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¿Cómo afectan los cinco sentidos a nuestras experiencias y cómo han informado el curso de la historia? MarK M. Smith, historiador de University of South Carolina at Columbia, explora esas preguntas en su nuevo libro: Sensing the Past: Seeing, Hearing, Smelling, Tasting, and Touching in History (University of California Press/Berg Publishers, 2008). Nada menos que una descripción de la historia de los sentidos desde la antigüedad hasta presente, el último trabajo de Smith pretende profundizar en nuestra comprensión de la historia social y cultural fijando la atención en el sentir.
Sensing the past
Veamos una entrevista aparecida en el Chronicle of Higher Education.
Ante todo, ¿qué es la historia sensorial?
La historia sensorial aborda no sólo la historia de los sentidos sino también su construcción social y cultural, así como su papel al dar textura al pasado. Se ocupa de la manera en la que la gente piensa sobre los sentidos, el proceso cognoscitivo de sus percepciones sensitivas, pero tomando seriamente el contexto social y cultural de esas experiencias. La historia sensorial se esfuerza por enmarcar todo eso de la forma más amplia posible. Enfatiza el papel de los sentidos – incluyendo la vista y la visión – al formar las experiencias de la gente en el pasado y demuestra cómo las personas entendían sus mundos y por qué.
Enseñas en Carolina del Sur y buena parte de tu trabajo se ha centrado en la historia sureña de preguerra. ¿Es la historia sensorial particularmente relevante para esos tiempo y lugar? ¿Tu interés se acrecentó yendo más allá de esa época?
Mi interés particular, la esclavitud meridional de preguerra, va más allá de la historia de la raza, de la clase y de la economía política. De hecho, mi primer libro versaba sobre la historia de la conciencia del tiempo en el sur de preguerra (Mastered by the Clock: Time, Slavery, and Freedom in the American South, University of North Carolina Press, 1997). Mientras investigaba para el libro, pude apreciar no sólo la importancia que tenían los diversos tipos de relojes en la formación de la conciencia del tiempo en aquella zona, sino también el papel fundamental que jugó el sonido del tiempo en las plantaciones del sur.
Desde entonces, me hice mucho más sensible no sólo a la evidencia que indicaba cómo la gente vio el mundo, sino a la importancia de lo oído, lo olido, lo probado y lo tocado en la elaboración de toda clase de relaciones sociales en el sur. En cierto modo, dudo que me hubiera interesado por o estudiado la historia sensorial sino hubiera sido historiador de la esclavitud y del viejo sur en la Universidad de Carolina del Sur.
¿Cuál ha sido tu experiencia al estudiar la historia sensorial? ¿Encontraste referentes?
La historia sensorial – incluso aunque no siempre se la llamara así– tiene realmente una amplia y distinguida genealogía, una que me fue especialmente provechosa cuando comencé a indagar sobre este objeto. El trabajo de los primeros historiadores de la escuela de los Annales era muy práctico, y entre los recientes citaría a Alain Corbin, cuya investigación resulta imprescindible. Puede ser que también se observe la influencia de ciertos antropólogos con preocupaciones históricas, tanto en el desarrollo de este campo cuanto en mi trabajo. Por ejemplo, David Howes, de la Universidad de Concordia [en Montreal], era y continúa siendo un inmenso apoyo, así que los historiadores harían bien en leer su trabajo.
Algunos sentidos – pienso en el olor y el gusto y quizás en el tacto – parece que pueden presentar dificultades a la hora de estudiarlos. ¿Piensas que tales obstáculos son la probable razón de que hayan sido pasados por alto en buena medida en la investigación histórica, o piensas que es más debido a un fuerte prejuicio visual?
Pienso que esas dificultades son en gran parte un error, y la evidencia está en la creciente literatura. Como demuestro en Sensing the Past, tenemos, por ejemplo, un trabajo excelente sobre la historia del olor y del olfato desde la antigüedad hasta presente, y hay una creciente literatura histórica sobre el gusto y el tacto. La evidencia histórica de todos los sentidos está ahí – seguramente no siempre, pero está ahí en cualquier caso.
Has acentuado la importancia de " historizar los sentidos” – para frenar la tendencia a filtrar las experiencias sensoriales históricas con sensibilidades modernas. ¿Puedes explicarlo?
La historia sensorial, al menos a mi modo de ver, debe tener mucho cuidado de no asumir que los sentidos son una suerte de atributo "natural", pues de lo que se trata es de localizar su significado y su función en contextos históricos específicos. En general, pienso que la mayoría de los historiadores interesados en los sentidos están de acuerdo con esta aproximación, especialmente porque asumir que "nosotros" (quienquiera que sea ese "nosotros") podemos experimentar y entender los sentidos del mismo modo como, por ejemplo, un esclavo del siglo XVIII sentía su mundo hace enormemente importante el contexto.
¿El campo de estudio está creciendo?
"Creciendo" no es la palabra adecuada, por suave. Se está multiplicando, tanto que es difícil estar al tanto de lo que se hace. Los historiadores -como los especialistas en las disciplinas afines (especialmente la antropología)- están produciendo trabajos a un ritmo asombroso. El campo está más desarrollado en Europa y en Canadá, pero los historiadores de los Estados Unidos han producido algunos trabajos importantes en los últimos años. Los congresos sobre el asunto están proliferando, el objeto está recibiendo atención continua en las principales revistas – The Journal of American History, por ejemplo, presenta una muy buena sección sobre los sentidos en la historia americana que saldrá este septiembre – y hay también una revista interdisciplinaria, The Senses and Society, publicada por Berg en el Reino Unido. Especialmente atractivas son las Series in Sensory History, con distintos libros y monografías sobre la materia que la Universidad de Illinois publicará pronto.
Sensing the past
Algunos críticos se han preguntado si la historia sensorial es históricamente contingente, y si esa aproximación funciona mejor para el siglo XIX. ¿Qué desafíos predices que representa la era digital para el estudio sensorial?
Una vez más pienso que se equivoca quien sostiene que la historia sensorial es adecuada para un siglo en particular. Sólo en los últimos años los historiadores han producido trabajos fascinantes sobre el papel del olor en el cristianismo antiguo, los sentidos en la Inglaterra medieval o el olfato en el siglo XX en América, por señalar sólo algunos.
La era digital puede realzar algunos aspectos de la historia sensorial. Puedo pensar, por ejemplo, en los clips de audio en línea que capturan algo del pasado y, si están correctamente y rigurosamente contextualizados, pueden ayudar a entender algo sobre cómo la gente los entendía. Resulta bastante irónico que la evidencia impresa -concebida en tiempos como muy ocular- sea una muy buena fuente para capturar qué pensaba la gente sobre los sentidos, el significado que les daban y las maneras en las que cuestionaban esos significados.
PD: Un ejemplo del trabajo de Mark Smith: "The Touch of an Uncommon Man"