en los iniciales estudios académicos sobre el, como ahora se denomina, primer peronismo, predominaba la idea de la división de la clase obrera. En esta mirada, la “nueva” clase obrera estaba formada por migrantes del interior del país, recién llegados al ámbito urbano (por mejor decir, al ámbito urbano de la ciudad de buenos aires y sus alrededores), y que carecían de experiencia sindical o política; hasta entonces, estos grupos sociales habían estado acostumbrados a un tipo tradicional de dominación –generalmente denominada caudillismo o clientelismo-. Esta nueva clase obrera se había formado en virtud de la rápida industrialización argentina, en los años treinta; o en otros términos, en un rápido proceso de “transición” entre la sociedad agraria, tradicional, y la moderna, industrial. En ese proceso, las clases populares rurales habían entrado en un proceso de “movilización” social que les llevaba del campo a la ciudad; y una vez aquí, constituian “masas disponibles” para diversas alternativas políticas que pudieran existir entre los grupos de elite. La “vieja” clase obrera, por el contrario, se formaba con residentes de antigua data en la ciudad, migrantes extranjeros o hijos de migrantes, perfectamente adaptados al ámbito urbano, y con una ya larga historia de asociación tanto sindical como política. En esta interpretación, como seguramente ya se advirtió, la base social del peronismo estaba conformada por esa nueva clase obrera. Aunque esta línea de análisis no se dedicó mayormente a investigar el mundo sindical, se suponía que los sindicatos establecidos habrían rechazado su integración a un movimiento de las características del peronista; en todo caso, eran nuevos sindicatos, formados al calor –es decir, con apoyo- oficial, a veces en forma paralela a veces “copando” las antiguas organizaciones los que se habían incorporado al movimiento.
tiempo después, hacia finales de los años sesenta, se presentó otra línea explicativa, que se tornó dominante hasta hoy. En esta, se partía de suponer que la acelerada industrialización argentina de los años treinta y principios de los cuarenta se había basado, o tenía como característica principal, la ausencia de distribución del ingreso. De este modo, los trabajadores, nuevos o viejos, antiguos residentes urbanos o migrantes recientes, habían sufrido un proceso de explotación capitalista que los había unificado como clase obrera. Se avanzaba en la demostración al indicar que habían sido los dirigentes sindicales de las organizaciones más antiguas, asentadas y poderosas las que vieron “con buenos ojos” la propuesta política lanzada desde la secretaría de trabajo y previsión, el “centro de operaciones” del coronel perón. Luego, se profundizó considerablemente en esta visión, mostrándose las transformaciones organizativas e ideológicas dentro del mundo sindical en los años treinta y, acaso principalmente, al estudiarse la autónoma decisión de la “vieja guardia sindical” de formar un partido político (el laborista) con el cual conducir a perón a la presidencia del país.
hace relativamente poco tiempo, torcuato di tella –uno de los abanderados de la primera de las interpretaciones indicadas aquí- publicó un libro donde vuelve sobre el tema, y vuelve a reafirmar la antigua interpretación (a la cual, en el ámbito académico, se la suele llamar “ortodoxa”). Pero lo interesante es la forma en la cual lo hace. El autor se pasó un considerable tiempo -20 años, según dice- recopilando datos y más datos de dirigentes sindicales, de primera, segunda y tercera línea, que habían actuado en los años treinta y cuarenta en un amplio conjunto de organizaciones sindicales. De esa –como se imaginará- enorme cantidad de nombres, di tella encuentra muy pocos entre los dirigentes sindicales peronistas. Dicho de otra forma: los dirigentes sindicales peronistas eran “nuevos”, porque la inmensa mayoría de los “viejos” resistió acerbamente integrarse al peronismo, y de hecho no lo hizo.
el libro no tuvo mayor repercusión; hasta ahora, que yo sepa, no se ha vuelto a abrir el debate sobre si los viejos o los nuevos, obreros y sindicalistas, formaron la base socio-política del peronismo. Pero me parece que los datos aportados por di tella –no necesariamente la interpretación que de los mismos hace el autor- colocan a la probable re-discusión del asunto en un plano superior y, por lo mismo, la tornan indispensable. Veremos si el guante es recogido.