Hace unos días, Lisa Spiro en su blog Digital Scholarship in the Humanities escribió un post (How many texts have been digitized?) en el que comenzó a mapear los usos que ella misma aplicó a los recursos digitales orientados a la investigación académica para hacer su dissertation. Este úlitmo texto puede leerse y comentarse, además, por aquí, bajo Commentpress.
La pregunta con la que comienza Spiro es básicamente esta: ¿en qué medida puede apoyarse una investigación con materiales online? Su respuesta es que puede hacerlo muy bien. Ella pudo acceder a más de la mitad de los documentos primarios y secundarios con los que trabajó entre 1996 y 2002. Si el idioma es una ventaja, el período de algún modo la compensa: entre el 2002 y la actualidad, esos recursos se han multiplicado nuevamente. Acabo de escribir "más de la mitad", pero las cifras son más específicas y controvertidas. En especial porque algunas decisiones con respecto a qué significa "acceder" pueden ser discutidas: un "snippet view" en Google Books, por ejemplo, ¿significa que hemos accedido al material? Tal vez no. Si ya es legítimo sospechar de los criterios de selección docente para tramar un paquete de fotocopias, ¿cómo no hemos de cuestionar las vistas parciales que nos cede Google? Por eso "más de la mitad" es una buena forma de decir que el resultado es estupendo.
Por mi parte, pese a lo que dice Arlette Farge en su libro La atracción del archivo, considero cualquier museo, biblioteca, cine, laboratorio, etc, pequeños cadalsos donde la vida se agosta y los márgenes del gran río burocrático crecen peor que el Paraná. Algunas cosas que pueden ayudar a la investigación (fumar, comer -pizza, pochoclos, lo que sea-, escuchar música, etc.) están, en esos submundos disciplinarios, absolutamente prohibidas. Hace falta citar algo más para completar ese credo hedonista con respecto al archivo específicamente: a diferencia de lo que comentaba Eugenio Cambaceres (era el siglo XIX), viajar cientos de kilómetros en tren -en nuestro caso para consultar un archivo- no es ninguna experiencia cautivante (son expediciones que harían posible nuevas partes a la saga de Nigel Barley -El antropólogo inocente- o la de Bruce Chatwin -El virrey de Ouidah-: una entrada menesterosa a un mundo de carroll-kafkiano del que probablemente salgamos vacíos). Entiendo que existen territorios en donde la recolección de materiales ha sido mistificada (he leído y escuchado algunas sobre el trabajo de campo arqueológico), pero no no ha sido así en el caso del archivo en condiciones latinoamericanas. Sigamos con los ejemplos: la integración de la cámara digital a los procedimientos de recolección de datos documentales ha permitido a) mantener una copia del material (algunos reservorios se parecen a Hogwarts, la escuela a la que asiste Harry Potter: allí aparecen y desaparecen documentos de tremebundo volumen), b) que buena parte del trabajo sobre las fuentes pueda hacerse en la oficina (esto se aplica para otros hemisferios) o en la casa (esto a veces también) o en algunas instalaciones comunes de la unidad académica de la que participa el investigador o la investigadora (ni hablar). Sin embargo, en algunos lugares el uso de esa herramienta no está permitido. Los argumentos son válidos, creo, si exageramos como vengo haciéndolo este último párrafo: la actividad fotográfica se vuelve tan extractiva que casi alcanza el plano del pillaje. Por otra parte todo argumento de naturaleza coercitiva se ajusta a la idea de control experto (del bibliotecario, del director, del especialista en general), y eso lo hace menos extemporáneo. En definitiva: todo apunta a que festejemos, creo, la proliferación de reservorios digitales. Spiro cita a varios. Tomemos 4 de ellos para aproximarnos al problema del acceso a esos archivos en condiciones latinoamericanas: Jstor, Project Muse, Netlibrary y Questia. El costo de subscripción anual al primero y al segundo de ellos es del orden de los miles de dólares (Argentina tiene algún descuento y de acuerdo al sitio, por intermedio de la Secretaria de Ciencia, Tecnología e Innovacion Productiva pueden consultar sus archivos de revistas académicas muchas universidades nacionales -en la que trabajo esa información debe haber sufrido algún retraso). Netlibrary es un tanto más barata, pero en esa biblioteca se paga por libro incluido en un paquete dedicado, así que su precio está en relación a la cantidad de material disponible. Questia acepta subscripciones individuales y cuesta unos 15 dólares por mes la subscricpión a toda la colección. Questia tiene libros y artículos. Netlibrary sólo libros. Ambas empresas poseen software propietario para leer sus materiales. Lo interesante no es acceder a uno sino a los cuatro (o a más: Sage, Ebsco, Ebrary…hay cientos y la mayoría no son gratuitas). Sólo con acceso a todos los reservorios es posible verificar las conclusiones a las que llega Lisa Spiro.
