comentarios

corto y pego

del fárrago de cosas que anduve leyendo estos días, calculo que como la mayor parte de los argentinos, sean de “la gente” o “del pueblo”, me gustaría citar algunas, aprovechando las herramientas cortar y pegar.

I.
las reacciones estridentemente favorables a las cacerolas del centro porteño llegaron a tal punto que me indignaron. Pero, pensándolo un poco, no me indignaron los comentarios, sino las cacerolas mismas. ¿y por qué? Y no sé. Supongo que será porque uno se posiciona políticamente no tras largos raciocinios acerca del “verdadero” interés de clase, o tras morosas evaluaciones acerca de las “ofertas” en el mercado político, sino porque alguna cosa “adentro”, poco meditada, le hace salir el indio (o el pituco, depende), ante la presencia de ciertas palabras, o actitudes, o imágenes. Y algo así estaba leyendo en esta nota de juan sasturain:

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Y ahí uno, literalmente, siente que toda la tarea de autocontrol y budismo zen de entrecasa aplicado a la cuestión política se va al carajo. Porque más allá de haberse sacado escuditos y marchas en busca de coherencia personal, más allá de atorrantes, patoteros y corruptos impresentables que ensucian la mejor foto, hay gestos enfrente tan repugnantes que lo obligan a uno a trazar una raya de tipo barrial: con éstos no, con éstos no me junto, no aprenden, no quieren ver, el odio los ciega. Y ahí, por eso, uno siente que si habla se saca, que va a terminar a los gritos y a las trompadas como en los viejos tiempos, que no puede ser que haya que ver y escuchar cosas (espontáneas, viscerales, verdaderas) que parecía que nunca más (…) Es que después de lo que escuché en las adhesiones a la protesta, después de la visión y lectura de algunas coberturas del conflicto, después de ver aflorar el prejuicio, la ceguera y la peor mala leche clasista histórica sólo me salía, si acaso me cruzaba con alguno, mandarlo a él y a todos esos –supongo inconscientes– a la reputísima madre que los reparió.

II.
lo que en sasturain forma parte de una disculpa ante unos amigos por no haber salido de su casa, para no hacer eso que dice, en el expiquetero d´elía se hizo carne, o puño por mejor decir. Es indudable que el hombre venía siendo hostigado por un integrante de la “gente”, y reaccionó mal. Pero las reacciones a su reacción fueron aún peores, y sobre la cabeza del morocho llovieron las críticas como si fueran trompadas. Y leyendo y leyendo, deparé con este comentario de la estudiante:

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D’Elía es impresentable y ya dijimos que no entendemos por qué los hombres arreglan las cosas con violencia. Pero ayer me acordé de otra piña, en otro contexto, de un (ex?) integrante de la clase trabajadora a un productor rural. John Prescott era el deputy prime minister de Tony Blair. Trabajó de mozo en la marina mercante, donde era líder sindical, y fue subiendo en los escalafones del Labour Party hasta llegar a ser el segundo de Blair. Los “tabloids” lo llamaban “two jags” porque tenía un Jaguar propio en el garage y usaba otro como auto oficial. En las campaña de 2001, un trabajador rural, de la Countryside Alliance, le tiró un huevo en la espalda. Prescott se dio vuelta y le pegó con la izquierda en la cara. Los tabloids titularon “two jabs” (dos piñas). En el Independent, describen la preocupación del gobierno frente al incidente. Una integrante del equipo de Blair dijo “la clase media no lo va a entender”, pero otro dijo “va a caerles bien a los D’s y E’s” refiriéndose a la clase trabajadora. Supongo que algo parecido habrá pasado con la piña de D’Elía.

