Existen los impostores académicos dice Mario Bunge en una nota de opinión que publicó La Nación con el título de “La simulación de la lucha por la cátedra”. En efecto, el autor sostiene que en su larga carrera universitaria ha conocido a muchos simuladores universitarios. Dice el físico que los hay de dos tipos: los que simulan a sabiendas (especie de farsantes), y los tontos e ignorantes que no tienen idea de serlo. Unos y otros ocupan espacios en las cátedras, dirigen departamentos o investigan. Aprovecha Bunge para dar un ejemplo de cada especie, y, como era esperable, recalca el caso de un físico afiliado al peronismo “designado director del Instituto de Física de la Universidad Nacional de La Plata (rebautizada Eva Perón). De la noche a la mañana, el minúsculo personaje se transformó en un energúmeno que gritaba a sus colegas y tomaba decisiones absurdas”.
Mario Bunge se introduce en la problemática a partir de un trabajo pionero: La simulación en la lucha por la vida. No obstante el físico, epistemólogo, filósofo y ensayista le adjudica la obra a José María Ramos Mejía, cuando quizá hasta algún farsante o ignorante académico sabe que fue escrita por José Ingenieros.