad de lecturas se incrementó. Las actividades digitales no reemplazaron a la lectura sino que, tal vez, incrementaron las opciones para expandir la comunicación y compartir contenidos". Para un análisis fascinante del informe NEA y su relación con el libro de Maryanne Wolf, Proust and the Squid, puede consultarse "Twilight of the Books" de Caleb Crain. Crain sugiere que la lectura de libros de imprenta puede devenir un arcano hobby y especula con que los procesos mentales cambiarán a medida que migremos de la imprenta a la pantalla. Algunas de las conclusiones de Crain son debatibles, como la que reclama una mejor aproximación crítica a las comparaciones entre promociones de la lectura [?], pero se trata de un estimulante ensayo sin lugar a dudas.

* El lanzamiento del Amazon Kindle, lector de ebooks inalámbrico, desencadenó muchas especulaciones acerca del futuro de la lectura, incluyendo una nota de tapa en Newsweek. Citando a Kevin Kelly, a Peter Brantley y a Bob Stein, el artículo considera que la autoría devendrá en un proceso colaborativo con los lectores, y los libros serán -más que recipientes cerrados- portales abiertos para coligar información. Voy a esperar para hacer comentarios acerca del Kindle hasta que me haga con uno (el Iphone está bien alto en mi lista de gadgets deseables)

Cambios en las comunicaciones científicas

De modo creciente, los investigadores esperan encontrar online lo que necesitan y así nuevos ámbitos de investigación y publicación están surgiendo. Con todo, las editoriales universitarias con sus ajustados presupuestos se enfrentan con dificultades para sostener tales ámbitos.

* En "University Publishing In A Digital Age", Ithaka reconoce la crisis editorial en el ámbito universitario y convoca a las editoriales a reinventarse moviendo contenido a internet, colaborando con bibliotecas, alineándose con lo mejor de las universidades y adoptando una plataforma tecnológica común para promover los contenidos digitales. El informe apunta que las virtudes de las editoriales universitarias -expertise en reviewing, edición, promoción de trabajos académicos y difusión de la investigación en áreas muy específicas -donde el interés de las editoriales comerciales no llega-. Pese a que sufren la falta de recursos, las editoriales universitarias son más bien tradicionales y además a menudo se desvían de sus objetivos académicos en aras de obtener mayores ingresos. Desde mi punto de vista, la parte más interesante del informe es la predicción de que los investigadores querrán trabajar en ámbitos de investigación y publicación digitales, los que "les cederán las herramientas y recursos para dirigir investigaciones, colaborar con pares, compartir documentos de trabajo, publicar actas de congresos, manipular datasets, etc.". Algunas revistas como Digital Humanities ya están trtando de poner en práctica esta visión permitiendo comentarios, integrando herramientas de búsqueda y análisis, y poniendo a disposición borradores de los textos. Pero si esa idea alguna vez se realizará queda todavía mucho por hacer para ello. ¿En qué medida las revistas y otras instituciones apoyarán a los autores que trabajen con contenidos multimediáticos? ¿Podrán estos ambientes de investigación y publicación ser organizados en niveles como el de la disciplina, el universitario o el editorial? (Paul Di Maggio escribió un apremiante post acerca de por qué la universidad no es la mejor organización para planificar nuevas aproximaciones a las comunicaciones académicas.) ¿Cómo será preservado todo el dinamismo de los contenidos digitales? ¿Cómo manejaremos su perfeccionamiento?