III.
detesto la palabra “impresentable”. La asocio a personas de talante radical; no “rádical”, sino radical nomás. Radical galerita, para quien los peludistas serían impresentables. Como es fácilmente visible, incluso por las citas anteriores, el término tiene un uso extendido. Y bué, que vachaché. En todo caso, si hay que usar la palabra porque está de moda, usémosla en referencia a cosas, y no a personas. Así, “impresentables” serían los comentarios o análisis de la dicotomía existente entre “el campo”, acompañado por “la gente”, y el gobierno y sus “clientes”, los que tienden a una monocromía que aburren. De lo leído, me llamó la atención, o mejor dicho me decepcionó, esto que dice maristella svampa:

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Lo cierto es que el sobretono de la Presidenta, exhibido el martes 26 de marzo, despertó la indignación de muchos argentinos –que probablemente no la votaron– y que salieron a repudiar su actitud, munidos menos de un discurso elaborado que de un malestar, una impugnación común que nuevamente se expresó a través del ruido ensordecedor de las cacerolas. Así, sería lamentable caer en la trampa de las interpretaciones lineales, afirmando que los cacerolazos fueron el fruto de la conspiración de golpistas trasnochados o la expresión sin más de la defensa del “campo”. Había mucho más en esa suerte de magma ideológico que atraviesa a nuestras volátiles clases medias. El Gobierno debería tomar nota de eso, sobre todo si recuerda que en las últimas elecciones, y pese al auge del consumo, parte de esas clases medias decidieron darle la espalda. Pero una vez más la espontaneidad estuvo del lado de la crítica, de la oposición, y no del lado del Gobierno, ya que aquellos que apoyan las retenciones al agro no tuvieron un espacio desde el cual manifestarse. A menos que uno decidiera alinearse junto con las “masas encuadradas” de los piqueteros K o las huestes de Moyano, algo improbable dado el tipo de vínculo que dichas organizaciones tienen con el Gobierno: la dependencia, la subalternidad, la instrumentalización.

eh, maristella, pará la mano. Este parece un comentario de tipo “beatrizsarlesco”, y un poco lejano de lo que uno esperaría de una intelectual de izquierda. Las cacerolas no son “nuestras clases medias”, siquiera son las clases medias porteñas. Y es obvio que en las cacerolas “había mucho más”: había antiperonismo visceral. El mismo que le molestó a sasturain, y a mí, y a tantos.

IV.
la finalidad económica de las retenciones no me queda clara. Leo los blogs de los economistas, algunos a favor, otros en contra (las notas económicas sobre el asunto son algunos a favor, muchos en contra). Son una herramienta de redistribución, dicen algunos; otros, que apenas tienen propósitos fiscales. De todo ello, me quedo con una nota de eduardo míguez; yo no comparto la tendencia ideológica de este historiador, pero me parece que acá le da una vuelta de tuerca al asunto, útil para pensarlo:

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Hace ya muchos años, los economistas denominan "enfermedad holandesa" ( Dutch desease ) al efecto sobre la industria de una cierta bonanza en los sectores primarios. Los ingresos generados por la exportación de un bien primario tienden a elevar la tasa cambiaria, lo que hace menos competitivo el sector industrial, provocando una desindustrialización o, por lo menos, un menor crecimiento en ese sector (…) Si éste es el fundamento de las medidas que afectan y restringen la exportación, o al menos parte de ese fundamento, lo que en realidad se busca no sólo es incrementar la recaudación fiscal. No es sólo asegurar una provisión de alimentos baratos para el mercado interno, sino incluso, concretamente, limitar el crecimiento de las exportaciones agrícolas. Se trataría, así, de evitar que los mayores ingresos de divisas generados por el sector rural -y destinados nuevamente a él- presionen hacia el alza de la tasa cambiaria. De hecho, el Banco Central hace tiempo que tiene serios problemas para mantener bajo el nivel del peso, y un aumento del ingreso de divisas por la exportación primaria puede estar muy lejos de ser bienvenido. Si es así, desde luego, es muy comprensible que el ministro de Economía no llame a una conferencia de prensa para explicarlo. A nadie le caería muy bien que el Gobierno anunciara que en realidad lo que busca es evitar un crecimiento de las exportaciones. Aun cuando la medida tuviera buen sustento académico, sería difícil de digerir por el público. Incluso así, una decisión de ese tipo tendría buena justificación, si mediante ella se lograra dar un fuerte impulso al crecimiento del país basado en la industria y en otros sectores de la economía que incorporen más valor agregado.

V.
varias de estas notas las vi en arte política, y aprovecho para saludar el emprendimiento.

el campo y la plaza

Tres notas bien distintas y disconexas sobre el conflicto de las retenciones, escritas ni bien la presidenta finalizó su discurso de parque norte.

