historia e internet

Este texto es una versión del que fuera publicado en Educ.ar

I

La comunidad de historiadores ha estado lateralemente vinculada al desarrollo de herramientas computacionales con impacto en las ciencias sociales. Se perfila de ese modo la relación en la medida en que también de modo lateral la historia se vincula con otras disciplinas sociales que trabajan de manera más intensa con dicha tecnología. Como ejemplos pueden citarse aquí el de la demografía histórica, que desde hace décadas viene considerando los avances en materia de procesamiento de datos y visualización de los mismos para poder trabajar más intensamente los datos en bruto; y, por otro lado, los desarrollos que la arqueología realiza con técnicas de laboratorio para la recuperación y análisis de los yacimientos, muchos de los cuales de un tiempo a esta parte han ingresado al laboratorio del arqueólogo o arqueóloga. Los historiadores, aún si conocen estos avances en técnicas e instrumentos de medición, no los ha incorporado a su profesión; y esto puede comprobarse en el lugar que ocupa la enseñanza de tales procedimientos en los programas de historia y en los manuales. Sin embargo las prácticas de los docentes e investigadores están pobladas por algo más que marginalias, cuadernos de notas y desalineadas Remington. El surgimiento de las llamadas microcomputadoras y, más tarde, de las PCs ha permitido a los cientistas sociales contar con herramientas que reemplacen a la máquina de escribir (permitiendo de ese modo la confección de monografías y tesis de modo menos trabajoso, entre otras cosas: como lo sabe cualquiera que haya decidido agregar una nota al pie en un texto mecanografiado). Más tarde el correo electrónico ha impactado notablemente en las comunidades académicas, las que lo han adoptado rápidamente gracias a los beneficios de la velocidad por sobre la distancia a la hora de informar o discutir aspectos de la investigación científica. Pero el uso de algunas herramientas informáticas está lejos de convertirse en necesidad: muchos historiadores continuaron con las máquinas de escribir o con la pluma, así como muchos otros continúan en la actualidad con procesadores de períodos antiquísimos o sin correo electrónico. De utilidad relativa, este tipo de recursos no se compara con el desarrollo, a mediados de los años noventa, de algunos browsers (exploradores como el Mosaic), que permitieron acelerar la expansión de la World Wide Web y con ello abrir el juego a las páginas web como modo de divulgar y producir información sensible a la profesión. Ese cambio ha modificado sustancialmente el carácter auxiliar de la tecnología, en la medida en que el hipertexto puede considerarse como parte de un registro narrativo diferenciado de otros como pueden ser el textual o el audiovisual. A partir de esa modificación las herramientas ligadas a las tecnologías computacionales han dejado el lugar de la técnica que bien podía estar a cargo de personal contratado, y han pasado a formar parte de los medios y los productos que compiten en el mercado de los bienes culturales. Con el aumento de su uso, las nuevas tecnologías ligadas a la computación en general y a la internet en particular han comenzado a ser material de consulta de estudiantes y docentes, aún si no existe una mediación corporativa sobre tales vínculos.
Los usos de internet son cada vez más aceptados y están cada vez más extendidos entre los profesores y estudiantes no sólo de historia. Pero lamentablemente, la distribución del consumo de esos bienes en el mundo es sustantivamente desigual: mientras los docentes americanos discuten los efectos del uso masivo de PocketPcs con conexión inalámbrica en las aulas, los docentes de informática latinoamericanos deben enseñar materias específicas sin equipamiento mínimo disponible, como si se tratara de aquellos cursos para ser detectives por correspondencia, ofrecidos en revistas infantiles de antaño. Los problemas de distribución se multiplican cuando advertimos que el proceso de privatización de la información no se ha revertido sino intensificado: aquellos que soñaron y sueñan con una internet singularmente democrática tienen en ese dato un obstáculo mayúsculo: el mapa de internet se parece mucho al mapa de las empresas de "ladrillo y cemento", en el que la concentración y la acumulación del capital se tornan factores decisivos. Pese a eso el impacto social de internet, festejado y a la vez esotérico, es mayúsculo. Los historiadores reconocen estos procesos pero sólo desigualmente reparan en ellos e intentan conocerlos. Así, buena parte de los sitios que mencionaremos en este texto tienen su origen en Estados Unidos, debido a que son las revistas y los centros universitarios de ese país quienes más han reparado en el tema que nos ocupa. No debería sorprender entonces que un mayor presupuesto y un alto consumo posibiliten acercamientos más sofisticados a las problemáticas que se desprenden de la relación entre historia e internet. Las concepciones que colocan a los nuevas herramientas informáticas del lado del consumidor y no reparan en ellas como objetos de estudio pero tampoco como herramientas para la producción de conocimiento son restrictivas, y retrasan el acceso crítico a la información. Sólo un mayor conocimiento en el tema permitirá avanzar sobre los dos problemas mencionados más arriba (desigual distribución del consumo y concentración económica) (1)

