del fárrago de cosas que anduve leyendo estos días, calculo que como la mayor parte de los argentinos, sean de “la gente” o “del pueblo”, me gustaría citar algunas, aprovechando las herramientas cortar y pegar.
I.
las reacciones estridentemente favorables a las cacerolas del centro porteño llegaron a tal punto que me indignaron. Pero, pensándolo un poco, no me indignaron los comentarios, sino las cacerolas mismas. ¿y por qué? Y no sé. Supongo que será porque uno se posiciona políticamente no tras largos raciocinios acerca del “verdadero” interés de clase, o tras morosas evaluaciones acerca de las “ofertas” en el mercado político, sino porque alguna cosa “adentro”, poco meditada, le hace salir el indio (o el pituco, depende), ante la presencia de ciertas palabras, o actitudes, o imágenes. Y algo así estaba leyendo en esta nota de juan sasturain:

Y ahí uno, literalmente, siente que toda la tarea de autocontrol y budismo zen de entrecasa aplicado a la cuestión política se va al carajo. Porque más allá de haberse sacado escuditos y marchas en busca de coherencia personal, más allá de atorrantes, patoteros y corruptos impresentables que ensucian la mejor foto, hay gestos enfrente tan repugnantes que lo obligan a uno a trazar una raya de tipo barrial: con éstos no, con éstos no me junto, no aprenden, no quieren ver, el odio los ciega. Y ahí, por eso, uno siente que si habla se saca, que va a terminar a los gritos y a las trompadas como en los viejos tiempos, que no puede ser que haya que ver y escuchar cosas (espontáneas, viscerales, verdaderas) que parecía que nunca más (…) Es que después de lo que escuché en las adhesiones a la protesta, después de la visión y lectura de algunas coberturas del conflicto, después de ver aflorar el prejuicio, la ceguera y la peor mala leche clasista histórica sólo me salía, si acaso me cruzaba con alguno, mandarlo a él y a todos esos –supongo inconscientes– a la reputísima madre que los reparió.
II.
lo que en sasturain forma parte de una disculpa ante unos amigos por no haber salido de su casa, para no hacer eso que dice, en el expiquetero d´elía se hizo carne, o puño por mejor decir. Es indudable que el hombre venía siendo hostigado por un integrante de la “gente”, y reaccionó mal. Pero las reacciones a su reacción fueron aún peores, y sobre la cabeza del morocho llovieron las críticas como si fueran trompadas. Y leyendo y leyendo, deparé con este comentario de la estudiante:

D’Elía es impresentable y ya dijimos que no entendemos por qué los hombres arreglan las cosas con violencia. Pero ayer me acordé de otra piña, en otro contexto, de un (ex?) integrante de la clase trabajadora a un productor rural. John Prescott era el deputy prime minister de Tony Blair. Trabajó de mozo en la marina mercante, donde era líder sindical, y fue subiendo en los escalafones del Labour Party hasta llegar a ser el segundo de Blair. Los “tabloids” lo llamaban “two jags” porque tenía un Jaguar propio en el garage y usaba otro como auto oficial. En las campaña de 2001, un trabajador rural, de la Countryside Alliance, le tiró un huevo en la espalda. Prescott se dio vuelta y le pegó con la izquierda en la cara. Los tabloids titularon “two jabs” (dos piñas). En el Independent, describen la preocupación del gobierno frente al incidente. Una integrante del equipo de Blair dijo “la clase media no lo va a entender”, pero otro dijo “va a caerles bien a los D’s y E’s” refiriéndose a la clase trabajadora. Supongo que algo parecido habrá pasado con la piña de D’Elía.
III.
detesto la palabra “impresentable”. La asocio a personas de talante radical; no “rádical”, sino radical nomás. Radical galerita, para quien los peludistas serían impresentables. Como es fácilmente visible, incluso por las citas anteriores, el término tiene un uso extendido. Y bué, que vachaché. En todo caso, si hay que usar la palabra porque está de moda, usémosla en referencia a cosas, y no a personas. Así, “impresentables” serían los comentarios o análisis de la dicotomía existente entre “el campo”, acompañado por “la gente”, y el gobierno y sus “clientes”, los que tienden a una monocromía que aburren. De lo leído, me llamó la atención, o mejor dicho me decepcionó, esto que dice maristella svampa:

Lo cierto es que el sobretono de la Presidenta, exhibido el martes 26 de marzo, despertó la indignación de muchos argentinos –que probablemente no la votaron– y que salieron a repudiar su actitud, munidos menos de un discurso elaborado que de un malestar, una impugnación común que nuevamente se expresó a través del ruido ensordecedor de las cacerolas. Así, sería lamentable caer en la trampa de las interpretaciones lineales, afirmando que los cacerolazos fueron el fruto de la conspiración de golpistas trasnochados o la expresión sin más de la defensa del “campo”. Había mucho más en esa suerte de magma ideológico que atraviesa a nuestras volátiles clases medias. El Gobierno debería tomar nota de eso, sobre todo si recuerda que en las últimas elecciones, y pese al auge del consumo, parte de esas clases medias decidieron darle la espalda. Pero una vez más la espontaneidad estuvo del lado de la crítica, de la oposición, y no del lado del Gobierno, ya que aquellos que apoyan las retenciones al agro no tuvieron un espacio desde el cual manifestarse. A menos que uno decidiera alinearse junto con las “masas encuadradas” de los piqueteros K o las huestes de Moyano, algo improbable dado el tipo de vínculo que dichas organizaciones tienen con el Gobierno: la dependencia, la subalternidad, la instrumentalización.
eh, maristella, pará la mano. Este parece un comentario de tipo “beatrizsarlesco”, y un poco lejano de lo que uno esperaría de una intelectual de izquierda. Las cacerolas no son “nuestras clases medias”, siquiera son las clases medias porteñas. Y es obvio que en las cacerolas “había mucho más”: había antiperonismo visceral. El mismo que le molestó a sasturain, y a mí, y a tantos.
IV.
la finalidad económica de las retenciones no me queda clara. Leo los blogs de los economistas, algunos a favor, otros en contra (las notas económicas sobre el asunto son algunos a favor, muchos en contra). Son una herramienta de redistribución, dicen algunos; otros, que apenas tienen propósitos fiscales. De todo ello, me quedo con una nota de eduardo míguez; yo no comparto la tendencia ideológica de este historiador, pero me parece que acá le da una vuelta de tuerca al asunto, útil para pensarlo:

Hace ya muchos años, los economistas denominan "enfermedad holandesa" ( Dutch desease ) al efecto sobre la industria de una cierta bonanza en los sectores primarios. Los ingresos generados por la exportación de un bien primario tienden a elevar la tasa cambiaria, lo que hace menos competitivo el sector industrial, provocando una desindustrialización o, por lo menos, un menor crecimiento en ese sector (…) Si éste es el fundamento de las medidas que afectan y restringen la exportación, o al menos parte de ese fundamento, lo que en realidad se busca no sólo es incrementar la recaudación fiscal. No es sólo asegurar una provisión de alimentos baratos para el mercado interno, sino incluso, concretamente, limitar el crecimiento de las exportaciones agrícolas. Se trataría, así, de evitar que los mayores ingresos de divisas generados por el sector rural -y destinados nuevamente a él- presionen hacia el alza de la tasa cambiaria. De hecho, el Banco Central hace tiempo que tiene serios problemas para mantener bajo el nivel del peso, y un aumento del ingreso de divisas por la exportación primaria puede estar muy lejos de ser bienvenido. Si es así, desde luego, es muy comprensible que el ministro de Economía no llame a una conferencia de prensa para explicarlo. A nadie le caería muy bien que el Gobierno anunciara que en realidad lo que busca es evitar un crecimiento de las exportaciones. Aun cuando la medida tuviera buen sustento académico, sería difícil de digerir por el público. Incluso así, una decisión de ese tipo tendría buena justificación, si mediante ella se lograra dar un fuerte impulso al crecimiento del país basado en la industria y en otros sectores de la economía que incorporen más valor agregado.
V.
varias de estas notas las vi en arte política, y aprovecho para saludar el emprendimiento.