I
Desde distintos blogs han surgido numerosas y en algunos casos -en muchos, si lo comparo con la prensa escrita- muy inteligentes preguntas y argumentos sobre el conflicto que comenzó en el país a partir de la protesta de los ruralistas contra el gobierno nacional. (En mi opinión algunos posts de Ramble Tamble conforman un material indispensable para discusiones actuales y futuras [uno, dos, tres, cuatro].) Y aunque los temas que surgen intermitentemente en los posts y en los comentarios son legión me gustaría retener dos grandes líneas en ese debate, y algunos alvéolos que no por mínimos dejan de ser importantes. Por un lado las implicancias del conflicto mismo: las causas, los números, las chances, la polarización subsiguiente. Las tradiciones de esa polarización. Los imaginarios históricos implicados. Las relaciones de fuerza. Largo etcétera. (Y ahí agrego una ramificación que considero importante: no he podido saber qué es un “chacarero”, pese a recorrer páginas y páginas de cálculo y mini-etnografías. Presumo que conozco al tipo porque me crié en Santa Fe, pero ya hace mucho que dejé de confiar ciegamente en la experiencia y aún más en las experiencias ancladas a un pasado desesperado por ser reificado. Digo esto a raíz de lo que escribo más abajo sobre los dichos de Beatriz Sarlo en La Nación.)
Por otro lado: las preguntas sobre el modo de lograr que un enfrentamiento de esta naturaleza contribuya a concebir un proyecto más ambicioso en cuanto a beneficios ciertos y liquidadores de las desigualdades sociales, y acaso no tan pendientes de la urdimbre del cántico y la consigna (la "modestia" de los reclamos del primer peronismo fue su mejor carta: se revelaba de ese modo reductivo violentas asimetrías sociales, y casi como al pasar provocaron un aventino. Se quería "poco" pero nadie quería darlo). Diría que para escapar del juicio al primer discurso de la presidenta hay que preguntarse, como lo han hecho muchos en distintos blogs qué se construye a partir de cualquier resultado de este conflicto (me refiero al resultado imaginario del conflicto, al binario, al que cada "bando" concibe como tal): hasta donde he leído, si los ruralistas triunfan, su victoria reordena a duras penas una oposición flácida y macilenta. Además, con una victoria, sus ganancias aumentarán considerablemente. (Una vez más no sé qué le pasará al "chacarero": tampoco sé si el gobierno lo sabe. Reutemann dice saberlo en una nota del diario de Jorge Lanata, pero no le creo. Lo que sí sospecho es que los grupos que se definen como tales aún con mejoras relativas, con incentivos selectivos, seguirán apoyando borrosas formas ideológicas recalcitrantes. Y supongo que aún así esas políticas de incentivos deben ponerse en práctica.) Si es el gobierno quien vence en la compulsa, creo que habrá que preguntar insistentemente cuándo y de qué modo la redistribución que reclamó Cristina con su paráfrasis de Yupanqui se hará tangible, de qué modo habrá nuevos actores en juego que defiendan un proyecto con menos moratorias, con menos pedagogías de lo que es o debe ser la política, y más reparto. (Sobre el pedagogismo de Cristina en su ahora sí oportuno último discurso, sobre su insistente shhh docente habrá que escribir largo y tendido, o mejor: habrá que hacerlo sobre quienes hacen silencio para que la televisión transmita sin ruido ni banderas de fondo. Me doy cuenta de que he sido testigo de un acto peronista sin tomas aéreas, sin largos paneos; advierto que he visto a la presidenta hablar y algunas pocas banderas sacudirse sin viento: todo se parecía levemente a dogville.)