II

Una nube de ilusiones acompaña el desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación en general y de internet en particular. Las consecuencias sociales de las innovaciones tecnológicas (computacionales e informáticas) vinculadas al campo de la información se relevan desde distintos ámbitos con variadas utopías y confusas preceptivas de orden cultural. El campo de la historia (la comunidad de historiadores) ha recibido con cierta displicencia dicho debate, pero luego de varias décadas algunas referencias indican a las claras su vigencia, así como también su parecido con otros tratamientos provenientes de las ciencias sociales: aires de familia que se fundan en problemáticas ya largamente tratadas por la historia cultural especialmente, y que pueden resumirse, un tanto forzadamente, en el antagonismo entre "apocalípticos" e "integrados". En efecto, las distintas posiciones intelectuales frente a la cultura de masas que Umberto Eco configuró, en 1965, bajo la antonomia entre quienes consideraban el impacto de los medios de comunicación de masas y el avance de la industria cultural sobre los bienes culturales de manera negativa ("apocalípticos"), y aquellos que veían tales desarrollos de manera optimista ("integrados"). Eco consideraba falsa la disyuntiva y proponía su superación para poder analizar desprejuiciadamente los medios de comunicación de masas. Con estudios sobre comics, sobre la novela rosa, sobre los héroes del folletín, sobre la televisión, Eco se convertiría en un autor clave para avanzar en una teoría de los mass media, muy incipiente a mediados de los sesenta pero claramente más sofisticada que los dispares estudios sobre propaganda provenientes de Estados Unidos, opacados por las derivaciones de la Guerra Fría. Algunos autores han tratado el tema de Internet en relación con el debate que Eco daba en Apocalípticos e integrados; y, sin embargo como decíamos, treinta años después, las expresiones que demonizan o apologizan los usos de Internet no han cesado de proliferar en los medios intelectuales.
Un ejemplo tajante lo conforman las expresiones de la historiadora americana Gertrude Himmelfarb, sostenidas hace unos años. Cuestionando las consecuencias de internet sobre el aprendizaje, Himmelfarb -quien se consideraba en dicho artículo una neoludita (2)- decía:

La dificultad radica en que los estudiantes habituados a navegar en internet, para obtener la información que necesitan de manera fácil y rápida, para satisfacer su curiosidad con el mínimo de esfuerzo (y con el máximo de estimulación sensorial), a menudo no tienen la paciencia para pensar y estudiar a la manera clásica (3).
ludita

Contrariamente a lo que en principio parece indicar (cierta pereza de los estudiantes secundarios y universitarios), el argumento de la reconocida historiadora se apoya en la ambigüedad de la técnica, en la equívoca productividad de la tecnología. Himmelfarb, muy consciente de la relación de Internet con los medios masivos de comunicación, en especial con la prensa escrita, y de la fuerza de cambio que esta última impuso en los albores de la modernidad, arriesga que Internet no es el factor de cambio de esta época, pero sí un notable acelerador del posmodernismo, verdadero adversario de la historiadora (4). Teniendo en cuenta esos elementos, la cita que presentamos aquí hace referencia a la oposición entre el silencio del studium moderno, el recogimiento monacal del lector erudito, y la avidez sensual y el fast thinking de los tiempos actuales. Se trata de un debate que instala a Internet, o a los usos del medio, en otro de mayor envergadura; en el que la lectura es el principal tema. ¿Qué puede leerse, por quiénes, y cómo debe hacerse? El problema es antiguo y, como algunos han comprendido tempranamente, invoca una fuerte discusión sobre la democracia.
Metáforas similares pero de signo contrario a las de Himmelfarb pueden hallarse en la intensa campaña que el historiador Robert Darnton llevó y lleva adelante en aras de promover la utilización de algunos servicios de internet (la web y el e-book). Su perspectiva ha insistido en las bondades del libro electrónico en un contexto historiográfico marcado por los problemas de la edición de las monografías (tiradas de 300 ejemplares, no redituables), y en las virtudes de producir un "texto" en el que no sólo se fundamente a partir de la escritura, consciente del impacto que la escritura multimediática (que utiliza recursos sonoros, documentación iconográfica, videos, entre muchos otros) provocará en la narrativa histórica. ¿Cuál sería ese impacto?

Arbol-Darnton

Una escritura menos lineal, una trazado de diversos caminos a través de los distintos hiperlinks, que derive a partir del control del lector, en recorridos creativos y múltiples: por poner un ejemplo: podríamos comenzar leyendo un ensayo sobre comunidades campesinas, de allí saltar a sitios ligados al Ejército Zapatista de Liberación Nacional y de allí a textos del escritor inglés John Berger –quien se ha escrito con el subcomandante Marcos en repetidas ocasiones-. O bien, a partir del mismo texto sobre campesinos saltar a una página con una semblanza de Alexander Chayanov, y de allí a un sitio con textos sobre la Revolución Rusa.
Darnton ha descripto la potencialidad del e-book en estos términos:

Un e-book, a diferencia del codex impreso, puede tener muchas capas, ordenadas en forma de pirámide. Los lectores pueden bajar el texto y la capa misma desde la capa superior, la cual puede estar escrita como una monografía ordinaria. Si les gusta, pueden imprimir la monografía (…) y estudiarla en el formato papel de su conveniencia. Si hay algo que les provoque especial interés pueden clickear en una capa inferior para alcanzar un ensayo suplementario o un apéndice. Pueden continuar "descendiendo" a través del libro, a través de corpus documentales, bibliografía, historiografía, iconografía, música del período, todo lo que sea necesario para alcanzar el mayor entendimiento del tema tratado. Finalmente, los lectores pueden crear sus propios tópicos, en la medida en que pueden encontrar sus propios caminos a través del libro, leyendo horizontal, vertical o diagonalmente, aquello que los links le permitan alcanzar (5).

Como director de la American Historical Association, una de las instituciones más instigantes en materia de historia e internet, Darnton impulsó el proyecto Gutenberg, que a diferencia del proyecto homónimo orientado a la publicación electrónica de libros clásicos ( www.gutenberg.org) se propuso premiar, con la edición y publicación, a las mejores monografías seleccionadas por un jurado de historiadores. Más que la simple impresión de un texto digitalizado, la propuesta pretende aprovechar las posibilidades multimediáticas de la red para permitir acceder a fuentes históricas digitalizadas, imágenes, ilustraciones y sonidos ligados a la temática estudiada. Las dificultades de la empresa (referidas a costos, fundamentalmente) han puesto en suspenso las expectativas iniciales del sitio (6).
Estos dos ejemplos de historiadores comprometidos con la problemática tratada nos sirve para recocer rápidamente tres de los problemas que enrarecen la relación entre historia y nuevas tecnologías.

