No sólo se miden cráneos y se pesan cerebros. Los debates sobre los métodos de medición de impacto de la literatura científica son interminables y algo de ello habíamos revisado cuando hablamos de la revista Nature -a la que recientemente se le indicó aumentar los controles de evaluación- y de la propuesta de utilizar el algoritmo de Google para ponderar los textos científicos. Sin duda el famoso ISI es uno de los más cuestionados (se sabe que no existe concentración nacional de la literatura científica, pero sí que existe concentración a nivel de editores gigantes como Routledge o Taylor & Francis), pero puede ser considerado como una base de datos (otras pueden ser Google Scholar o Spires) para aplicar un algoritmo. Esta es una las ventajas de fórmulas como la propuesta por Jorge Hirsch, el h-index. La entrada de la wikipedia en inglés es un buen modo de acercarnos. Pero si pretenden insistir entonces por el camino de los duros llegarán más lejos: aquí, acá, acullá. Se puede consultar el texto del propio Hirsch. Y si alguien insiste en medirse, que se mida con los buenos: corra el programita de Harzing.com, el Harzing's Publish and Perish, y pruebe vencer a los grandes. Como queda claro en la entrada de Wikipedia, el problema de ponderar de ese modo es que ataca la singularidad (Einstein y Galois quedan a la zaga).

La ciencia es lenta parecen decir estos métodos. El problema del reproductivismo es que no puede leer las trayectorias y los sismos gnoseológicos en esas trayectorias. (Además de no poder tratar con el business en su propia casa: Mariano Grondona está mejor parado con el software harzing que algunos muy buenos cientistas que conozco, gracias a sus estrategias en el mercado editorial). El ejemplo más claro que encuentro para remarcar el cuestionamiento al reproductivismo es el caso de Helena Curtis, la del Invitación a la Biología, manual que educó a los estudiantes de conocimiento variopinto en muchísimas universidades de todo el mundo: en el programita ella casi ni aparece. Por lo demás, se sabe, la Curtis no era bióloga.