II

Por ese doble carrill me moví sobre algunos textos que leí en blogs.Por alguna razón (no puedo culpar a nadie) he tenido algunas dificultades para hacer una lectura más abarcativa, he alcanzado tardíamente muchos buenos textos, y sospecho que se me pasaron muchísimos: hay que indicar rápidamente que algunas tecnologías cercanas a los blogs deben activarse para acelerar la posibilidad de que muchos de los lectores de blogs en algún sentido "políticos" y masivos (Ramble Tamble y La Barbarie especialmente) podamos acceder a sus alrededores: excelentes comentaristas sin blogs, y muy buenos bloggers sin abultadas audiencias reducen notablemente sus chances de amplliar el campo de debate a raíz de la insuficiencia de los lectores de feeds para permitirnos un rápido acceso a la mayoría de los blogs vinculados temáticamente a los más grandes, y la poca densidad de los blogrolls de una posible comunidad ampliada, la que muchas veces ha sido mentada. La disposición de los comentarios (cronológica y en rollo) hace que luego de algunas decenas, remontar las trazas de múltiples debates se convierta en una tarea titánica. La decisión de no hacerlo nos quita la posibilidad de acceder a argumentos que sólo excepcionalmente se recuperan completamente (ni siquiera la lectura atenta de los autores del post o los autores del blog puede hacerlo). El límite cierto de los agregadores de blogs en subsanar esas dificultades se conjuga con la extendida práctica de los blogs personales (saludable práctica) y con ello se hacen cada vez más complicados idear emprendimientos que sin atentar contra los blogs pequeños, haga posible una comunidad imaginada más densa y aún más mordiente.
Para muchos de nosotros el debate es un hacer, y por eso reforzar los modos de compartir información y opinión siempre es un objetivo prioritario.

III

De todos los puntos suburbanos veíanse llegar grupos de proletarios; de los más pobres de entre los proletarios. Y pasaban debajo de nuestros balcones. Era la turba tan temida. Era –pensábamos– la gente descontenta… (¿Y cómo no estarlo? Después de habérsele despojado de la esperanza de una vida mejor, debía ella continuar en esta vida sometida a los más rudos trabajos y los peor remunerados). Con el antiguo temor, nuestro impulso fue el de cerrar los balcones. Pero al asomarnos a la calle quedábamos en suspenso… Pues he ahí que estas turbas se presentaban a nuestros ojos como trocadas por una milagrosa transformación. Su aspecto era bonachón y tranquilo. No había caras hostiles ni puños levantados, como los vimos hace poco. Y más aún nos sorprendieron sus gritos y estribillos: no se pedía la cabeza de nadie.

Delfina Bunge de Gálvez, “Una emoción nueva en Buenos Aires” en El Pueblo, 25/10/1945.


La Plaza estaba llena de gente que, por los motivos más diversos, se había sentido provocada por el discurso de Cristina Fernández de Kirchner. No había grupos organizados, sino caceroleros autoconvocados en una linda noche de verano; tampoco había mucha oligarquía, salvo que para ir a la Plaza hubieran tomado en préstamo la ropa de algún subalterno de sus prósperas empresas.
Hablé con gente de San Telmo y Barracas que, por lo general, no vende soja a futuro en los mercados internacionales. O hijos de chacareros que estudian en las universidades porteñas y no viven como aristócratas.

Beatriz Sarlo, “Fue una provocación”, La Nación, 27/03/2008.