1) Por un lado, el sustancialismo con el que se suelen pensar ciertas técnicas y ciertos procedimientos vinculados a estas tecnologías: tanto para Himmelfarb como para Darnton la existencia de internet dispara sobre las prácticas de los actores intervinientes algunos efectos insalvables. La confianza de Darnton en las potencias revolucionarias del libro electrónico y el hiperlink y la advertencia de Himmelfarb –que por medio del provocador término "neoludita" pretende borrar sus raíces conservadoras- nos señalan un territorio confuso en el que se da por sentado posibles efectos de lo virtual sin que se nos hable de la recepción y de los usos del medio de comunicación en cuestión. Tanto los que los festejan como los que cuestionan la proliferación de recursos online suponen efectos que no surgen del uso sino de la mera existencia del medio. La versión más acendrada de esos procedimientos está inscripta en el término acuñado por algunos historiadores americanos para referirse a un tipo especial de relación entre historia y nuevas tecnologías, digital history. Con el término se pretende indicar "los procedimientos con los que los historiadores pueden usar las computadoras para hacer historia de modos que resultarían imposibles sin las máquinas" (7). La propuesta intenta tranformar un recurso técnico en casi una corriente de pensamiento. Por otro lado, la inflexión del adjetivo digital –que busca equiparar el neologismo a términos como "historia política" o "historia social" – revela cuánto de fetichismo aún persiste entre quienes alientan la incorporación de las nuevas tecnologías a la producción historiográfica, en la medida en que suponen que la mera existencia de las máquinas conlleva procedimientos analíticos hasta entonces desconocidos por el hombre… Sin embargo, el fetiche de signo contrario que sedimenta una cercanía con el pasado o una lenta pero segura producción de un modo de preguntar y reflexionar -a partir del contacto con el documento escrito, con los papeles antiguos y con la (des)organización de algunos repositorios de "ladrillo y cemento"- ha hecho lo suyo en la escasa atención prestada a las nuevas herramientas de comunicación masiva.
2) El segundo problema radica, precisamente, en la escasa y poco difundida producción sobre internet entre los cientistas sociales e historiadores. Buena parte del sustancialismo que comentamos en el punto anterior obedece a esta segunda cuestión: tanto la historia como el funcionamiento de Internet están más ligados a los contextos políticos y económicos en los que se inscriben que lo que sospechan los fideístas en las raíces democráticas de la red o los que demonizan al medio. Las falacias que ese debate implica ha impedido un conocimiento mayor en lo que podría denominarse una sociología de internet. Sólo muy recientemente la historia de internet o el análisis de sus usos a partir de estudios de caso han sido temas tratados en revistas de reconocida trayectoria (8). Por otro lado, el dominio de los recursos disponibles y la creación de otros nuevos no ha sido un tema que haya impactado con firmeza en los planes de estudios de las carreras de historia. Y aunque el deseo de los promotores de la digital history de imponer la currícula del mañana, plagada de interactividad y trabajo colectivo, nos parezca más imaginativo que necesario –en la medida en que el programa que vincula tecnología e historia no viene a subsanar ninguna crisis de las que se debaten en la profesión-, la concepción que se desprende del uso meramente ilustrativo o, en el mejor de los casos, suplementario de la internet en los claustros universitarios nos obliga a preguntarnos si en realidad la pretensión de los digitales no nos permitiría escapar del sendero que de la ignorancia conduce a las fantasías celestiales o infernales.
3) El tercer problema lleva las cosas aún más lejos. Tal como Himmelfarb lo advirtió en el texto al que hicimos referencia más arriba, existen problemas que remarcan la continuidad entre medios de comunicación como internet y otros más viejos y conocidos, como la prensa escrita y la comunicación audiovisual en general. El limitado impacto de la historia del libro y la dificultosa relación entre la historiografía y el tratamiento de imágenes e imágenes en movimiento, son aspectos a considerar en el problema que nos ocupa. El conocimiento de internet, en ese sentido, es aún más difícil y las conclusiones sobre la relación entre internet e historia a las que se arriba, más lábiles.

