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la cgt y el 17 de octubre
el 17 de octubre de 1945 es un hecho histórico de evidente relevancia para la comprensión de la argentina contemporánea. Hasta el momento no hay acuerdo, y es dudoso que lo haya en el futuro, acerca de las características de la movilización popular acaecida ese día; para algunos, predomina la “espontaneidad” popular; otros colocan el énfasis en la “organización” de la movilización por un liderazgo en ciernes. Parte de ese desacuerdo está vinculado con la conocida asincronía entre la declaración del paro general por la cgt para el 18 de octubre, y la fecha de la famosa jornada. En torno a esa declaración ha existido, y aún existe, una versión legendaria, que fuera recogida por luna (el 45), y gambini (historia del peronismo), entre otros. En esencia, la versión afirma lo siguiente. Reunida la cgt el 16 de octubre de 1945 para analizar si se declaraba o no una huelga general, los dirigentes sindicales estaban divididos en dos partes prácticamente iguales, con una leve mayoría de los partidarios del “no”. En ese trance, un dirigente del gremio de los estatales, antiguo militante de forja, fue de algún modo persuadido por arturo jauretche para que participe de la reunión y “vuelque” el resultado de la reunión a favor de la declaración de la huelga. Así, la sesión finalizaba con un exiguo resultado de 21 votos favorables y 19 contrarios a la huelga, declarada por 24 horas para el 18 de octubre. Otras versiones similares suponían un resultado de 19 a 18 por la huelga. Don luna, por su parte, agregaba un elemento más –con cierta malignidad- afirmando que borlenghi, por entonces máximo dirigente del gremio de empleados de comercio y luego ministro del interior en las dos primeras presidencias de perón, hubo de pronunciarse en contra de la huelga.
Esta versión ha sido rebatida desde el momento que se publicaran las actas del comité central confederal correspondientes a esa reunión del 16 de octubre. Esas actas, que según luna habían desaparecido de los archivos de la cgt, fue encontrada o recobrada por la investigadora louise doyon, quien cedió el documento a la redacción de la revista pasado y presente, donde fuera publicado por primera vez en el número 2/3 de julio-diciembre de 1973. Posteriormente, las actas fueron publicadas nuevamente en la compilación de juan carlos torre (la formación del sindicalismo peronista), de 1988. El documento permite observar las disímiles posiciones y argumentos de los líderes de la “vieja guardia sindical”, donde se combinan de formas variadas las pretensiones de autonomía sindical, las aprensiones ante las posibles pérdidas de conquistas sociales y el reconocimiento de las actitudes pró-perón de las bases trabajadoras. Un análisis consistente, y a mi juicio convincente, de lo tratado en esa reunión se encuentra en el artículo de torre (la cgt y el 17 de octubre de 1945, en la compilación recién citada). Pero yendo al punto específico que me interesaba tratar aquí: las actas han mostrado definitivamente que el resultado de la votación fue de 16 a favor de la huelga y 11 en contra. De estos 11 en contra, 8 eran de la unión ferroviaria; esto es interesante remarcar, ya que los ferroviarios votaron en el ccc de acuerdo a lo decidido por la organización, y no de acuerdo al “leal saber y entender” de cada dirigente: en rigor, al menos dos de esos delegados ferroviarios argumentaron a favor de la huelga –aunque luego votaron en contra, por disciplina hacia su organización. La argumentación y el voto del mentado dirigente forjista –libertario ferrari, quien pertenecía al sindicato de estatales- fue a favor de la huelga; pero su intervención, que fuera políticamente precisa y punzante, sólo contribuyó a reforzar el sentir favorable a la huelga de una mayoría de delegados en la reunión: no hizo falta “maniobra” alguna. Finalmente, cabe indicar que borlenghi no participó de tal sesión; y no lo hizo por el simple motivo que los empleados de comercio no formaban parte entonces del comité central confederal de la cgt.
Nada de lo dicho hasta aquí presupone o sugiere que la interpretación relativa a la influencia de la cgt, o de sus dirigentes, en el desencadenamiento del 17 de octubre pueda hallarse cancelada. Sobre este punto se sigue, y se seguirá, debatiendo. Pero lo cortés no quita lo valiente; y toda explicación o interpretación del hecho no puede basarse en la recapitulación de una versión mítica, sino en el análisis de los documentos.
Las fuentes (y cómo usarlas) en la era digital
The Chronicle of Higher Education se plantea el asunto de las fuentes y la citación. Los estudiantes que empiezan su investigación, nos dice, ya no citan como solían. Más aún, tienen dificultades para evaluar la credibilidad de la información que encuentran, ya sea impresa o en línea. Al menos eso es lo que plantean dos docentes del Mesa Community College, a la luz de lo que han experimentado en sus cursos. Así que Rochelle Rodrigo L. y Susan K. Miller-Cochran han presentado su The Wadsworth Guide to Research, publicada este año por Cengage Learning. Además, en noviembre presentaron algunas de sus estrategias en el simposio Rock the Academy del New Media Consortium, que se desarrolló en Second Life (nada menos, y nosotros con estos pelos!).