* El informe Ithaka dio pié a un fascinante simposio online acerca de las comunicaciones académicas en el que se destacaron pensadores como Stan Katz, Paul DiMaggio, Ed Felten, Laura Brown y Peter Suber.
Ed Felten sostuvo que con la informática un "nuevo sistema" de comunicaciones académicas está surgiendo, en el cual un autor sube un paper, la comunidad lo comenta y luego el texto es enviado a una revista para su referato formal. Stan Katz señaló que las humanidades aún están circunscriptas a las "tradiciones del individualismo, la propiedad privada y el secreto". Pese a que considero que nuestras ideas sólo mejorarán y tendrán mayor impacto si nosotros las ponemos a disposición de debate público, confieso que yo también temo que si auto-publico algo online, eso lo hará menos publicable por una editorial del mainstream -aún si este asunto se alivia algo cuando busco SHERPA PROMEO y encuentro que revistas como American Literature, Critical Inquiry y New Literary History permiten self-archiving [ver referencia en wikipedia]. ¿Qué habrá que hacer para cambiar la cultura de las humanidades? ¿Serán necesarios más casos exitosos de investigadores que aceptaron un rol público más importante?, ¿un compromiso de los comités de evaluación? ¿Declaraciones y objetivos claros de las editoriales líderes para presentar borradores online? Espero que el MLA's report on tenure and promotion, previsto para fines del 2006 [2007?] mejore las perspectivas de legitimidad de la investigación digital.

* El movimiento open access se anotó una victoria hacia el final del año, cuando el presidente Bush aprobó un decreto por el cual el presupuesto del NIH depende de que el organismo exija que todos los artículos de revistas resultado de investigaciones estén disponibles como open access a través de PubMedCentral.

Debates sobre expertise y autoridad en la web 2.0

A raíz de las controversias acerca de la confiabilidad de Wikipedia y otros recursos 2.0, los comentaristas culturales están discutiendo qué constituye el expertise y la autoridad.

* Andrew Keen azuzó el debate con "The Cult of the Amateur: How Today’s Internet is Killing Our Culture", texto en el que condena el "amateurismo" de la web 2.0, el cual está reemplazando a los críticos "profesionales" por "monos" golpeando sus posts narcisistas y subiendo videos estúpidos a Youtube. En su respuesta, David Weinberger aseveró que la Web ha facilitado los procesos colaborativos en la construcción del conocimiento. Además señaló que la mayoría de los especialistas culturales son motivados por el lucro más que por la calidad, y argumentó que los amateurs desafían la ortodoxia y recaban información que a los expertos les resulta difícil obtener. Asimismo, Emily Bell sostuvo que internet facilita que trabajos originales y de alta calidad sean conocidos y que la gente puede discernir la autoridad ejercitando el juicio crítico sobre contenidos online, examinando comentarios en blogs y usando herramientas como el índice de autoridad de Technorati. El ataque de Keen al amateurismo deja de lado la historia de las valiosas contribuciones que los amateurs han hecho a las ciencias. Aunque pienso que Keen está totalmente equivocado, el debate recupera algunas cuestiones importantes: ¿Cómo evaluamos la calidad de la información?, ¿Cómo pueden los investigadores operar con las tecnologías de la Web 2.0 para conducir y dar a conocer la investigación? Dado que el tema de la convención de la MLA de este año era "The Humanities at Work in the World", ¿Qué podríamos ganar (o perder) relacionando a los académicos y a los amateurs a través de la web?
* ¿Hasta qué punto es confiable el enfoque colaborativo -Wikipedia es su epítome- para producir y difundir conocimiento? Tal como muestra el artículo de Virgill Griffith, Wikiscanner, algunas corporaciones y lobbies han perpretado flagrantes ediciones a distintas entradas de Wikipedia para promover sus propios objetivos. Los desarrolladores están creando herramientas, tales como WikiDashboard y WikiTrust, que revelan cuán confiable resulta una entrada, ponderando por ejemplo la "reputación" de un colaborador. Jonathan Dee muestra en "All the News That’s Fit to Print Out" que los administradores de Wikipedia borran rápidamente los contenidos "sesgados" porque persiguen un "punto de vista neutral" -pero no queda claro de qué modo esa objetividad se corresponde con la verdad o la comprensión.
Algunos proyectos -Scholarpedia y más recientemente, Knol de Google- tratan de mejorar el modelo de Wikipedia contando con entradas escritas por especialistas -prefiriendo asociar entradas con nombres de autor antes que con autores y editores anónimos-, y utilizando referatos. Pese a que Wikipedia puede poner en duda las prácticas académicas permitiendo que cualquiera realice una contribución anónimamente, es también un modelo de producción colaborativa del conocimiento y de openess, e instala importantes interrogantes acerca de la transparencia y la autoridad. Me pregunto si la comunidad académica puede adaptar sus herramientas y métodos para evaluar la confiabilidad de Wikipedia y otros proyectos similares.