III

Sin embargo, desde hace tiempo existen revistas específicas sobre historia y computadoras. History and Computing, Social Science Computer Review, Computers and the Humanities y Historie e Informatique son algunas de ellas. Una búsqueda en The History Journals Guide, una de las más grandes bases de datos de revistas de historia -aunque no se actualiza con periodicidad-, nos informa de más de treinta publicaciones (9). En su mayoría las revistas específicas tienden a informar acerca de programas, procedimientos, sitios y usos de tecnología. Por ejemplo, el número de mayo de 2005 de la revistas Social Science Computer Review está integrado en su mayoría por artículos sobre el uso de las tecnologías computacionales en historia en diferentes naciones. El estudio de los casos nacionales está precedido por un ensayo de James B. M. Schick ("Coming of Age in Computing") en el que este pionero en promover el uso intensivo de las computadoras en la profesión presenta diversas formas de dinamizar la enseñanza y la investigación históricas a través de las máquinas y la internet.
Otro ejemplo de esas características es el número de septiembre de 2003 de la revista Journal of the Association for History and Computing. En la sección "artículos" de ese número se consideran temas como simuladores, entornos virtuales 3D y métodos cuantitativos en historia. En otra de las secciones se revisa brevemente una encuesta a historiadores sobre el uso de los recursos computacionales. (El análisis de encuestas es el tema de varios artículos de la revista.)
Existen otras revistas, como History and Computing, de carácter más técnico, en la que se presentan estudios con procedimientos particulares como son el cruzamiento de datos, el procesamiento de registros censales o el de elaboración y normalización de bases de datos. Como ejemplo puede citarse aquí el trabajo del historiador argentino Enrique Tandenter (con Carlos Diuk), "Computer Tools for Genealogical Reconstruction" en el número 3 del año 2000.
Por otro lado, algunas de las más reconocidas revistas americanas de historia han comenzado a presentar trabajos orientados a informar y discutir cuestiones vinculadas a las nuevas tecnologías. Así como el cine ha ganado terreno como objeto de investigación y como fuente histórica en las revistas académicas, también en ellas se presentan reseñas de software, CDROMs, sitios webs y libros ligados a la cuestión de las computadoras y la investigación y enseñanza de la historia. American Historical Review, Rethinking History, The History Teacher y The Journal of American History son algunos ejemplos de este nuevo ítem en la agenda historiográfica. Incluso merecen destacarse algunas ediciones online de artículos en los que la versión electrónica posee información suplementaria. En ese sentido podemos mencionar aquí que el primer artículo en el que la versión electrónica permitía acceder a información sensible no publicada en papel fue el de Robert Darnton, "An Early Information Society: News and the Media in Eighteenth-Century Paris", en la revista American Historical Review, en el número de febrero del 2000. Darnton indagaba en dicho texto la circulación de la información en París a mediados del siglo XVIII, en un intento por analizar las relaciones entre los medios de comunicación y la política. El estudio no se detiene exclusivamente en la prensa sino que profundiza en canales de circulación "populares" (canciones, poemas, cafés, etc.). Dice Darnton:

Para saber lo que realmente estaba sucediendo uno se llegaba hasta el árbol de Cracovia…como un poderoso magneto, el árbol atraía nouvellistes de bouche, o chismosos (newsmongers), quienes divulgaban información acerca de los eventos actuales oralmente. Ellos sostenían saber de fuentes privadas (una carta, un sirviente indiscreto, una conversación oída por casualidad en una antecámara de Versailles), qué estaba pasando realmente en los pasillos del poder— y los que estaban en el poder se los tomaban seriamente, porque el gobierno se preocupaba acerca de lo que los parisinos estaban diciendo. Diplomáticos extranjeros alegando lo mismo enviaban agentes a levantar noticias o a plantarlas al pie del árbol de Cracovia.

El análisis de esos poco visibles carriles informativos –ejes de la consolidación de una temprana sociedad de la información– se ve recompensado con el uso de métodos y soportes vinculados a internet: Darnton incluyó en tres suplementos online mapas de cafés en París, canciones en formato mp3 y debates sobre el artículo y el tema.
La revista ha publicado seis "proyectos electrónicos", el último de ellos creado por Jack Censer y Lynn Hunt llamado "Imaging the French Revolution: Depictions of the French Revolutionary Crowd".
En el número 2 del año 2004, la revista Rethinking History incluyó un dossier sobre "Historia y la Web", en el participaron cinco historiadores y artífices de reconocidos sitios web de historia. La editorial del número citado afrontaba ese debate preguntándose si la web cambiaría el mundo del aprendizaje, tal como Robert Darnton había sostenido a fines de la década del noventa. La editorial contrastaba esa certeza con otra: casi un lustro después de los dichos de Darnton la Journal of American History –otra reconocida revista– invitó a nueve historiadores e historiadoras a discutir sobre "La práctica de la historia" y ninguno de ellos mencionó influencias de la web para escribir o enseñar. Finalmente sostuvo que "tal vez la web realmente cambiará la forma de hacer historia, pero no lo ha hecho todavía".
La revista Journal of American History tiene una sección de reseñas de sitios web que dirige Roy Rosenzweig, uno de los más famosos especialistas en el tema que nos ocupa aquí. La apuesta de reseñar sitios, como la de reseñar films requiere otras estrategias retóricas debido a que en muchos casos el ordenamiento de la lectura de textos (la lectura de la secuencia ascendente de páginas, por ejemplo) no coincide con los modos de "ver" las distintas capas de un sitio. Sin embargo, aún si ese esfuerzo no se advierte entre las reseñas de la revista, la consulta de tales reseñas pueden permitirnos conocer lugares que tal vez se transformen en sitios de consulta o debate permanentes. (Por ejemplo, el de Oral History Online).
En History Teacher abundan las presentaciones de experiencias áulicas en las que se trabaja con materiales multimediáticos y sitios web, y el mismo Rosenzweig coordinó una sección de entrevistas a "profesores ejemplares" en la que la gran mayoría de los entrevistados utilizaba materiales de internet como recursos específicos. Mencionaremos aquí el primero de los artículos empeñados en discutir el tratamiento de materiales online en la enseñanza de la historia: "Making History on the Web in Your Classroom" de Kelly Schrum, publicado en mayo de 2001. En él se describía exhaustivamente el sitio History Matters, haciendo hincapié en sus secciones y su contenido. Nuevamente, las interferencias entre la "escritura" del sitio (el modo en que está organizado y los modos en los que puede leerse) y la forma clásica del género (reseña) limitan severamente las posibilidades de advertir las diferencias existentes en un sitio web y, por ejemplo, un libro.