Mientras tanto se multiplican los grandes circuitos de mails para intercambios de passwords, las bolsas de indigentes reclamando claves, pizarras, foros, hangares donde el malandraje reclama acceso al conocimiento. Hasta ahora la doxa que da título a este post se impone: el encargo social es más rápido que la web 2.0.
Ahora que he estado reescribiendo mi tesis de investigación me dí cuenta de que muchos documentos alojados en reservorios como jstor o Sage tienen info muy útil que valdría la pena pagar para acceder a ella de no existir internet. Pero dado que la red existe es ridículo pagar por info cuya referencia está indexada en Google y que puede bastar para armar mapas bibliográficos de X tema con cierto valor académico y curricular. Hay tanto de eso ya por todas partes, lo cual no es necesariamente una mala señal sino una manifestación de cierta franqueza académica frente a prácticas tipo papers que explotan el método hardvariano de referencia tan sólo para acumular puntajes de publicación, pero que llegan a tener más páginas de bibliografia que de contenido.
Yo he corrido con mucha suerte respecto a mi tema, he accedido por ejemplo a la página de la OMS y he encontrado documentos viejos, fotografíados, otros transcriptos, todos perfectamente pdfteados. Lo que hay que exigir es eso: que los documentos oficiales siempre estén al alcance sin costo alguno-Por lo demás: hoy en día, pese a su autoridad, los artículos de referencia al trabajo de otro no pasan nunca de ser “la opinión de fulanito”. Me parece que este asunto implica cierto relajamiento referencial y bibliográfico, lo cual es deseable ante las presunciones academicistas de vacas sagradas, gurús departamentales y algunos mandarinatos.
saludos
Conversación en Tapera « Naxos
[...] pobres pero honrados [...]
Hola Naxos, Me parece que el primer párrafo dice una cosa y el segunda otra. ¿Es suficiente con revisar la referencia que levanta Google, antes que leer el artículo citado? Si entendí bien el segundo párrafo, sí. Los papers son territorio de opinión y los mapas bibliográficos pueden hacerse con índices (como los Google u otros). No estoy de acuerdo con ninguno de esos razonamientos (por cierto rápidos y generales, no los tomo como algo que deba leerse al pie de la letra): la fe en que el contacto entre uno/a (docente, intelectual, profesional, etc) y los documentos primarios puede prescindir de las “opiniones” que fueron escritas o dichas en el espacio de tiempo que media entre el momento de publicación del documento y el momento de lectura del mismo, es una fe a) que entiende la reflexión como ejercicio de minería (busca algo en el texto y lo encuentra), b) que parte de una sentencia mitológica e inestable: “todos los enunciados son opiniones” (¿se incluye ese?, etc.) y c) no puede justificar la frontera pétrea que instala entre texto primario y secundario. Todo esto ya ha sido dicho por otros, claro, de ese modo lo conozco: en los textos de Weber, por ejemplo, “existen” algunos “objetos”, algunos “constructos” que para mí no tenían nombre antes de que otros autores los nombraran o inventaran, etc. Si me comportara como un estilita o me fuera con Economía y Sociedad a una caverna, no saldría de ello sino un largo soliloquio desaforado.
Creo que la discusión da para más porque este comentario, creo, no reprenta las perspectivas que descubro en lo que escribís en tu blog (no he leído otras cosas tuyas pero las supongo).
Saludos.
