Johnny Cash y Patrick Carr. Cash. La autobiografía de Johnny Cash, Barcelona, 2006, 315 páginas.
Cash



Conozco algunas personas que dicen haber leído varias veces el tomo uno de la autobiografía de Bob Dylan. Sin duda se trata de una exageración pero leyendo Cash…, la autobiografía a cuatro manos del cantante, estoy dispuesto a cambiar de opinión.
En la autobiografía de Dylan el personaje recupera sus pedazos, arrancándoselos a cada etapa, a cada período en el que él mismo decidió pensar su trayectoria. En la de Cash más de dos partes, de las cinco que integran el libro, están dedicadas a su gran familia, a sus casas, a la naturaleza que se respira en esas mansiones y a los gustos del personaje.
Hay algo, sin embargo, que emparenta los libros de Dylan y Cash: sus versiones del interior norteamericano. Ambos textos rememoran en su escritura la fuerza poiética que poseen dos adolescentes que llegan a las grandes ciudades, y de las que tienen mejores versiones que las que circulan en ellas. Son versiones de la ciudad aprendidas de la radio, en medio de trabajos pesados o fantásticos ocios. Esa es una historia que se respira muy bien en Cash… y que va apagándose a medida que el tiempo del escritor carcome la fuerza de los tiempos del cantante en el pasado. Es una fuerza que se lleva muy bien con los cincuenta y sesenta, y lo hace a la perfección con algunas sustancias. Pero en Cash… la pesada carga que el ascetismo deseado del escritor le impone al joven hiperquinético que rememora, nos aleja de todos los imaginarios posibles para una existencia que busca redención. En Cash… Perdón y Víctima matan a Determinación y Furia, y lentamente nos agotan.
Hay en Cash…: algunas perlas para exquisitos sapientes de la música de Johnny Cash; muy poco sobre la composición de sus temas, sobre la cocina de la canción; largas parrafadas de compromiso confesional; poca tensión entre sus ritmos de pastilla y nocturnidad y su dios benévolo. Sin embargo, pequeñas marcas sobre sus gustos musicales y anécdotas suyas y ajenas hacen de la composición algo por momentos llevadero, aún más porque el esqueleto de la obra no es cronológico. El ritmo no es suficiente para alcanzar las últimas páginas, y sólo la promesa de un resumen de la discografía de Cash nos sirve como impulso para terminar el último capítulo.
Estructurado en cinco moradas (sus casas, entre ellas la carretera), Cash… no abre demasiadas nuevas puertas a la música del cantante. Como he dejado quizás demasiado en claro, el libro no terminó de gustarme, pero muchas cosas de él, sí. La música de Johnny Cash casi obliga a la lectura de esta autobiografía un poco comercial, un poco inocua. Hay que ponerla en serie para salvarla del olvido. Con la de Dylan, que brilla con luz propia, sí, es posible; pero también con la música que le gustaba a Cash o con sus propias creaciones. En especial con los discos que él, hacia el final de su carrera, insistió en recuperar por conceptuales: Ride This Train, Bitter Tears.
En algún sentido, la autobiografía magnifica un desarreglo, y hace de Johnny Cash alguien que, queriendo apenas cantar gospel, debió asimilar sus nacimientos y renacimientos (algunos incluso muy lejanos a ese deseo primordial). O al menos así lo parece. Esa figura narrativa, que exaspera el desplazamiento de un destino de la realidad, produce un relato fragmentado y quebradizo para tratar de explicar los ciclos de una recepción y un reconocimiento multigeneracional. Hay obras increíbles urdidas con añicos.
Esta no es una de ellas.


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