*En el excelente ensayo de Michael Jensen, "The New Metrics of Scholarly Authority" el autor discute la abundancia de información y las tecnologías de la web den lugar a nuevas formas de medir la autoridad. Entre los indicadores de lo que él llama "Autoridad 3.0″ están: el prestigio del editor, los referatos, y los comentadores; el número de links y referencias del artículo; número y calidad de los comentarios; la reputación del autor; los tags y otros. De acuerdo con Jensen, para tener éxito en el mundo de la Autoridad 3.0 se requiere la "disponibilidad digital" del artículo para ser indexado, etiquetado, comentado, etc. Como él mismo dice, para estar seguro de que el trabajo es visible, un investigador puede "[a]lentar a sus amigos y colegas a linkear su documento online. Alentar el toma y daca con lectores interesados. Alentar el libre acceso a muchos o a todos sus trabajos académicos. Grabar y digitalizar todas sus actividades académicas. Referir otros trabajos vía links, citas y otros tipos de reconocimiento online. Aprovechar repositorios institucionales así como también la producción de las editoriales open access". Muchos de estos consejos se parecen a los que se hacen a un blogger que recién se inicia: para impactar haga sus asuntos de libre acceso y participe comunitariamente.

El próximo será el tercer y último post: realidad virtual, la base de datos como género, social networking, DDHH "verdes" (?), y las estadísticas de las menciones en delicious y referencias en blogs de los artículos y sitios web mencionados en esta serie de posts.

Jared Diamond: el factor 32

post cruzado desde Grand Tour

Una buena manera de empezar el año, para seguir con los propósitos de enmmienda, es este texto del magnífico geógrafo Jared Diamond, "What’s Your Consumption Factor?", aparecido en el New York Times, el 2 de enero de 2008.

Para los matemáticos, el 32 es un número interesante: es 2 elevado a la quinta potencia, es decir, 2 por 2 por 2 por 2 por 2. Para los economistas, el 32 es aún más especial, porque mide la diferencia de nivel de vida entre el primer mundo y los países en desarrollo. Los promedios de consumo de recursos como el petróleo y los metales, así como los índices de desechos generados como los plásticos y los gases de efecto invernadero, son 32 veces más altos en Norteamérica, Europa occidental, Japón y Australia de lo que lo son en el mundo en desarrollo. Ese factor 32 tiene consecuencias importantes.