No hablo de lo que hago -por fortuna no soy tan aburrido-, sino aludo a que es posible, con el suficiente poco escrúpulo citatorio, armar a partir del acceso a esos reservorios interneteros textos plagados de referencias que se hacen pasar por textos exhaustivos y de valor sustancial cuando en realidad sólo sirvieron en su momento para cumplir un X requerimento de materia y fueron publicados. La existencia de este tipo de textos no depende ni ha dependido de los reservorios inteneteros. Ese poco escrúpulo es parecido al poco escrúpulo de incluir un listado bibliográfico exhaustivo que pretende hacerse pasar como exigencia del contenido pero que sólo está siendo incluido, por un lado, para que el profesor pueda calificarlo prácticamente sin la necesidad de leerlo (dado que cumple referencialmente con los nombres y obras de los autores que él domina muchas veces el suyo mismo, por supuesto) y por el otro, para que los investigadores que dependen de los reservorios y de su claridad en el orden clasificatorio y que tienden a ese tipo de revisionismos supuestamente investigativos, hagan sus cartografías para explorar qué nombres por tradición deben de incluirse para pagar tributo al tema en cuestión y con ello hacerlos figurar en sus textos y lograr darse a conocer en relación a ese tema (lo que al final de la cuenta les resulta util para generar también sus propios contenidos regurgitados y alimentar esos reservorios). En pocas palabras, los reservorios interneteros son como el paraíso para ese tipo de prácticas referenciales, incluso muchas veces el sentido práctico de la competencia por publicar o ganar puntos implica y alimenta ese tipo de usos facilones y hace que el autor tenga un ojo -no tan desatinado por experimentado- que por callo le permite ya saber diganosticar correctamente y encadenar deducciones impresionantes a partir de una cuantas presunciones dadas en la referencia incluso perfectamente nomenclaturada. Aceeder a la información de los reservorios no garantia que los textos sean leídos, simplemente los hace menos cuestionables (“hey!, ese texto no está online, o sólo se puede encontrar en el reservorio, porque ni el creador lo tiene!” -y por ende si se cita un párrafo o se alude a su contenido es porque seguro fue leido a conciencia, aunque hace menos falta demostralo: la falta de acceso ya es un incentivo de autoridad que hace citable cualquier remasticamiento-).
El que nosotros no hagamos este tipo de cosas no significa que este tipo de cosas no existan o dejen de ser hechas por cabezones cuyo ejercicio académico es mucho más cínico que el nuestro. Nada evita que yo me entere por Google de que existen referencias que quizá puedan resolver mi problema pero que no valga la pena pagar por su acceso. Si bein el que formen parte de un reservorio privado no es criterio para ignorar su existencia, tampoco las hace más valiosas -yo tengo la idea de que los textos de más valor no son los que están en esos reservorios: que lo estén es no es mala señal de su calidad, sino de su franqueza académica y de su apertura discursiva-. En fin nada impide que yo pueda referenciarlas a título de “para una revisión más exhaustiva del tema, se ha publicado tal..” si la referencia la compruebo en relación a otros trabajos y la diagnostico por su peso referencial. Si me da la gana lo puedo hacer y no pasa nada, porque no estoy diciendo que sea una referencia que yo domine o que sea parte de la forma de mi contenido, sino que es una referencia que no desconozco y que es susceptible de abrir más puertas respecto a lo dicho -lo es afortiori porque no accedí a ella-. A eso es a lo que me refiero con franqueza académica, la cual siempre estará en función de hacer cierta justicia al trabajo que estás haciendo: si pasaste una semana rastreando por todos los medios una refeencia que quizá diste con ella pero que no accediste porque tomaste la decisión de no pagar por ella, es válido referenciarla porque consideras se vincula a tus contenidos, y porque pese de que quizá resulte poco valiosa al final de la cuenta -en su contenido-, es una referencia de dificil acceso que existe, y que pretende existir como una referencia importante, dado que sólo puede encontarrse en el reservorio. Por supuesto, si plagas de referencias de este tipo el contenido de tu texto sin leer los textos puesss…
Como verás, todo depende del cinismo y de cómo ese cinismo es o no consonante y mercenario con respecto a las exigencias del circuito académico por el cual vaya a pasar el texto investigativo que se está armando. Si bien hay mucha gente que hace pasar ese tipo de referencias extensivas como referencias de contenido o referencias de autoridad, en lo personal me preocupa más hacer la investigación que hacer el texto investigativo. Franqueza académica: todo es una cuestión de cinismos: en mi caso tengo apenas algunas cosillas circulando que nadie lee y que por fortuna apenas hacen justicia a mi trabajo. Si bien ello no es lo que me da de comer no sabes cuán orgulloso me siento de no venderle mi alma al diablo referencial.
