A imperativos de un signo, imperativos de otro.
Mientras trato de seguir como puedo el primer encuentro de blogs y libros, leo en Tökland una nota sobre la lectura. Habla sobre la inciática escena de una madre leyéndole a su niño. A todos nos da por volver a ese escenario porque existe un deseo: que cualquier niño pueda acceder a materiales con los que pueda expresarse y al tiempo suficiente para poder reflexionar; y también un prejuicio: si arranca temprano, una persona se familiariza con la lectura y progresa. Este último argumento es claramente evolutivo. Cito las últimas frases del texto publicado en Tökland y sigo:

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Todo lo justifica ese instante de lectura en voz alta. Caen los libros, uno tras otro, lentamente semana a semana. Se van pelando las páginas en un ritual cósmico de intimidad. El premio, un niño aguantando la vela, escuchando, entendiendo esa vida que llega por el oído. No un niño que se duerme, no la literatura como sedante. “Hoy no me leas, que estoy muy cansado, mejor mañana”.

Estas representaciones de la intimidad apelan a un zócalo de costumbres cortesanas que cualquier política de fomento de la lectura debería desligar del placer de leer.
La lectura porque sí, la lectura en grupo, la lectura dispersa. Leer para dormir, leer para saber, leer para reír.
Siempre que leo este tipo de intervenciones en las que la lectura parece ser una práctica asociada al desayuno completo, al camisón y a la mesa de luz, recuerdo el comentario de Julio Cortázar sobre su experiencia de lecturas colectivas en los fogones, durante las campañas de café -creo que en Nicaragua-. Confluían en ellos los intelectuales y universitarios invitados y los obreros nativos. No resultaban muy divertidas las veladas: los extranjeros leían relatos sobre obreros y campesinos y los obreros y campesinos callaban. Entonces Cortázar leyó "La pata del mono", de Jacobs, y todos se pusieron a contar historias de aparecidos.
Ningún "caen los libros, uno tras otro"; ningún "hoy no me leas porque estoy cansado". Ninguna preceptiva sobre los mundos posibles de la lectura: por la promoción del libro y la ruptura de la deferencia.
El post en Tökland comienza con una cita de Daniel Pennac de su libro Como una novela, en la que se dice: "De manera que nuestras razones para leer son tan extrañas como nuestras razones para vivir". Y eso está bien creo. Contribuyamos a la incertidumbre intelectual.


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Comments ( 1 Comment )

la literatura es un esfuerzo que no da frutos

humanoide added these pithy words on Jan 10 08 at 11:03 pm

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