A propósito de todo ello, The Chronicle entrevista a la profesora Miller-Cochran
P. ¿Qué le hizo pensar que los estudiantes necesitan ayuda?
Si usted mira la mayoría de los libros de texto para los cursos de escritura, verá que tienden a enseñar a los estudiantes a clasificar las fuentes de dos maneras: las impresas, que pueden hallarse en una biblioteca o archivo, y las que existen en internet, en línea. El hecho es que realmente no importa mucho si una fuente está en línea o impresa. Queremos que los estudiantes vayan más allá de esa división, que piensen sobre quién es el autor de la fuente, sobre cómo se ha compuesto antes de publicarse, cosas así, más allá de dónde estaba localizada cuando la encontraron.
P. ¿Qué propone a partir de esa primera evaluación?
Pedimos a los estudiantes que piensen en el sentido del proceso de publicación. ¿Fue compuesto antes de su publicación, fue revisado por otros o es autopublicado? Luego también les pedimos que piensen en cómo puede cambiar la fuente con el tiempo, según la forma en la que se publicó. ¿Es una fuente estática que una vez publicada ya no cambia en absoluto? ¿Se trata de una fuente sindicada, algo así como una revista o un periódico? ¿O es una fuente dinámica, algo que podría estar cambiando constantemente con el tiempo?
P. ¿En qué medida los estudiantes cambian de hábitos cuando consideran estas cuestiones?
La diferencia más inmediata es que la primera opción de mis estudiantes ya no es ir a la Wikipedia o a Google. Cuando empiezan el curso, ese suele ser su modus operandi habitual. Ahora, en cambio, es mucho más probable que vayan a la base de datos de una biblioteca, por ejemplo. Y cuando la utilizan, puede que elijan la opción de búsqueda sólo para artículos académicos, porque ahora entienden la diferencia entre algo que es revisado por sus pares y algo que se acaba de editar una revista popular.
También tienen una mayor comprensión del contexto de la investigación que están haciendo. Así que en lugar de hacer un trabajo escrito sólo para mí, la profesora, están pensando en la posible audiencia que podría tener su objeto de estudio. Piensan en cómo podrían persuadir a alguien acerca de un asunto en particular -lo cual regula las decisiones que toman acerca del tipo de fuentes que pueden utilizar.
P. ¿Es difícil sacar a los estudiantes de Google y la Wikipedia?
Realmente difícil. Me refiero a que Google y la Wikipedia son realmente convenientes. No son el demonio.
Muchos profesores abordan el asunto de la Wikipedia de forma simple, diciéndoles a los estudiantes: “No se puede utilizar. No es fiable”. Nosotros no queremos hacer eso. Queríamos entender realmente cómo se escribe la Wikipedia , cómo se construye, cómo funciona el proceso de revisión y edición, a fin de que puedan determinar de qué modo les puede ser útil en su investigación.
P. ¿Qué conclusiones extrajeron del simposio en Second Life?
Me di cuenta con el debate de que si un mayor número de profesores, sobre todo de inglés, se asociaran con las bibliotecas a la hora de enseñar cómo investigar, nos iría mejor. No siempre trabajamos con las personas de nuestras propias instituciones que realmente nos ayudarían a tener una comprensión más profunda de la información y de los recursos que los estudiantes están encontrando.
Darnton sobre Google
De nuevo.
Ya mencionamos un texto de Robert Darnton contra sobre Google, publicado hace un tiempo en el The New York Review of Books. Allí Darnton sonaba como un lamento bibliotecario frente a la arremetida Google en el campo de la digitalización. (Largo paréntesis: En la revista Pasajes de otoño 2008, Anaclet Pons y Justo Serna coordinaron un dossier titulado Internet, libros y cultura digital. En ese dossier hay varios artículos muy recomendables para ser leídos y discutidos: el de Pons (sobre digital history); el de Serna (sobre la experiencia de los blogs); una puesta al día sobre proyectos de digitalización escrita por Julia Puig, quien forma parte del proyecto Cervantes Virtual; una nota de Manuel Talens sobre traducción e internet; un notable texto de Paul Mathias (artículo que un día de estos alguien subirá a scribd.com o a rapidshare); una entrevista muy amena y lúcida a Javier Echeverría acerca del "tercer entorno", y finalmente, la traducción del artículo de Robert Darnton.)
