ajedrez

Bobby Fischer

Murió Bobby Fischer y con su muerte muchos recordaron el match del siglo en 1972. Ese recuerdo no es uno de inspiración geopolítica: pese a la cantidad de libros o artículos que han tratado de "profundizar" en la relación entre guerra fría, distensión y el match Spassky-Fischer, lo que queda es un clima de época, una respiración, un drama (lo mejor sigue estando en las páginas que escribieron Pachman y Steiner). El recuerdo se parece al que escribió García Márquez en Cien años de soledad, en donde alguien evoca el momento en que su padre lo llevó a contemplar el hielo. Así, en muchas de las notas que reparan en la muerte del genial ajedrecista, los autores rememoran su iniciación al ajedrez de la mano paterna (paterna en un sentido amplio, digamos, el ajedrez por entonces era aún más machista que en la actualidad). Es probable que la muerte de Fischer -en la medida en que Fischer alcanzó cimas heroicas en un juego que amenazaba por aquellos días en convertirse en un ejercicio de genios, en una ciencia, en un arte y una filosofía- pueda ser vista como la clausura de un período en el que la herencia social derramaba el patrón letrado (de padres a hijos) a través de los juegos de tableros como el ajedrez y el dominó (las damas siempre fueron ninguneadas) o la hechura alquímica de los crucigramas.
Por mi parte siempre pensé que Fischer lo había hecho sin padre y sin dinero. Cuando leí que algunos creían entrever en la formación de Viswanathan Anand su estilo ajedrecístico (se la pasaba jugando rápidas y debía esmerarse para no perder el puesto en el tablero), pensé en que tal vez había en los juegos de algunos grandes maestros un fuego de infancia pobre que no se apagaba nunca (con iguales frecuencias de fortaleza y miedo). Pero después se me pasó.

Otras noticias en: uno, dos (buen texto el de Guillermo Piro), tres, cuatro -otro bueno-, cinco, seis -próximas partidas comentadas-, siete -otro buen relato-, ocho.

rusos

No sé si es sabido y recién me entero, pero se puede formular el siguiente axioma: cuando se habla de rusia, se habla del frío, del vodka, de la gladnost, de la caída del comunismo. Pero si se habla de los rusos entonces las cosas vuelven a la era de la Guerra Fría. ¿Quienes fueron? Los rusos.
Quizás haya que atribuirle este giro a los oficios de Vladimir Putin, quizás no: las acusaciones que pesan sobre el presidente ruso (por la masacre del teatro, por el asesinato de la periodista Politkóvskaya, por la muerta de Litvinenko) pasaron a formar parte de una trama en la que Loose Change hace las veces de espejo.
Así, Veselin Topalov se integra a la lista de aquellos políticamente posicionados a raíz de sus acusaciones a Kramnik y a los rusos. Dice Topalov en el reportaje que le hace el diario ABC: El Kremlin nunca reconocerá que envenenó al espía ruso, lo que parece obvio, ni Kramnik que hizo trampas.
Estamos hablando de ajedrez.
Al parecer, los rusos habrían mantenido contacto a través de un cable de red y de teléfonos celulares con Kramnik. Este se habría levantado al baño en incontables oprtunidades, como si hubiera estado comiendo una picada de 32 platitos. Topalov afirma que los rusos eran unos aficionados y también sugiere que tenían ayuda:

quotep

-¿Cree que Kramnik siguió haciendo trampas después de destaparse el escándalo?
-Personalmente, creo que sí y que el nuevo método fue mejor.
-¿También en el desempate?
-Ahí tenían un sistema que no fallaba. En la cuarta partida, incluso cuando ya me tenía ganado, Kramnik hizo una jugada que sólo se le ocurre a una máquina. Luego, tenía derecho a un día de descanso, pero ni enfermo lo pidió. Si te van a pasar las jugadas, mejor jugar cuanto antes. Pero lo hicieron mejor que la chapuza de los cables.

Años de tradición coercitiva y nuevas técnicas a la Dilinger hacen de los rusos, seres despiadados:

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-No podría decirlo. Era una situación muy tensa. Si lo anunciábamos el match se cancelaba, y yo quería jugar y ganar el dinero prometido. Además, había amenazas.
-¿Por parte de quién?
-En principio anónimas, pero cerraron el aeropuerto. Es fácil hablar desde aquí, pero cuando uno está en Rusia te planteas cómo salir. ¿Caminando? Y olvídate, por supuesto, del dinero. Así que nos callamos y siguió el match.

