formas de lectura en internet

Formas de lectura en Internet: el camino de Pulgarcito

A diario, miles de sitios web surgen y desaparecen, y esa certeza basta para disparar las comparaciones. Todavía no sabemos a qué se parece internet, a qué se parece su circulación. A diario surgen y desaparecen también los modelos y las metáforas. Las creamos con la ilusión de poder acercarnos a una dinámica que creemos infinita. Y aunque no siempre estemos haciendo el ejercicio de comparar modelos y realidades, pensar que Internet es como tal o cual cosa, es parte de nuestra forma de entrar y circular por ella. Todas esas metáforas (como una ciudad, como una biblioteca, como un laberinto, etc) forman parte de una posible historia de la imaginación, y dialogan con otras formas de pensar los medios de comunicación.
Lo más inquietante de los medios de comunicación es la forma en la que los usamos. Pongamos un ejemplo: hace unos meses leí una noticia sobre la lectura en Internet. La noticia decía que quienes leen los diarios on-line se distinguen de los lectores de diarios en versión papel en que 1) leen el 70% de la noticia (mientras los lectores de diarios en papel leen un 30%), y 2) se detienen en los textos antes que en las imágenes. Una noticia como esa es un hachazo para los argumentos más burdos entre los que sostienen que internet desalienta la lectura. Una noticia de ese tipo nos pone en estado de alerta, y nos obliga a ser más cuidadosos a la hora de aceptar teorías sobre el comportamiento de quienes navegan. La forma en que usamos los medios de comunicación es lo más inquietante, pero también lo menos visible. Como un registro de lo que Michel De Certeau, en su libro La invención de lo cotidiano (México:Universidad Iberoamericana, 1996), denominó procedimientos, tácticas de cazadores furtivos, la forma en que usamos nuestra conexión, mimetizada con cientos de otras actividades, no parece trascender su mera instrumentalidad. La revolución, en estos tiempos, es el medio, la velocidad, el fin del tiempo, la virtualidad, etc.; y las diferencias en los caminos que decidimos tomar para llegar a una u otra página son menos importantes que nuestro arribo: ¿va a comprar o no?, ¿paga con tarjeta o depósito bancario?
Sin embargo, un sinnúmero de investigadores serios (y no tan serios) a diario se aventuran en lo más recóndito de la red para saber cómo se usa, cómo se elige, qué caminos tomamos. (Las noticias apenas lo reflejan, pero me acuerdo de una que contaba sobre unos cuantos terabytes de correo electrónico que investigadores del MIT "descolgaron" del tráfico, para analizarlos.) La historia de la imaginación, por supuesto, no tiene fronteras electrónicas; y debe construirse reconstruyendo las maneras y las armas de esos cazadores que imaginó De Certeau: debe trascender la mirada funcionalista y las estrategias mercantiles. Puede comenzar, casi de casualidad, con una anécdota, y con nuestra propia manera de usar la red. Escribo aquí las dos cosas, como un intento de continuar un diálogo que ya forma parte de nuestros encuentros virtuales y no virtuales. (Nadie empieza una conversación hablando sobre los usos de internet, pero todos alguna vez preguntamos cómo se hace tal o cual cosa, o cómo llegamos a dar con esta u otra información.)
La anécdota que voy a contar quiere dejar en claro que Internet no es cosa exclusiva de los usuarios. No hace falta leer para saber leer: hasta hace muy poco tiempo existieron las "lecturas comentadas" en donde una persona leía y otras escuchaban, y a algunos afortunados todavía les leen cuentos para poder dormir. Tampoco hace falta tener conexión para enterarse de algunas cosas de la red: los noticieros y las estaciones de radio, por ejemplo, rastrillan religiosamente las noticias en internet y las relatan. Una de esas personas que andan por los domicilios instalando conexiones me contó que un día alguien pagó un año de servicios y él tuvo que ir a la casa a "instalarle internet". Cuando llegó preguntó dónde estaba la computadora, y el nuevo cliente le repreguntó asombrado: ¿Cómo?, ¿Hay que tener computadora?: Lo que parece ignorancia, a veces, es pura información. "Noticias en Internet", "Último boletín, obtenido de Internet". Expresado así, el acceso a la red bien puede ser un aparato que cuente lo que hay por ahí, todo el día, todo el santo día. (De hecho, es uno de los sueños más cyborg de la empresa moderna.)

