comunicación

El blog: objeto de antología (I)

post cruzado desde Grand Tour
Sarah Boxer

Los blogs se leen, se escriben, se citan, se enlazan, se promocionan y, desde hace algunos meses, se reflexiona sobre ellos, rotulan las portadas de algunos libros. Es el caso del que en febrero edita Sarah Boxer, titulada en filosofía por Harvard y variada comentarista del New York Times, donde igual habla de fotografía que de psicoanálisis, de arte que de animales y, cómo no, de filosofía. Y de blogs, porque presenta un volumen antológico titulado Ultimate Blogs: Masterworks from the Wild Web (Vintage). Así es, en efecto, se trata de una selección de lo mejor o de lo más impactante que la blogósfera ha dado en tierras del señor Bush, que es como decir en el orbe todo. Hay que reconocerlo, en cuestiones de tecnologías de la información y el conocimiento, por no hablar de la dichosa Web 2.0, ellos viajan con el Halcón Milenario y nosotros aún estamos haciendo prácticas con El Coche Fantástico.
Para no aburrirles con mis ocurrencias, como suele ocurrir, pasaré a verterles lo fundamental de sus conclusiones, que la autora ha tenido a bien resumir bajo el epígrafe de Blogs en el número del 14 de febrero de la New York Review of Books. Vamos allá

Hace dos años, me dieron una idea espantosa para un libro: una antología de blogs. Estaba segura de que no era posible. Los libros hay que ajustarlos. Los blogs son precipitados. Los libros son lentos. Los blogs son rápidos. Los libros te exigen que permanezcas entre sus cubiertas. Los blogs te invitan a que te pierdas. Los libros han de respetar los derechos de autor y no han de difamar. Los blogs cogen lo que quieren con impunidad -noticias, chismes, imágenes, vídeos. La pregunta es si se pueden combinar ambas cosas y si un libro no traicionaría el espíritu del blog (de hecho, lo hice con Ultimate Blogs) .
Un blog, para quienes no lo sepan, es un diario o un registro que aparece en una página Web. Se escribe en línea, se lee en línea y se actualiza en línea. Está a disposición de cualquier persona con una conexión a internet, que lo puede ver y (en muchos casos) comentar.Las entradas, oposts, se organizan en orden cronológico inverso, como una pila de correo no leído, con las entradas más recientes arriba y las más antiguas en la parte inferior. Algunos blogs se asemejan a las revistas en línea,con gráficos, barras laterales y fotos subtituladas. Otros apenas tienen el nombre del blog en el encabezamiento y las entradas antiguas debajo. Puedes encontrar blogs haciendo una búsqueda regular en Google con el nombre del blog (si lo sabes) o haciendo una búsqueda en el blog de Google usando palabras claves.
La palabra “blog" deriva deWeb log o Weblog. En 1997, Jorn Barger, el encargado de Robot Wisdom, una web llena de escritos de James Joyce, así como textos sobre la inteligencia artificial, el judaísmo y el racismo (al autor se le ha acusado de racista), acuñó la palabra “Weblog." En 1999, Peter Merholz, el autor de un Weblog llamado Peterme, decidió dividir el término en dos -"We blog"- creando una palabra que podía servir como sustantivo o verbo. El “Blog” había nacido. Hoy en día se dice que hay más de 100 millones de blogs en el mundo, de los que cerca de 15 millones están activos. En Japón, a los blogs descuidados o abandonados se les denomina ishikoro, pebbles (guijarros). Hay blogs políticos, confesionales, chismosos, de sexo, de madres, de ciencia, de soldados, de gadgets, blogs de ficción, de videos, de fotos, de historietas, por nombrar algunos. Los hay creados por una persona o por grupos. Los periódicos y las revistas también tienen los suyos.
Cada deporte, cada guerra, cada huracán tiene su propia cosecha de bloggers, que a menudo aventajan a los medios de comunicación tradicionales en actualidad, alcance geográfico, información sobre el terreno y detalles. Podemos leer sobre la guerra de Iraq en bloggers iraquíes, en los de soldados americanos (ahora censurados a menudo) o en los de expertos como Juan Cole, cuyo blog, Informed Comment, resume, analiza y traslada noticias del frente.