Entonces, a mi juicio usando las referencias -indexadas en google- de esos reservorios sin acceder a sus contenidos invita a hacer referencias con menos presunción cínico-competitiva y más relajamiento, siempre y cuando uno conserve aún su alma y su virtud referencial. Es la unica forma de hacer valer esa clase de referencias: peor sería no hacer una alusión que más o menos diga “respecto a este tema, en internet se pueden encontrar tal y tal textos de tal y tal autor..” siendo que esas referencias sirvieron al menos para enterarte de que no eres el único ser en la tierra que se interesó por el tema en cuestión (los textos que omiten tal reconocimiento pretenden con ello arrogarse un efecto de autoridad sobre el tema que ambiciona un mandarinato sobre el tema). En fin pues, no tiene chiste ni es nuevo acotar que por supuesto puedan usarse esas referencias en su sentido más rampantemente cínico, porque ya es bien sabido que eso se hace en demasía con o sin los reservorios, con o sin google. Lo que digo es que vale la pena que valga el uso de referencias tomadas de internet (incluso sin su acceso) si ello sirve también para relajar las presunciones academicistas y lidiar con otro tipo de cinismos, en el sentido de descentralizar toda esa práctica de las presunciones de autoridad que se arrogan muchos investigadores, profesores, y sobre todo las universidades cuyo prestigio se sostiene por su sistema referencial de competencia y por el número de suicidios en el campus. Por supuesto, siempre es mejor tener acceso a los documentos completos de un modo gratuito, pero ello no va a detener al cínico para citarlos sin haberlos leído: el cínico tendría más razones para no leerlos en la medida de que los textos no son de acceso libre y gratuito: ello se debe a que menos personas podrían poner en duda su dominio de la info si la info no es de acceso libre y público, y las personas que si podrían cuestionarlo tendrían cierto entendimeinto por complicidad.
En fin, me parece muy lindo defender la máscara ética del ejercicio académico, pero la verdad nadie se escapa de proyectar presunciones y cinismos de oficio. Hay que estar muy atento para no dejarse llevar por el autoengaño. La mejor forma de hacerlo es conservar a toda costa una voz escritural, ser un pensador cuyo nivel de expresión no dependa de nadie más. Eso es lo que pretendo que el lector descubra al leer mi blog.
saludos
Conversación en Tapera « Naxos
[...] Top Clicks creativecommons.org/licen…es.wordpress.com/tag/bate…tapera.info/?p=435- [...]
Basarse en informacion online para realizar un trabajo de investigacion requiere por parte del autor una formacion amplisima en diversos campos del conocimiento; a fin de poder interpretar la misma y adjudicarle no solo partinencia a los fines investigativos, sino tambien adecuacion y veracidad como conocimiento previo dentro del campo epistemologico respecto del cual se investiga
Coincido con lo que dice SyD y también con lo que dice Naxos. La discusión con los argumentos de Naxos acerca del uso cínico de los materiales (que convierten a los reservorios online, dice Naxos, en paraísos para el cínico/a) no puedo sostenerla porque creo que ese tipo de usos existe y Naxos lo describe bien. Me parece sin embargo que esos lugares también son paraísos de lectores. Especialmente de lectores. El argumento que subraya esas prácticas (que no son consecuencias de esos lugares, como bien indica Naxos, sino que preexisten al surgimiento de los hangares digitales) no subraya las que alivian la escasez de materiales para ciertas regiones donde las condiciones de la investigación son precarias. Hacia eso apuntaba el post (además de indicar que por mi parte no me gusta mucho la visión romanticoide del archivo). Pero tal vez no lo dejé tan claro.
brillante observación sobre las bibliotecas, alguien dijo una vez que los bibliotecarios existen para proteger a los libros… de los lectores, y cada vez tengo menos dudas.