Para Beatriz Sarlo el debate también es un hacer. Ella es una de los muchos intelectuales que de un modo u otro han dado forma al espacio en el que se discute en la actualidad. No quiero decir que sea la única forma (ahí está Quintín con su carta a los fachoprogresistas). De todos modos, aún si existen otras, Sarlo contribuyó a diseñar una notable, por no decir hegemónica. Nación Apache republicó una nota suya (escrita para La Nación), que prologa Omar Genovese (es divertido leer cuando Genovese en lugar de decir “un viejo se acercó a D’elia para putearlo” dice “Un señor de edad avanzada, mucho mayor que todos los que lo rodeaban se acercó amablemente para decirle: ¡Dejá de robar!”). El título de la nota pretende ser ambiguo: "Fue una provocación": no sabemos hasta ahí si se refiere a la entrada de D'elia a la plaza de mayo o al primer discurso de la presidenta. Más tarde descubrimos que si bien ambos hechos lo fueron, el primero es menos importante que el segundo. El peronismo tiene una tradición ligada a esa plaza y D'elia estuvo, según Sarlo -allí muy sutil-, atado a ese oráculo. La presidenta, sin embargo, dice Sarlo, no debió haber reactivado esas antinomias que persisten en estado de latencia en un "dispositivo político" capaz de reverberar al ritmo de la performatividad de Cristina. Sarlo arma su relato como una pequeña etnografía: cuenta lo que quienes estuvieron en la plaza no sabían de los símbolos de la plaza; habla de la lengua de la política de masas. Nos dice que ella sí la juna: un yo testifical al que podría ponérsele reparos, claro. Yo no los pongo, pero insisto en que el lugar que ocupaba Sarlo en esa plaza desmiente mucho de su pretendida sapiencia. Estaba allí, sí, pero caceroleaba. No quiero decir con eso que por su posición ella perdía capacidad analítica, sino que no hay capacidad analítica capaz de imponerse sobre formas específicas del hacer político. Leyendo el relato de Sarlo (un espejo invertido del texto que escribió Delfine Bunge sobre aquella otra plaza) queda claro que en esta plaza no hubo dos grupos que luchaban sino tres. Beatriz Sarlo lo dice expresamente cuando le explica a uno de los hombres de D’elia el sentido de lo que ellos hacen en la “tradición progresista”: una provocación. Es esa la tradición que también se arroga un dominio de esa plaza; esa tradición que los otros actores desconocen. A esa ignorancia el progresismo no la vive como destino sino como fundamento de origen: está con ella, cacerolea con ella, porque espera conquistarla. A la otra tradición, igual de ignorante pero malarriada, a la que ve bajar de los camiones, el progresismo gusta escribirla, detallarla con insistencia, pero no puede convencerla. Delfina Bunge y Beatriz Sarlo: no me sorprende que D'elia se ajuste tan bien a lo que la imaginación antiperonista concibe como "el peronista": pero ese "dispositivo político" del que habla Sarlo no se activó porque Cristina haya hecho pruebas con la palabra "propiedad". Es un dispositivo orgánico, viviente: un animal que pace por el campo y por la plaza, y duerme de parado. Lo mejor es seguir discutiéndolo.

un festejo local

El uso de las herramientas vinculadas a la web (o a internet en general) permitió que los mundos locales inscribieran algunas de sus cosas en zonas virtuales (y leyera otras, crítica o acríticamente). (Pensaba en eso a raíz de un post particularmente notable que fue construyéndose lentamente aquí en este blog.) Un ejemplo de esas apariciones lo informan los registros de locos de pueblo que circulan por internet (nadie escribe, sin embargo, del mudito de monje). Ese personaje-llave que aparece en películas (Cinema Paradiso, por ejemplo) o en relatos ("El coco" de Arturo Carrera es un relato que si bien aparece en la sección crónicas del tomo 3 de Historia de la vida privada en la Argentina, puede ser leído como una narración de implacable antropología) surge ahora en youtube, en blogs cuasi íntimos o en reconocidos, en fotologs, etc. Incluso he leído por ahí la noticia sin confirmar que en Colombia ya no se los podrá llamar así, y que su caracterización patológica quedará en manos de notarios. En fin, son voces desperdigadas que "corrigen" el curso avasallante de los trends y los rankings. Algo de eso encuentro también en ese post notable al que hice referencia en un paréntesis de más arriba. El post sobre Tarragó Ros.
Durante meses, los comentarios al post que presenta un tema interpretado por Tarragó Ros fueron invirtiendo el sentido de la estructura del post: el texto que dio origen a esos comentarios si alguna vez tuvo sentido rápidamente se hizo innecesario, incluso algo torpe. Los comentarios, al contrario, fueron llamando a otros, actuaron como marcas territoriales en un mapa ajeno o casi ajeno: búsquedas de google, recuerdos, jerga, mayúsculas: las herramientas de un homenaje que no deja de asombrarme.
No sé bien qué hacer con esos comentarios y me gustaría que fueran agregándose otros. Son anécdotas, en su mayoría, momentos en la vida de Tarragó, en la vida del artista (pero hay que ver si con ese hombre la división arte/vida podía interpretarse del mismo modo que con otras trayectorias) y cuentan sobre un modo específico de uso del blog en particular, y de la red en general. Dejé un mensaje en el sitio de Antonio Tarragó Ros con la intención de que conozca más opiniones sobre su padre y que lea esos juegos de memoria aldeana, pero me temo que mi mensaje no le ha llegado. Como sea, esas historias de Tarragó son increíbles y a los nostálgicos nos emocionan. Un día, sin embargo, deberemos escribir sobre la melancolía no en el sentido que la considera como un deseo del pasado, sino teniendo presente aquel temperamento sanguíneo, bilioso, del que hablaba Walter Benjamin y que le cabía tanto a un rey inglés como al capitán que dio caza a la ballena blanca. Un día vamos a tener que, además de usar la técnica, hablarle directamente a la lengua para probar desbocarla.
Un saludo especial para esos comentaristas: un tema muy conocido del rey .