ultimate blogs.gif

Con tal abundancia, puede parecer fácil poner un manojo de blogs en un libro y llamarlo antología. Pero sería incorrecto. ¿Dónde está el problema? En los enlaces -esos pedacitos del texto destacado que pinchas para ser transportado a otro blog u otra página Web. (Los enlaces son el equivalente en la Web a las notas a pie de la página, salvo que te llevan directamente a la fuente.) No sólo es que los enlaces sean difíciles de trasladar al texto impreso. Es que toda esa cultura del enlace -componer al vuelo,coger y poner lo que te gusta, haciendo conexiones y referencias extrañas e inexplicadas– no se ajustaría cómodamente en un libro.
Sí, estoy hablando de la propia escritura bloggy. ¿Hay realmente tal cosa? Un creciente número de libros ha reflexionado sobre los efectos de los blogs y los bloggers en la cultura (We've Got Blog and Against the Machine), en la democracia (Republic .com 2.0), en la política (Blogwars), en la privacidad (The Future of Reputation), en los medios (Blog: Understanding the Information Reformation and We're All Journalists Now), en el profesionalismo (The Cult of the Amateur), en los negocios (Naked Conversations), y en todo lo antedicho (Blog!). ¿Y qué decir sobre sus efectos en el lenguaje? ¿Son un nuevo género literario? ¿Tienen sus propias concepciones, formas y reglas? ¿Tienen una esencia?

Blogs

Leer blogs, desde luego, no es como la lectura de un artículo periodístico o de un libro. Los lectores del blog saltan aquí y allá. Siguen los enlaces. Se trasladan desde el blog a las noticias o a los vídeos de YouTube, y lo hacen más fácilmente que si estuvieran pasando la página del periódico. Se dejan llevar continuamente a alguna parte. Los bloggers prosperan fragmentando la atención y repartiéndola en frases ingeniosas, muestras de canciones, noticias breves y juicios sumarios. A veces, ni siquiera puntúan. Y si no pueden poner la inflexión correcta en una oración, utilizarán a menudo un OMG (Oh my god!) o un emoticon en vez de palabras -por ejemplo, una cara sonriente :-), un guiño; -) o un ceño fruncido:- (. Muchos bloggers realmente no escriben mucho. Son más bien como empresarios, editores o redactores, que buscan y eligen cosas que encuentran en línea, y que de vez en cuando dan con un titular divertido o agregan un comentario malicioso. Hay días en los que la única cosa original que ves en un blog es el equivalente del "Lee esto…. Mira aquello…. Eso es poco convincente…. ¿Te Puedes creer esto? "…
Los bloggers asumen que si los estás leyendo, eres uno de los suyos, o al menos estás en su onda, entiendes sus bromas y conoces los nombres que citan. A menudo, comienzan la reflexión por la mitad, con sobreentendidos. No les preocupa que te quedes desorientado, no son responsables de tu educación. Los bloggers, como anotó en cierta ocasión Mark Liberman, uno de los fundadores del blog Language Log, son como Platón. :-) El mensaje tácito es: Eh, yo estoy hablando aquí con mis compinches. Puedes continuar conmigo o largarte. Es cosa tuya.
Veamos cómo empieza La República de Platón: "Ayer bajé al Pireo, en compañía de Glaucón, hijo de Aristón, con el fin de elevar mis oraciones a la diosa y para ver cómo iban a realizar la fiesta, que celebraban por primera vez".
Un momento! ¿Quién es Aristón? ¿Y Glaucón? ¿Qué fiesta es ésta?
Y aquí, para comparar, tenemos un fragmento de Julia { Here Be Hippogriffs},un blog sobre la maternidad y de la infertilidad:

quotep

¡Había dejado a Steve sólo con sus chismes en los últimos tres días,así que me estoy sintiendo muy presionada para abandonar Internet (tú! él quisiera que te abandonara!) y bajo a mirar SG-1 (supongo que se referirá a la serie Stargate SG-1) con él…. Tendrá que ser rápido. ¡Vite! ¡Aprisa, Aprisa! Fui a una Blogher. Era divertido y algo ridículo y estoy contenta de haber ido, aunque no sepa si volveré otra vez. Una nota para mis amigos blogging estériles: NO PENSÉIS EN ELLO. No vayáis. No vayáis nunca a una Blogher.