Jared Diamond

Para entenderlas, consideremos nuestras preocupaciones con respecto a la población mundial. Hoy en día hay más de seis billones y medio de personas, y ese número puede ascender a nueve billones en medio siglo. Hace varias décadas, eran muchos los que consideraban que el aumento de la población constituía el principal desafío que la humanidad tenía ante sí. Ahora nos hemos dado cuenta que eso sólo importa si lo ponemos en relación con lo que la gente consume y produce. Si la mayor parte de las personas del mundo, esos 6.5 billones, estuvieran en hibernación y no metabolizaran ni consumieran, no habría problemas de recursos. Lo qué realmente importa es el consumo total del mundo, la suma de todos los consumos locales, cuyo cómputo es el resultado de multiplicar las poblaciones locales por el promedio del consumo local per capita.
El aproximadamente billón de personas que vive en países desarrollados tiene un índice de consumo per capita de 32. La mayor parte de los otros 5.5 billones de personas del mundo en desarrollo tiene niveles de consumo per capita por debajo de 32, de hecho se acerca a 1.
La población, especialmente en el mundo en desarrollo, continúa creciendo, y hay gente que sigue centrando su preocupación en eso. Lo que observan es que las poblaciones de países como Kenia están creciendo muy rápido, y dicen que se trata de un grave problema. Desde luego, es un problema para los más de 30 millones de habitantes de Kenia, pero no es una carga para el mundo en general, porque los keniatas consumen poco. (Su índice relativo per capita es 1). El problema real para el mundo es que cada uno de los 300 millones de norteamericanos consume tanto como 32 keniatas. Con diez veces su población, los Estados Unidos consumen 320 veces más recursos que Kenia.
La gente del Tercer mundo es consciente de esta diferencia en consumo per capita, aunque la mayoría no podría especificar que ese factor es de 32. A medida que crece su desesperanza, se sienten frustrados e indignados, y algunos se convierten en terroristas, o bien los toleran o los apoyan. Desde el 11-S de 2001, se ha puesto de manifiesto que los océanos que antes protegían a los Estados Unidos ya no sirven. Habrá más atentados terroristas contra nosotros y contra Europa, y quizás contra Japón y Australia, mientras persista esa diferencia de 32 en índices de consumo.
La gente que consume poco quiere disfrutar del estilo de vida propio de quienes consumen mucho. Los gobiernos de los países en vías de desarrollo hacen del aumento de los estándares de vida un objetivo fundamental de su política nacional. Y decenas de millones de personas en el mundo en desarrollo buscan el estilo de vida del primer mundo por sí mismos, emigrando, especialmente a los Estados Unidos, Europa occidental, Japón y Australia. Cada transferencia de una persona a un país de alto consumo hace que crezcan las tasas de consumo del mundo, aunque la mayoría de los inmigrantes no consiguen multiplicar su consumo por 32 de forma inmediata.
Entre los países en vías de desarrollo que están intentando aumentar el nivel de consumo per capita dentro del propio país, China ocupa un lugar destacado. Tiene la economía con el crecimiento más rápido del mundo, y hay 1.3 billones de chinos, cuatro veces la población de los Estados Unidos. El mundo ya está agotando los recursos disponibles, y lo hará aún más pronto si China alcanza los promedios de consumo norteamericanos. Ahora mismo, China está compitiendo con nosotros para conseguir petróleo y metales en los mercados mundiales.
Los índices de consumo per capita en China siguen siendo cerca de 11 veces menores que los nuestros, pero supongamos que se acercaran a ellos. También podríamos imaginar que no hubiera ningún otro aumento de consumo en el mundo – es decir, que ningún otro país aumentara su consumo, que todas las poblaciones nacionales (China incluida) permanecieran sin cambios y que cesara la inmigración. Pero sólo con que eso sucediera en la China veríamos que aproximadamente se doblarían los índices de consumo del mundo. El consumo de petróleo, por ejemplo, aumentaría un 106 por ciento y el de los metales un 94 por ciento. Si la India consiguiera también lo que la China, las tasas de consumo del mundo se triplicarían. Si todo el mundo en desarrollo lo consiguiera repentinamente, esos índices se elevarían once veces más. Sería como si la población del mundo se hinchara hasta alcanzar los 72 billones de personas (con los actuales niveles de consumo).
Algunos optimistas señalan que podríamos soportar un mundo con nueve billones de personas. Pero no he encontrado ninguna persona lo bastante loca como para defender que pudiéramos sostener 72 billones. Con todo, a menudo prometemos a países en vías de desarrollo que con sólo adoptar las políticas adecuadas – por ejemplo, instituir un gobierno honesto y una economía de mercado -, también podrán disfrutar de una forma de vida semejante a la del primer mundo. Esta promesa es imposible, una broma cruel: incluso ahora estamos teniendo dificultades para soportar la forma de vida del primer mundo, cuando solamente se trata de un billón de personas.