repercusiones de las 10 tesis

Copio y pego otras voces alrededor de las tesis de omar:

Dice DF en los comentarios del post con el que Jorge Aulicino refirió a las tesis:

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Parece el mito del eterno retorno. Es conmovedora la inocencia con que cada tanto vuelve a escribirse más o menos lo mismo –cambiando algunas palabras, dando mayor o menor importancia a tal o cual cuestión, agregando un elemento nuevo o quitando algo– que uno ya había leído en manifiestos igualmente renovadores y rupturistas de los años setenta, los sesenta, los cuarenta, los veinte, los diez. Tal vez, efectivamente, todo tenga que volver a ser propuesto una vez y otra, tal vez cada época deba volver a encarar el mismo camino, aunque no lleve a ninguna parte. Pero no importa si no lleva: obligar a pensar las cosas, hacer que se pongan en movimiento las mentes ya es bastante. Antes y ahora, en todo caso, el punto endeble, la rueda que gira en falso, está en la idea de “generación intelectual”, esa entelequia iluminista que más obnubila que hace ver, por más que permita sentirse parte de algo y embarcado en algo, o precisamente por eso.

Preciado, más lacónicamente, advirtió en los comentarios del so pra contrariar:

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En lo personal, considero que Omar Acha sobrestima los efectos (“el despliegue”) de la crisis en la materia tratada. Es indudable que un nuevo repertorio de problemas (no tan nuevos creo, allá por el 2001-2002) revolcó a los tal vez últimos coletazos de aquellos sumidos en paradigmas ochentosos (engañados consientes o inconscientes por los “sueños progresistas” a los que Acha refiere). ¿No es aquella gerontocracia intelectual la que instala la nueva agenda de preguntas?. Si la ideología democrática liberal-capitalista fisuró – démoslo como cierto- ¿No es muy pequeña su fisura (y muy poderosos los fontaneros) como para pensar en un emergente incontaminado?

¿Será todo?

marginalia 2.0

Necesitamos un plugin para notas al margen.
El largo, pertinente y paciente debate sobre la importancia de los comentarios en los blogs (y su escaso número) puede enfocarse a partir de las relaciones entre el tándem post/comentarios y ciertos procedimientos socialmente menos novedosos pero instalados desde hace mucho en los terrenos de la cultura letrada. Esas relaciones podrían resumirse así: para hacer un comentario (no sólo escribir) hay que pergeñar una idea sobre el post en general, o bien, si el comentario ha de ser específico, hay que instalar esa particularidad con precisiones de la lengua, aclaraciones, ejercicios didácticos, etc., en fin, debemos tener, para hacerlo, una leve o robusta idea general del post en cuestión y un dominio de técnicas de intervención escrita.
Pero la escasez de disposiciones no es suficiente para justificar la ausencia de comments (generales más bien, no aquellos comentarios anidados que se suelen desarrollar a partir de aspectos particulares de un debate dado). Otro aspecto, más digital pero también, creo, más importante, es el aspecto diacrónico de los potenciales debates: como si se tratara de un juego de tablero (de la mayoría de ellos) los participantes presentan sus argumentos por turnos y la lectura se encadena de ese modo. Así, la cascada, ahora en acto, se sucede, además, bajo el paraguas de un post (de un blog). Eso que para algunas personas no tiene demasiada importancia, para otras lo tiene sobremanera. Es posible hallar blogs que "recuperan", alivian la diseminación de su propia voz, construyendo un pequeño ambiente subsidiario del blog propio, en el que acumulan lo expresado en otros blogs, bajo orden cronológico (uno que siempre visito es Naxos, hermano menor de Inmanencia).
Un tercer aspecto se relaciona con la disposición temporal a la que hice referencia: la cascada, en virtud de la diversidad de sus elementos, debe reordenarse intermitentemente (es el autor del post quien, las más de las veces, mete baza): la lectura necesita de esos golpes de timón en la medida en que el efecto que se busca (pluralidad de voces) es el que refracta nuevos participantes dado que cada nuevo interlocutor debe invertir mucho para comprender e intervenir sin repeticiones o improcedencias.
Quizás una reparación a esos problemas estructurales del comment podría ser el uso de marginalias. Procedimiento abandonado por el post pero practicado por muchas formas de producción colectiva de documentos. No conozco al detalle las posibilidades ténicas de hacer un plugin de esa naturaleza, pero en principio no sería complicado. Se podría habilitar o deshabilitar para cada post, marcaríamos el lugar de la marginalia, y luego la veríamos al pasar el mouse sobre el lugar de la referencia, tal como estila ese plugin de moda que muestra un snapshot del sitio al que referimos en links.
Una marginalia 2.0 para leer los textos y las lecturas de los textos, los pasos de los lectores, las detenciones, las intermitencias de la interpretación. Le tendré que preguntar a Andrés Nieto