IV

El relevamiento de estos debates -que son escasos en idioma español, como bien señala Anaclet Pons en su presentación del tema en el sitio CLÍO- indica diferentes orientaciones a la hora de concebir los usos de internet entre los historiadores.
Los criterios para evaluar la producción histórica en la web, al igual que sucede con los recursos audivisuales y en especial con el cine, apenas han sido expuestos por algunos docentes e investigadores. La guía para presentar reseñas de websites en la Journal of American History contiene elementos indispensables y nos servirá de matriz para presentar alguno de ellos en este texto. Utilizaremos especialmente la clasificación de tipos de sitios históricos que Rosenzweig hace al comienzo de la guía: a) repositorios de documentación (en especial de fuentes primarias); b) ensayos, artículos o exhibiciones creadas o escritas especialmente para la web; c) recursos para la enseñanza de la historia; d) gateways que proveen acceso a otros sitios; e) sitios de revistas; f) websites institucionales; g) comunidades virtuales. Presentaremos a continuación una breve recorrida por algunos sitios que consideramos ejemplares para los primeros tres ítems de la clasificación de Rosenzweig (aunque algunos de dichos sitios puedan incluirse en otros apartados de la clasificación).

a) documentos y librerías en la web

Una de las polémicas más intensas de los últimos tiempos en las disciplinas ligadas al mundo del libro y la lectura ha sido la posible "muerte" del libro en papel y su posible reemplazo por el e-book. Historiadores como Roger Chartier o Robert Darnton, entre muchos otros -menos conocidos por estos lugares- de los que integran el campo de la historia del libro han intervenido en dicho debate. La digitalización de documentos escritos puede ser vista como un peligro cierto o como la respuesta a la amenaza de la desaparición inminente de los más viejos papeles (10). Lamentablemente es gratuita sólo una pequeña parte de los sitios actualmente existentes que albergan documentación histórica (11):
JSTOR (Journal Storage: The Scholarly Journal Archive) es uno de los sitios financiados por la fundación Andrew W. Mellon. Contiene una colección de más de 170 revistas académicas de renombre (historia, ciencias políticas, artes, antropología, sociología, entre otras disciplinas), con artículos de texto completo. Para leer, por poner un ejemplo, "Hugo Wast, Argentina's Most Popular Novelist" de Ruth Sedgwick, publicado en 1929 en Hispanic American Historical Review, deberá tener una suscripción anual que, para instituciones educativas, alcanza sobradamente las cuatro cifras en dólares.
Un repositorio con el mismo criterio de "moving wall" (artículos no actuales, de uno a cinco años de antigüedad como mínimo, para garantizar la no competencia con las suscripciones a las revistas) es PCI Full Text de la empresa Chadwick.
Otros repositorios pero con publicaciones actuales (casi nunca más de diez años a la fecha) son Project Muse de la Universidad John Hopkins; Ingenta; Proquest, Ebsco Online o las bases de datos del grupo Thomson-Gale. En muchos casos no necesitamos subscribirnos al servicio: nos basta con comprar el artículo que deseamos (Ingenta por ejemplo).
Si se trata de obtener la referencia o una copia impresa en papel o en archivo de alguna tesis aprobada en Estados Unidos puede consultarse el sitio de la empresa Proquest dedicado a la comercialización del material. La misma empresa ha digitalizado periódicos completos como The New York Times (entre 1851 y 1999). El emprendimiento se denomina ProQuest Historical Newspapers.
Grandes repositorios de libros sujetos a copyright, también pagos, son Netlibrary, Questia y Ebrary, este último con algunas ediciones en español.
Entre los más grandes repositorios de imágenes se encuentran Corbis y Artstor.
Si se trata de información estadística, WorldBank es uno de los sitios más visitados.
Los sitios de acceso gratuito con gran cantidad de información histórica son menos pero no pocos: si la información está relacionada con la genealogía, el sitio FamilySearch posee una de las bases de datos más robusta.
History Archive es uno de los sitios más importantes para dar con bibliografía marxista.
Si se trata de publicaciones electrónicas, el proyecto Scielo es el más grande de los repositorios de revistas académicas latinoamericanas, con 50 nombres en línea.
El proyecto Clío es otra de las apuestas en idioma español. Desde 1997 los responsables del sitio intentan "colgar" fuentes primarias, fichas temáticas, ensayos, etc. Sobre temas latinoamericanos el proyecto LANIC (Latin American Network Information Center) es uno de los lugares ya consolidados.
El Handbook of Latin American History es una de las referencias más importantes en Historia de América Latina. Con actualizaciones anuales, el Handbook es un material de importancia en la medida en que concentra información sobre las publicaciones académicas en torno a la materia.
b) Websites de ensayos, estudios o exhibiciones históricos.

Tal como los concibe Darnton, al que hemos citado más arriba, los sitios que presentamos aquí poseen una particularidad: todos ellos pretenden aprovechar diferentes recursos para producir un "texto" menos lineal que el que implica la escritura académica -en el sentido en que no puede presentar sonidos o imágenes en movimientos como parte documental del relato, ni pretende presentar los "borradores", la marginalia o las notas que acompañaron el proceso de elaboración del texto final.

Los Angeles and the Problem of Urban Historical Knowledge de Philip J. Ethington

Pensado a partir de un artículo publicado en American Historical Review, el sitio de Ethington parte de un problema complejo, en la medida en que requiere de abordajes multidisciplinarios, como es el del cambio histórico en clave arquitectural. El sitio abunda en ensayos suplementarios para debatir las distintas aristas del tema central. Las fotografías, los mapas, los modelos construidos a los efectos de demostrar o refutar distintas hipótesis permite advertir la fuerza que adquieren los argumentos a partir del manejo irreprochable de los recursos.