El camino de Pulgarcito

Un cuento, un "simple" cuento para niños encierra la fórmula para no perderse en laberintos reales, virtuales, lógicos. Nuestros padres nos han abandonado y el ogro es una forma latente en la oscuridad. Entonces: "por donde pasas", dice la ecuación, "deja una marca". Para volver o para que otros puedan seguirte. En una estructura arbórea, las cruces en los árboles (que la lluvia borró) son los indicios para trazar el mapa completo de un bosque amenazante. En internet, pocos ponen piedras. (Y además, por lo general, se dice, el camino a los mercados está empedrado de buenas intenciones.) ¿Cuáles son, entonces, las marcas que los usuarios hacen en Internet? ¿Los bookmarks, los "guardar como", los archivos de texto con direcciones? Contemos lo que hacemos, para no perdernos.
Hace poco debía rastrear información acerca de Carlos Monsiváis. Se trata de escritor mexicano sumamente inteligente en sus apreciaciones sobre la relación entre cultura y sociedad, especialmente en México. Sus acercamientos a fenómenos como el melodrama, el cine, la televisión y la forma en que son reapropiados en la vida cotidiana, resultan fundamentales para quien esté preocupado por investigar o curiosear cuestiones "culturales". Monsiváis recientemente gano el premio Anagrama de Ensayo, y mi primer y más certero dato era el libro titulado Aires de Familia, comprado y leído. Quería buscar reseñas del libro y de esa forma acceder a más información sobre el autor. Elegí, para empezar, yahoo.com pero en sus versiones argentina y mexicana (".ar", ".mx"), debido a sus vínculos con el buscador Google.
Entraba al bosque, como dice Umberto Eco en sus Seis paseos por los bosques narrativos, y su espesura me dejó pasmado. De una cantidad considerable de páginas que revisé, guardé las que tenían a 1) Monsiváis como principal protagonista (incluso una página dedicada a él), y 2) las reseñas sobre Aires de Familia (que no eran tantas).
El primer problema no es la cantidad sino la autoridad. Alguien que no se conforma con leer Aires de familia y recorrer luego librerías para poder leer otros libros del autor, tendrá escasa o nula confianza en las páginas que los lectores anónimos de Monsiváis construyeron. Quería, buscaba, lecturas de orden público, nombres agraciados por la estrecha fama académica. Así que guardé las páginas de algunas revistas (Fractal, Lateral) y la de los lectores, por las dudas. Mi libro de marcas creció, además, con páginas sobre estudios culturales, guías de direcciones, páginas de librerías virtuales (más tarde podría recorrerlo gracias a los programas que existen para organizarlos).
Me enteré que Monsiváis escribió y escribe mucho en diarios de México, qué tuvo un intercambio epistolar (vía e-mail) con el Subcomandante Marcos, y que publicó muchos libros (Días de Guardar, Los rituales del caos, El género epistolar. Un homenaje a manera de carta abierta, A ustedes les consta. Antología de la crónica en México). Un par de noticias sobre la presentación del libro Aires de Familia en España tenían, además, declaraciones del propio autor sobre su libro, y otras muy estimulantes sobre el poder político latinoamericano y sus imaginarios de telenovela.
Entre los árboles, sin subirme a ninguno, la luz me resultó peor que la oscuridad. Elegí entrar a algunos sitios de diarios: La Jornada, Clarín, La Nación, El País. En ellos, rastreé notas sobre el libro y sobre Monsiváis. Eran pocas, por suerte y desgracia. Hay más de Madonna, por ejemplo. Lo cual confirma, de alguna manera, lo que Monsiváis dice sobre los ídolos y héroes de nuestro tiempo, un papel que tuvieron los poetas como Rubén Darío a principios del siglo XX, declamados por todos y en cualquier lugar. Marqué algunas páginas de diarios que no sabía que existían, y otras de Madonna, por las dudas.
Fue momento de imprimir. Como quiera que configure el monitor, sigue siendo un televisor. Leer sigue pareciéndome un ejercicio de la vista y la mano. Así que pasé lo que tenía en formato .htm a formato .doc, achiqué a 9 puntos la fuente (Arial) y le di margen mínimo a todo. La tinta es cara. Los archivos que bajé de la red con formato .pdf los abrí con el Acrobat®, y los sometí a un plug-in que se llama "I-copy", el cual escanea el texto o la imagen y lo pone en el portapapeles, en formato texto. Y otra vez al Word®. Todas las conversiones estuvieron mediadas por macros que encuentran y convierten tablas a textos, buscan y reemplazan saltos de línea manual a marcas de párrafo.
A partir de aquí, los caminos se multiplican. Monsiváis es el culpable de un camino exitoso (el que voy a contar) y de muchos inconclusos o directamente infructuosos. De estos últimos, conseguir "trials" para servidores de artículos de revistas científicas me llevó mucho tiempo, y me brindaron pocas satisfacciones. JSTOR, Ingenta, el proyecto Muse de la universidad John Hopkins, entre otros, tienen muchísimas revistas archivadas, pero cuestan caro y en muchos casos sólo se permiten subscripciones institucionales. Por esos senderos anduve con una estrategia terrenal: busqué en las listas de subscriptores de estas empresas alguna universidad de mi país, en la que tuviera una persona amiga, a quien luego le pediría que acceda y me baje el o los artículos que me interesaban.
El camino exitoso comenzó con el intercambio epistolar entre Monsiváis y el subcomandante Marcos. Encontré una respuesta de Marcos en un sitio sobre el EZLN pero las otras se escabullían. Aunque fueron publicadas por La Jornada Semanal, la base de datos para notas de ediciones anteriores no tenía el alcance necesario. Usé la versión demo del programa Copérnico (un buscador en buscadores) para rastrear al Subcomandante. Y entonces, nuevamente, la luz me encegueció. Llovía en el bosque, y me lamentaba de las cruces que alguna vez estuvieron a la vista. La cuenta de teléfono crecía, las ganas no. Como dicen que pasa en las maratones, me sobrevinó el terror de los 30 kilómetros. Voces incógnitas salían a mi encuentro recitándome conjuros: "ya está", "es suficiente", "mirá todo lo que tenés" (acerca de este umbral, una encuesta supone que 12 minutos es el promedio de duración de las búsquedas en Internet).
Resistí. Entré a muchas páginas sobre el EZLN. Encontré otra carta. Pero en medio de todo eso me enteré que Marcos también se había carteado con John Berger. Me desesperé. Quería saber qué habían hablado estos dos hombres, uno más conmovedor que el otro. Qué le había dicho el autor de Puerca Tierra, de Lila y Flag, de G., y de un ensayo sobre el fotógrafo Sander ("El traje y la fotografía") que siempre me está dando vueltas en la cabeza. Quería saber qué le había dicho el hombre de la selva Lacandona, co?autor de uno de los movimientos sociales más importantes en medio de los más importantes desastres del capitalismo.
Busqué, busqué. Fue momento de dar paso a los curiosos, a los que mantienen viva a la red. Indagué en los usenet, en las listas de discusión. Entré al hormiguero. Al final, cuando estaba por subscribirme a cuatro de estos fermentarios (lo cual implica luego filtrar en el cliente de correo, clasificar las decenas y decenas de mensajes diarios, leer los subjects, buscar en el interior de los mensajes palabras sueltas, y adivinar, porque leer todo es imposible), cuando estaba a punto de volver a encandilarme digo, un viejo artefacto de la red, un sobreviviente de épocas en las que la información no era inexorablemente descolgada para su revisión, me guió a una salida de este bosque. Un gopher. En Austin, Texas, hay un gopher con muchísima información clasificada por años sobre el EZLN. De ahí bajé los mensajes entre Monsiváis y Marcos, y los mensajes entre Marcos y Berger.
Imprimí lo que quise leer. No todo.
Deberían leer esas cartas. Deberían leer a Monsiváis, me atrevo a recomendarlo. (Muy recientemente, el mundo editorial español se ha redimido.) Aunque el autor de Aires de Familia termine, luego, mezclado con otras cruces que hacemos cuando andamos por ahí.