la conversación (en lo de Justo Serna)

¿Quién dijo que la conversación se ha terminado en la blogósfera?
Un aquelarre, un gallinero, un té con masas. Elija lo que le más le guste y pongale nombre al post El nombre del asesino en el blog de Justo Serna. 74 comentarios; series de insultos; recomendaciones de Serna; reflexiones; intervenciones osadas; órdenes de Serna; lamentos; ideas; llanto de Serna. Al parecer, según el propio historiador, ya habría huido de la blogósfera debido a problemas de esta naturaleza. Es que Justo Serna es el autor de un blog que en la clasificación de Rebecca Blood es un diario (más que links, opiniones) y él mismo lo ha denominado así (en la encuesta sobre blogs de historia) recordando las palabras de John Stuart Mill cuando el filósofo emprendió una empresa semejante:

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Este librito es un experimento.[...] Aparte de cualquier otra cosa que pueda lograr servirá para ejemplificar, al menos en el caso del autor, qué efecto se produce en la mente cuando uno se obliga a tener por lo menos un pensamiento cada día, que merezca ponerse por escrito.

De acuerdo a uno de los últimos comentarios del historiador, en el post del que hablamos aquí, habría solicitado ayuda técnica para evitar desmadres de los comentarios. La tenaza en la que se encuentra en más bien clásica: si modera los comentarios (de tal modo que los que autoriza se harán públicos horas más tarde) la "conversación" dejará lugar a las intervenciones y, tal vez, serán menos los afincados. Sospecho, por otro lado, que quienes intervienen en el blog de Serna utilizan la franja horaria laboral para hacerlo: buena parte de los comentarios de los 74 ya habían sido posteados cuando dieron las 16hs. Si, por el contrario, insiste en permitir las entradas con o sin registro, con o sin test de Turing, la conversación crecerá y con ella el entusiasmo chatero de los intensos e intensas. Rara vez las conversaciones de un día merecen leerse al otro: el ritmo diario que Serna le impone a su blog hace del comentario un marcador de audiencia pero también un molesto disparador de censuras, advertencias de maestro, amenazas, clamores, etc. ¿Cómo lo resolverá?
Dice Serna a las 19:10 hs del día del post largamente discutido:"Parece que hablando de literatura, es la única forma de tener a la tribuna más o menos calmada. En cuando se habla de política y de Catalunya, la cosa parece que se escalda."
Alejandro Dolina decía lo mismo con respecto a su programa de radio; en el que no se habla casi nunca de Historia Argentina, al menos no literalmente. En un ejercicio de imaginación antropológica, Dolina habla de los héroes y villanos de la modernidad francesa o inglesa, de los reyes y reyezuelos de la vieja Europa, y los trata como si los conociera. ¿Deberá escribir sobre el pasado para hablar del presente, Justo Serna, justamente, el historiador? ¿O deberá perder algunos de sus seguidores, ralentizando el debate al moderar los comentarios?

Los archivos de Justo Serna