The Valley of Shadows: Two Communities in the American Civil War

The Valley of Shadows

Es uno de las más originales que hemos podido consultar y uno de los más "antiguos" (1993). Presenta una gran cantidad de información sobre dos pueblos de los Estados Unidos: Augusta y Franklin Un pueblo al norte y el otro al sur de la línea Maxon-Dixon. Miles de cartas, censos completos, cientos de imágenes y mapas, entre otros documentos, dan pie a páginas en las que se sostienen y argumentan hipótesis en torno al tema de la Guerra Civil.

The September 11 Digital Archive

Este sitio está organizado por materiales (audio, imágenes, historias, e-mails, imágenes en movimiento, documentos, websites, etc.), diseñado por dos instituciones académicas y sostenido por la fundación Alfred P. Sloan. Desde su creación hasta la fecha, el material que posee ha crecido enormemente gracias a su audiencia.

El sitio de Stefan Landsberger es otro ejemplo, aunque más clásico, del modo en que los historiadores personalmente pueden contribuir a la creación de sitios web. Se trata de una colección de pósteres de propaganda china (desde 1949).

Un ejemplo de estudio histórico "diseñado para ser oído, no para ser leído" puede encontrarse en en el website de The Journal of Multimedia History. Se trata de "I Can Almost See the Lights of Home ~ A Field Trip to Harlan County, Kentucky" de Charles Hardy III y Alessandro Portelli (en el número 2, 1999) (12).

Salta a la vista en este breve recorrido la ausencia de sitios en idioma español. Hace poco Richard Slatta, un historiador conocido por la historiografía argentina, publicó junto con E. Kale Haywood un artículo en la revista Social Science Computer Review (volumen 3, número 2, verano de 2005), titulado: "Enhancing Latin American History Teaching and Research with Computers". En él se enumeran muchos sitios de provecho, pero en su mayoría se trata de repositorios bien organizados de materiales. La lista, poco poblada de recursos en nuestro idioma, puede recorrerse en la página mantenida por el propio Richard Slatta.
Asimismo, el artículo publicado por Herbert Klein y Francisco Vidal Luna -ambos prestigiosos historiadores, especialistas en Historia de Brasil- en la revista Hispanic American Historical Review de noviembre de 2004, "Sources for the Study of Brazilian Economic and Social History on the Internet" nos permite conocer una serie de grandes sitios que recolectan información fundamental y de calidad certificada (debido a que ese tipo de información, proveniente de organismos estatales o instituciones privadas, en la práctica del historiador ya ha sido consultada y evaluada). Sin embargo, la inexistencia de sites como los resumidos más arriba, refuerza la idea de una internet apta para consolidar paquetes de datos y permitir una recuperación rápida de la información requerida; cuando en rigor de verdad lo que debe destacarse es la escasa producción de sitios en los que el objetivo de la interpretación histórica esté al mismo nivel que el de la recuperación de fuentes primarias.
Una búsqueda en Google del término "historia argentina" arroja en los primeros lugares sólo un sitio institucional (el sitio de la Academia de la Historia), que en la actualidad se encuentra un puesto por debajo del sitio de Felipe Pigna y unos cuántos por debajo del primero (Historiadelpais.com.ar) en el que no figura la pertenencia institucional y en el que, antes de permitirnos acceder a la información, nos recomienda visitar publicidad. El sitio de Pacho O’Donnell también figura entre los primeros lugares, a diferencia del sitio de Eduardo Saguier, quien ha escrito un libro que abarca desde el 1600 al 2000 y lo "colgó" de la red para su consulta, que no figura entre los 100 primeros puestos. El libro se denomina Un debate histórico inconcluso en la América Latina (1600-2000).
A excepción del sitio dirigido por Felipe Pigna, la mayoría de los sitios referidos no presenta una variedad de recursos a disposición del lector (documentos históricos, ensayos, grabaciones, films, fotos, etc.). Por su parte, los departamentos o escuelas de historia de las distintas universidades nacionales no han desarrollado sitios web sino para informar acerca de planes de estudios y fechas importantes en el calendario académico. Muchos de ellos se encuentran bajo el paraguas de la unidad académica a la que corresponden: es relativamente fácil alcanzarlos a través de buscadores pero la búsqueda debe ser específica. En efecto, la inexistencia de recursos diversos en sus páginas hace de los sitios de historia construidos por los departamentos argentinos menos una estación en un hipotético recorrido por red, y más una presentación obligada de una dependencia académica. (Vale la pena recordar aquí que las posibilidades de "alcanzar" un sitio a otro en la web son cada vez menores, a medida que aumenta la complejidad de la red. Pueden consultarse mapas e información sobre el tema en revistas como Cybermetrics o en sitios como Cybergeography. En ese sentido, si quisiéramos practicar la creación de "caminos" personales como la que promovía Robert Darnton, pocos de ellos alcanzarían los sitios de los departamentos de historia argentinos, acaso los que mejor pueden garantizar la calidad de la información.)
Los combates entre la historia escrita por divulgadores y la escrita por historiadores libra en la web otra de sus batallas: pero la explicación aquí del éxito de algunos sitios orientados a la divulgación vuelve sobre algunos problemas arriba señalados; mas como se podrá advertir en los sitios indicados, tanto unos como otros no exponen sino una concepción de la web más orientada al archivo que a la creación de formas novedosas de construcción del conocimiento. Las dificultades en la generación de sites creativos es uno de los puntos más importantes en los programas de seminarios dedicados a la relación "historia e internet", pero éstos son escasos en español. Una mirada al acaso más famoso de ellos permitirá entender porqué además de recorridos por la web se hace necesario el análisis y la construcción de sites, y el aprendizaje de distintas herramientas específicas.