Mall of America

Los americanos podemos pensar en el crecimiento del consumo de China como un problema. Pero los chinos sólo están alcanzando el nivel de consumo que nosotros ya tenemos. Decirles que no lo intenten sería vano.La única propuesta que China y otros países en vías de desarrollo aceptarán es que vayamos hacia unas tasas de consumo y unos estándares de vida más iguales en todo el mundo. Pero el mundo no tiene bastantes recursos disponibles para que los índices de consumo de China sean como los nuestros, aún menos para que lo haga el resto del mundo. ¿Significa eso que vamos de cabeza al desastre?
No, podríamos conseguir un horizonte estable en el cual todos los países convergieran en niveles de consumo considerablemente por debajo de los más altos actuales. Los americanos podrían oponerse: de ninguna manera sacrificaríamos nuestros estándares de vida en beneficio del resto del mundo. Sin embargo, estemos o no dispuestos a ello, pronto tendremos tasas más bajas de la consumo, porque las actuales son insostenibles.
Sin embargo, no necesitaríamos hacer un gran sacrificio, porque los estándares de vida no se acoplan fielmente a las tasas de consumo. Buena parte del consumo americano es derrochador y contribuye poco o nada a la calidad de vida. Por ejemplo, el consumo de petróleo per capita en Europa occidental se sitúa sobre la mitad del nuestro, cuando el nivel de vida de Europa occidental es más alto desde cualquier punto de vista razonable, incluyendo la esperanza de vida, la salud, la mortalidad infantil, el acceso a la asistencia médica, las pensiones, los períodos de vacaciones, la calidad de las escuelas públicas y las subvenciones a las artes.
Preguntémonos si el uso derrochador que los americanos hacen de la gasolina contribuye positivamente a mejorar cualesquiera de esos índices. Hay otros aspectos de nuestro consumo que también son derrochadores. La mayor parte de las industrias pesqueras del mundo todavía funcionan de forma no sostenible, y muchas se han derrumbado o han disminuido sus rendimientos -incluso aunque sabemos cómo gestionarlas para preservar el medio ambiente y las pesquerías. Si todas las industrias pesqueras fueran sostenibles, podríamos extraer peces de los océanos consiguiendo que los índices de capturas estuvieran en sus cotas históricas máximas y continuar así indefinidamente.
Lo mismo ocurre con los bosques: ya sabemos cómo manejarlos de forma sostenible, y si lo hiciéramos así en todo el mundo podríamos extraer bastantes troncos para cubrir las necesidades de madera y del papel del mundo. Con todo, la mayoría de los bosques se gestionan de forma no sostenible, con los consiguientes descensos en la producción. Por tanto, al igual que es cierto que podemos mantener nuestro nivel de vida consumiendo menos de lo que ahora lo hacemos, también es cierto que llegará el día en que los índices de consumo per capita en muchos países en vías de desarrollo serán casi iguales a los nuestros. Son tendencias deseables, no perspectivas horribles.
De hecho, ya sabemos cómo mejorar las tendencias; lo que ha faltado principalmente ha sido voluntad política. Afortunadamente, el año pasado hubo algunos signos alentadores. Australia celebró unas elecciones en las que una gran mayoría de votantes le dieron la espalda a la política que su gobierno había seguido durante una década; el nuevo gobierno apoyó de inmediato el protocolo de Kyoto sobre el recorte emisiones de gases de efecto invernadero.
También el año pasado, la preocupación por el cambio climático aumentó considerablemente en los Estados Unidos. Incluso en China se están produciendo vivos debates sobre la política medioambiental, y las protestas públicas detuvieron recientemente la construcción de una inmensa fábrica de productos químicos cerca del centro de Xiamen. Por tanto, soy cautelosamente optimista. El mundo tiene problemas serios de consumo, pero podemos solucionarlos si elegimos hacerlo.