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6 Comments

  1. Matame

    cual era el sitio?
    que es un gopher?

  2. Matame

    Es increible lo conciente de su impacto que esta internet… o todo el dialogo SOBRE si, hay muchos blog que analizan el fenomeno blog o muchas paginas SOBRE internet

  3. nquiroga

    Hola M., gopher es una cosa vieja, un servicio de internet pre-browsers. Quedan algunos por ahí pero se pueden ver sólo con ciertos browsers. (Parezco la vidente de Matrix hablando así.)
    Podés ver esa información sobre el ELZN en este lugar.
    Sobre el otro punto…no sólo podés escuchar el rumiar en internet: la radio habla de la radio, la TV de la TV, etc. Sólo que aquí hay muchas voces y la dinámica de los blogs hace que el ruido se haga más claro aunque no tan distinto. ¿la proposición esa que vos hacés: internet habla de sí misma, escrita en internet, ¿debe entenderse como una muestra de lo que pasa?,¿cómo una contradicción?¿cómo una ironía? Y esta afirmación que ahora mismo estoy formulando no es un enunciado metametainternet? Saludos. Sigo mirando tu blog rizosfera.

  4. yesi

    ke onda con esta pagina pongan al go mas visula mas llamativo ni ganas me dieron de leer please

  5. yesi

    pss para los creadores dde esto espero y lo tomen en cuanta porfis

  6. Angeles

    No me lo creo ni yo:estuve como media hora navegando con un gopher.No lo conocía,fue algo diferente e interesante.Y en cuanto a Monsivais, vamos a ver si se consigue algo por acá,me gustó lo anduve husmeando

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