La ausencia de actividades ligadas al conocimiento de internet en las currículas académicas no es un problema de escasa relevancia, en la medida en que algunas técnicas han logrado ya afianzarse en el terreno (como son los casos de los seminarios sobre técnicas aplicadas en historia oral o en historia audiovisual; o como los casos menos frecuentes de seminarios dedicados al aprendizaje de manejo de software como el SPSS o Atlas-Ti). La extensión de los usos de la web, aún si resulta absolutamente desigual incluso entre la población universitaria, es continua, y el aprovechamiento de los recursos existentes en ella está claramente ejemplificado en el importante lugar que ocupa el sitio de monografías más conocido en idioma castellano en la búsqueda con la que ejemplifico el problema de la poca difusión (o escasa producción) de casos, diseñados por historiadores académicos, en los que se exploten los recursos del medio para la enseñanza profesional de la historia.
Las revistas específicas, en formato papel, aún no han hecho parte de sus secciones la crítica de sites (pueden hallarse reseñas en algún número de la revista Prohistoria), ni han puesto en línea parte de su producción, salvo excepciones como la parcial colección de Desarrollo Económico en este sitio (Educ.ar). Puede mencionarse, de todos modos, la exitosa producción de revistas online como Mundo Agrario o la revista Herramienta. Un listado de revistas digitales puede hallarse en la exhaustiva web de Universia.

c) Grandes Sitios

Bajos este partado revisaremos tres sitios que contienen materiales de diverso tipo y origen. No son los únicos, pero por su forma de organización, por la cantidad de consultas, y por la cantidad de recursos que los integran merecen especial atención.
El primero de ellos sobresale por el carácter público del emprendimiento (aún si es financiado parcialmente por entidades privadas). Se trata del sitio American Memory de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Una cantidad impresionante de materiales integra cada uno de los tópicos que pueden consultarse en este sitio (historia afroamericana, publicidad, inmigración, tecnología e industria, presidentes, historia de los nativos americanos, religion, mapas, entre muchos otros). Algunos ítems pueden mencionarse aquí como ejemplos: bajo el tópico "publicidad" podemos encontrar más de cuarenta films en la colección sobre Coca-Cola entre 1951 y 1999; y más de novecientos pósteres bajo la colección de la Work Projects Administration, que abarca desde 1936 a 1943. Estos pósteres describen distintos programas estatales y ofrecen un archivo incomparable para el estudio del New Deal. En el tópico "Ciudades, pueblos" podemos hallar la collección de fotografías de Robert Runyon, un fotógrafo de frontera, con más de 8 mil imágenes; o bien dar con la colección de 141 libros acerca de narrativas de la región de la Bahía Chesapeake. En la sección de Historia de las mujeres hallamos una colección de libros y panfletos acerca del sufragio femenino, con más de 10 mil páginas digitalizadas. Con un poderoso motor de búsqueda, la información recogida en este sitio es de fundamental importancia para la historia de los Estados Unidos (una búsqueda de la palabra "hillbilly", por ejemplo, nos entrega más de 30 ítems –imágenes, documentos, archivos mp3 o Real Player y fotografías– "cruzando" más de media docena de colecciones).
Otro de los sitios que debemos mencionar aquí es el del Center for History and New Media. Perteneciente a la Universidad George Mason, alberga más de una docena de proyectos multimediáticos; una serie de herramientas para organizar información, construir sitios web o blogs, entre las que se cuentan, por poner dos ejemplos, un programa para armar líneas de tiempo y un buscador de programas de cursos (Syllabus Finder). Posee además un apartado con distintos recursos en línea (por lo general provenientes de otros sitios) y una sección de noticias. La sección dedicada a ensayos sobre Historia y New Media permite la lectura de clásicos en el tema y se actualiza periódicamente. Y resulta doblemente significativa debido a que muchos de los artículos que se encuentran en la sección fueron publicados en revistas académicas de costosa subscripción (tanto a la versión papel como a la online). Los proyectos del CHNM son sitios web de notable calidad. El ya mencionado sitio sobre el 11-S o History Matters, uno que fue concebido como un puente a otros recursos en la web para la enseñanza de la historia y que en la actualidad posee más de mil documentos históricos para consultar en línea (textos, imágenes y audio), y más de 800 links a otros sitios web. El sitio del CHNM llamado World History Matters es de particular relevancia para los no estadounidenses, debido a que presenta documentos y recursos sobre procesos históricos no específicamente ligados a Estados Unidos, de manera original: como ejemplo puede mencionarse aquí la sub-sección de análisis de documentos en la sección Documentos para la Historia Universal, en la que se presentan distintos casos que muestran cómo los investigadores interpretan los diferentes tipos de evidencia histórica. El caso que trata sobre el análisis de la prensa aborda una serie de interrogantes planteados en el panel de la izquierda (¿Cómo se puede leer un periódico "entre líneas"?, ¿Qué podemos aprender leyendo la publicidad?, entre otros), mientras que el panel de la derecha se utiliza para presentar fotografías mientras escuchamos la grabación de un docente exponiendo una respuesta y podemos optar por seguir la transcripción del relato en una ventana flotante.