El plan de Topalov se parecía al palo y a la bolsa, pero estaban los pungas y claro, estaban la máquina kramnik, los rusos y cómo no, las miasmas del polonio.

topalov

kramnik cae

Como Haffner, pero no tan rufián, Kramnik cayó ante Deep Fritz. Hace un tiempo hicimos referencia a los dichos bradburianos de Kramnik en la previa del match. "Quizá yo sea la última persona que pueda superar a un ordenador", dijo en algún reportaje. Con cuatro tablas y dos victorias (una de ellas por un error increíble del humano), el enano que habita en el interior de Deep Fritz se quedó con el match. 4-2. En el blog de Judith Polgar se puede seguir la partida y el análisis de la campeona. El análisis es, con todo, más interesante a los fines de este post que la partida propiamente dicha.
Daría la impresión que los grandes maestros reconocen muy bien el tipo de juego de la máquina, a juzgar por lo que dice Polgar:

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10.Re3!?!?!?!? (THIS is a computer move :) I have not seen this move before. GM Rustemov said: "Kramnik should be laughing at the board." I would love to see Kramnik's face after Fritz made that move.)
[...] 18…Ng8 (The idea of this move is to put the Bishop on f6 which is a better square. If people see this game for the first time without knowing the names of the players, they must think White is an amateur with Re3 Rg3 stuff. How computer brains are so different from humans.)

Sin embargo, eso que parece ser una ventaja (como resulta serlo todo tipo de reconocimiento) no sea sino un síntoma de un zócalo común a las escuelas ajedrecísticas (una ceguera: no jugar asiduamente 10.Re3 en una variante de la Siciliana que tiene mucha tradición). ¿Quién irá tras la escuela transmoderna?, ¿Quién juega o jugará a lo cyborg?

Sussman

wittgenstein

Afecto a las preguntas extravagantes, Ludwig Wittgenstein solía ejemplificar sus expresiones o interrogantes a través del ajedrez (Kenny reparó muy bien en este punto). Copio este dibujo porque preocupado por las trampas y los espejismos del lenguaje, inquietado por los límites que columbraba en cada incógnita, Wittgenstein pintó en él la suspensión de una certeza: un verdadero zugzwang del pensamiento.

Wittgenstein

A un costado del dibujo puede leerse:"Un juego de mesa, de hecho el ajedrez, pero el tablero tiene un cuadrado que no se puede usar nunca. Esto podría ser engañoso" .
La nota siguiente acerca mejor la idea de zugzwang a los movimientos que el filósofo va ensayando: "Un juego de mesa en el que se dice que sólo un hombre juega, que el otro «responde»".
Referencia: "Notas para las clases sobre «experiencia privada» y «los datos de los sentidos»" en Ocasiones filosóficas, 1912-1951.

ajedrez y máquinas

Después de mucho tiempo se unificó el título mundial de ajedrez. A partir de mañana Veselin Topalov y Vladimir Kramnik se enfrentarán para disputarlo. Sin embargo, otro evento llama la atención en la agenda de Kramnik (quien ya venció a Kasparov y a Leko en matches por campeonatos mundiales): su batalla contra la computadora Deep Fritz. Las declaraciones del jugador publicadas en Chessbase ratifican cuánto hay en juego cuando un avatar cada vez más sofisticado del engine Deep Fritz aparece en escena:

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Periodista: ¿Quién es favorito en Bonn desde tu punto de vista?

Kramnik: Sin lugar a dudas, el ordenador. Las máquinas se han hecho mucho más inteligentes. Asumo muy bien que el programa de ajedrez Deep Fritz tiene el papel de favorito en nuestro encuentro. Tiene las mayores posibilidades de ganar el duelo. No obstante, creo que hay posibilidades de golpear de lleno al ordenador en alguna partida. Quizás yo sea la última persona que pueda superar a un ordenador.

Esa última frase, por cierto más cerca del estilo bradbury que del estilo Fischer, es el deseo de cientos de entusiastas que miran cada match hombre-máquina que se transmite online a través del software de la empresa Chessbase: que alguna vez uno de esos Deep apabulle al hombre o a la mujer que mueve las pieza contrarias. Se ha puesto tan por encima de los mortales a los jugadores profesionales de ajedrez (ver aquí) que la hinchada fantasea con su derrota a manos de inteligencia artifical.
Es conocida la prueba que Alan Turing inventó para saber si la máquina había alcanzado el nivel de los humanos. Estas máquinas de alta performance ajedrecística no lo hacen, pero el antropomorfismo que circula en los comentarios de analistas humanos sobre el juego de estos programas cede estilos, ánimos, pulsiones a las permutaciones que la sinergia de poderosos microprocesadores produce: reléanse, por ejemplo, los comentarios del GM John Nunn a la 6ta partida del match Kasparov-Deep Blue, en los que abundan los adjetivos para el juego de la máquina ("irónicamente", "pero Karpov nunca jugó así", etc.). El argumento de Turing, si hubiera diseñado su prueba veinte años más tarde, tendría más tono postestructuralista: diría menos de lo que debe ser una máquina y más sobre lo que se dice de ella. Y este es uno de los puntos del debate sobre internet y producción de conocimiento que todavía no se ha podido estabilizar.