Ahora Darnton escribe de nuevo en NYRB acerca del copyright. Un artículo mucho menos nostálgico que el anterior, que revela el evidente deterioro del aura de ese privilegio en la era de la reproducción digital. Darnton no llega a promocionar su caída; en lugar de eso, se pregunta cómo hacer para democratizar el acceso al conocimiento (como hace Google) pero sin multiplicar las chances monopolísticas de la empresa ya multifacética. (Me entero por el libro en progreso de Siva Vaidhyanathan, la googlización de todo.)
pd: si alguno se interesa por la revista Pasajes no se gaste en enviarle un mail a la empresa que la distribuye porque no contestan ni uno (gracias Mariano por enviármela). Ese sólo aspecto de la (in)difusión del conocimiento puede servir como justificación para los desaprensivos escaneadores, los anarquistas del conocimiento, los maledetti pirati.
sol naciente
john pocock afirmaba que el método del historiador era bastante fácil de describir: “sentarse y leer; sentarse y pensar; sentarse y escribir”. Como se habrá advertido, los integrantes de tapera hemos andado un tanto reacios a llevar a cabo tan simple metodología, agravada tal vez por la ausencia de voluntad en bucear en algún tema “serio” en las vacaciones veraniegas…en fin, como no tenía gran cosa por hacer, me puse a buscar en la internet, lugar donde puede encontrarse una variedad increíble de cosas –útiles o no- una versión de “the house of rising sun” que me había gustado mucho cuando era un pibe: la de frijid pink. Esta era una variación, aunque entonces no lo sabía, de otra previa realizada por the animals. En esa búsqueda, sin embargo, me deparé con otra, aún anterior (1962) cantada por bob dylan. Y aunque a mí no me atraen mayormente los canta-autores norteamericanos, debo reconocer que la versión de dylan es conmovedora; con el detalle adicional de que mantuvo lo que parece ser el sentido original de la letra de la tradicional canción: la perspectiva femenina (perspectiva que fue modificada por los animals en la versión grabada dos años después de la de dylan). Bueno, nada. Como me gustó, la pongo acá para compartir. Buen año para todos.

marxismo cósmico

La estrella roja del título del libro es el planeta Marte. El planeta Marte de 1908: rojo, con canales, algo más cercano que el de hoy. El protagonista del libro, un tal Leonid, es un revolucionario marxista (uno que se quedó del lado más radical después de la fractura del partido socialdemócrata ruso en 1903), al que un día invitan a viajar a Marte. Unos marcianos lo convencen muy rápidamente de que eso es lo mejor para él y para el socialismo. Y se sube a un ethenoreph y llega en unos meses al planeta vecino. Allí se practica el socialismo desde hace rato. Aunque su relato es más bien superficial en lo que respecta a la historia de Marte, sabemos que allí los modos de producción se sucedieron de igual modo que aquí, sólo que allá las cosas fueron más rápidas, las luchas menos cruentas, la vida no tan complicada (Leonid especula que tal vez eso obedezca a que Marte está más lejos del sol y las especies no son tantas como aquí, y sus batallas por sobrevivir no tan jugadas; pero aquí habrá que ir más allá de esa especulación y acercarse a la tectología, el desarrollo más reconocido del médico Bogdanov). El socialismo marciano es una tremenda fantasía de trabajo libre, poligamia, escasa coerción, nuevas pedagogías, fábricas bruñidas, desarrollo organizativo, armonía entre el campo y la ciudad, debate productivo, etc. Además, Leonid, elegido entre miles de potenciales embajadores (los marcianos prefirieron no invitar al "viejo de la montaña" -por su carácter de hierro, por su rigidez- o al poeta revolucionario -Gorki- y entre los pocos ilustrados trabajadores señalaron a Leonid), entabla cordiales relaciones con algunas mujeres, se proletariza, descubre la faceta colonizadora de los marcianos (estaba todo bien por aquel entonces en el planeta pero mientras tanto se comían todos los recursos), se agarra unas alucinaciones, asesina a un conspirador. En fin, al tiempo se vuelve. Queda un poco loco; se cura; se pone al tanto del proceso revolucionario; se suma a las huestes socialistas; tira unas granadas que dan en el blanco; lo hieren; parece que va a morir; su amor marciano viene a buscarlo, y se lo lleva nomás.
Para Richard Stites -lo dice en el prólogo y en su muy buen libro Revolutionary Dreams-, Bogdanov era un tipo importante en su tiempo y su obra fue muy leída en los veinte. Sus disensos con Lenin y con Gastev, su narrativa science fiction, sus experimentos sociales, sus críticas al taylorismo y su insistencia con el tema de las transfusiones (en 1928 intercambió su sangre con un joven enfermo y se murió) son materiales que pueden leerse entre líneas en el relato que acabo de contar malamente. Otros textos así lo han hecho (aquí, acá, acullá, más acá). Eugene Zamiatyn escribió su excelente Nosotros (1920) como una suerte de respuesta a Red Star. George Orwell dijo haber leído a Zamiatyn y reconoció su influencia en 1984. Lo mejor de Bogdanov está en esa red textual sobre la que se piensa la imaginación utópica del siglo XX. Pero también está en Red Star (y en los textos que acompañan a este relato), aunque de eso conviene no decir nada porque como los chistes, si se explica pierde la gracia.