Cliowired

Finalmente mencionaremos aquí a H-NET. El sitio es el concentrador de las páginas de más de 200 grupos de discusión acerca de distintos campos de las ciencias sociales (por poner algunos ejemplos: uno sobre Historia de la Eugenesia, uno sobre Antropología Médica; otro sobre Música del sur), con más de 160 mil suscriptores. Por otro lado posee una sección para las reseñas de libros y otra que hace las veces de pizarrón de empleos. Estas redes de discusión en torno a un tema específico utiliza el correo electrónico como herramienta principal; sin embargo es posible "levantar" la información desde el sitio mismo. De calidad dispar, las redes establecidas permiten obtener respuestas casi inmediatas a interrogantes que nos consumirían una cantidad considerable de tiempo si debiéramos recurrir a procedimientos tradicionales de investigación. Como ejemplo puede citarse aquí la página dedicada a la Historia Latinoamericana, desde la que se puede acceder no sólo a la información que circula por mails sino también a otros sitios, a programas de cursos y bibliografías.

logo de H-net

Los distintos ejemplos mencionados en este texto no agotan ni mucho menos los diferentes tipos de emprendimientos que cintilan en internet. Una revisión de las comunidades de amateurs o profesionales que se vinculan a través de los Usenet; de las listas de discusión o informativas (pueden consultarse las de la Universidad de Buenos Aires o la lista Clío); y más recientemente de los blogs dedicados a la historia, ampliarían el estrecho panorama que hemos presentado aquí.

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galgos
Notas

  1. 1. Ilustra bien este punto el caso de Google: mientras son pocos los consumidores que trabajan con otros buscadores para realizar sus indagaciones, Google ha firmado un acuerdo con el gobierno chino por el que, a cambio de contratos millonarios, se compromete a filtrar algunas palabras de su buscador en el idioma nativo…[]
  2. 2. El término ludita hace referencia a un movimiento de trabajadores ingleses que a principios del siglo XIX se opuso a los cambios que el desarrollo tecnológico producía en sus tareas. En ocasiones destruyeron maquinaria textil. El término neoludita tiene un sentido "fuerte" y se refiere a algunos movimientos sociales de mediados del siglo XX que se opusieron a la mercantilización de la vida social, y tomaron distancia de las prácticas culturales consideradas consumistas por ellos mismos. El término debe entenderse en este caso en forma metafórica, e indica la oposición a la introducción irreflexiva de tecnología en la vida de la humanidad.[]
  3. 3. Gertrude Himmelfarb, "A Neo-Luddite Reflects on the Internet" en Chronicle of Higher Education (1 Noviembre de 1996). Todas los links fueron consultados por última vez el 21/01/06.[]
  4. 4. Dice Himmelfarb en el mismo ensayo: "La revolución intelectual de nuestro tiempo, el posmodernismo, antecedió largamente a Internet. No obstante, Internet refuerza poderosamente el posmodernismo: es la tecnología posmoderna par excellence [...] Como el posmodernismo, la Internet no distingue entre lo verdadero y lo falso, lo importante y lo trivial, lo perdurable y lo efímero. La búsqueda de un nombre o frase o tema entregará tanto la viñeta de un comic o un slogan publicitario como una cita de La Biblia o de Shakespeare. Toda fuente que aparece en la pantalla tiene el mismo peso y credibilidad que cualquier otra; ninguna autoridad se "privilegia" con respecto a otra".[]
  5. 5. Robert Darnton, "A Historian of Books, Lost and Found in Cyberspace" en The Chronicle of Higher Education (12 de marzo de 1999). Puede consultarse además del mismo autor los números de febrero y marzo de 1999 de la revista de la AHA, Perspectives: "Three Problems in Search of a Solution" y "A program for Reviving the Monograph" , respectivamente; y "The New Age of the Book" en The New York Review of Books, 18 de marzo de 1999.[]
  6. 6. Patrick Manning, "Gutenberg-e: Electronic Entry to the Historical Professoriate" en American Historial Review, diciembre de 2004, pp. 1505-1526.[]
  7. 7. Orville Vernon Burton, "American Digital History" en Social Science Computer Review, 2 mayo de 2005, pp. 206-220. La cita en la página 207.[]
  8. 8. Entre muchos otros: Roy Rosenzweig, "Wizards, Bureaucrats, Warriors, and Hackers: Writing the History of the Internet" en American Historical Review, Diciembre de 1998, pp. 1530-1552″; Paul Gutjahr, "No Longer Left Behind: Amazon.com, Reader Response, and the Changing Fortunes of the Christian Novel in America" en Book History, 5, 2002, pp. 209-236; y Arturo Escobar, "Welcome to Cyberia" en Current Anthropology, número 3, Junio de 1994.[]
  9. 9. Ulrich’s Periodicals Directory, el megasitio con información de revistas académicas sí lo hace, pero requiere subscripción.[]
  10. 10. Nicholson Baker –a quién conocemos por aquí por su novela corta Vox- ha publicado hace algunos años un muy polémico libro sobre los accidentes y las políticas de "eliminación" del papel viejo por distintas grandes bibliotecas. Uno de los argumentos que Baker cuestiona es la correlación entre digitalización y eliminación del formato papel. El autor dirige el proyecto American Newspapers Repository. En el sitio de la Association of Research Libraries pueden hallarse buena parte de las intervenciones que causó la publicación de Double Fold: Libraries and the Assault on Paper.[]
  11. 11. Roy Rosenzweig, "The Road to Xanadu: Public and Private Pathways on the History Web", en Journal of American History, volumen 88, número 2, Septiembre de 2001, pp. 548-579.[]
  12. 12. En el número 3 de la misma revista, The Journal of Multimedia History, puede leerse el artículo de Robert Griffith, "Un-Tangling the Web of Cold War Studies; or, How One Historian Stopped Worrying and Learned to Love the Internet", que contiene sólida información sobre los sitios dedicados a la guerra fría.[]

2 Comments

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