Pero bueno, ¿Quién es Steve? ¿Qué es eso de Blogher? ¿Un blog? (No.) ¿Un club de madres? (No.) ¿Una conferencia blogging? (Sí.)
Coges la onda, captas el viento Blogger a través de lugares, gentes, textos y blogs que puedes o no conocer sin que te den nada provechoso. Ellos piensan que incluso si no te ofrecen enlaces, podrás conseguir todo lo necesario con el Google, la Wikipedia o buscando en los archivos de su blog. El tono de la mayoría de blogs – reactivo, dinámico, conversacional, libre-asociativo- es predicado con esa capacidad de enlazar y se infunde con ella. Y no es ningún accidente. En tiempos, los blogs no eran sino enlaces con pequeños comentarios.
Aunque el blogging tenga precedentes en los ochenta –gupos y diarios on-line, las secciones “What’s New” de las páginas personales– el blogging tal como lo conocemos (según el ensayo de Rebecca Blood, Universo del Blog –, Editorial Gestión, 2000) comenzó a prender alrededor de 1998. Fue entonces cuando algunos empezaron a usar sus páginas para registrar y enlazar otros sitios que habían descubierto. Estos bloggers tempranos no ofrecían muchos comentarios, más bien topónimos y coordenadas para navegar por la web. Desempeñaban "una valiosa función de filtrado para los lectores". Ellos "pre-surfed" la Web.

Rebecca Blood

Ese mundo pequeño y acogedor estalló en 1999, año en que un puñado de herramientas permitieron que cada uno se construyera fácilmente su blog y lo pusiera en la red –LiveJournal, Diaryland, y, el más importante, Blogger, una aplicación blogging gratuita ofrecida por Pyra Labs. Con ello, cualquier persona con un ordenador y acceso a Internet podía hacer un blog, a través de un servidor como Blogger (ahora en manos de Google) o, en años posteriores, dentro una red social como MySpace. Es sencillo: sigues las instrucciones, eliges un nombre para tu blog, decides lo que muestras de tu privacidad en la parte "Sobre Mi", resuelves si permites comentarios de los lectores y escoges la plantilla.
A principios de 1999 había algunas docena de blogs. Antes de finales de año había miles, sin que se pudiera parar. A finales de 2003 había dos millones de blogs y el número se doblaba cada cinco meses. A principios de 2006,Technorati, un buscador de blogs, indicaba un total de 27 millones. A finales de 2007, la cuenta pasaba de 100 millones. (El mayor número de blogs,un 37 por ciento, están en japonés, según un artículo reciente de Blaine Harden en el Washington Post, y la mayor parte de éstos son corteses y modestos- "Karaoke para tímidos". El treinta y seis por ciento de entradas están en inglés, y la mayor parte de ellas son todo lo opuesto a la cortesía y la modestia).
Cuando llegó el auge del blog, el tono de la blogosfera empezó a cambiar. La mayor parte de los nuevos blogs -aunque no todos- ya no eran tanto filtros de la Web como lugares para difundir opiniones y hacer revelaciones. En vez de imaginar nuevas maneras para presentar hallazgos refrescantes, muchos de los nuevos bloggers se preocupaban por la forma de ser encontrados. La misma significación del enlace comenzó a cambiar. Los enlaces que antes importaban eran los que ofrecías en tu blog, que apuntaban a otros sitios, los de salida (outbound). Ahora los enlaces que valen -y así sigue– -son los que desde otros blogs apuntan al tuyo, los llamados enlaces de entrada (inbound). Ésos son los que los que cuentan en los buscadores como Technorati. Son la medida de la fama.
Ahora que la fama y los enlaces son una y la misma cosa, hay bloggers que harán cualquier cosa – propagar rumores, difundir mentiras, seleccionar peleas, crear personajes falsos- para ser noticia y, por tanto, hacer que les enlacen. Están, en el lenguaje de la blogósfera, "link whores". Y los que tienen éxito devienen celebridades del blog o " blogebrities”. Una de las maneras más seguras de engrandecer tu blog es derribar a un político o a un periodista famosos. (A los bloggers que van constantemente a la caza de los medios dominantes, o MSM, se les apoda Pajamahadeen.)
En 2004 los blogs Little Green Footballs y Power Linemontaron el Rathergate cuando propagaron que el informe que Dan Rather presentó en 60 Minutes II sobre la participación del presidente George W. Bush en la Air National Guard era una falsificación. (A partir de la denuncia, un comité de la CBS investigó el asunto sin que pudiera probar que el relato de la carrera militar de Bush fuera sustancialmente incorrecto, además de que Rather denunció a la CBS por “despido improcedente”).
En 2006 Little Green Footballs se anotó otro tanto al señalar que una fotografía de Reuters de un ataque aéreo israelí había sido manipulada para hacer que la humareda que se veía sobre el Líbano fuera más densa y oscura. En 2004 muchos blogs de la derecha ayudaron a que Swift Boat Veterans hundiera la candidatura de John Kerry a la presidencia. En 2002 fueron bloggers como Joshua Micah Marshall de Talking Points Memo y Atrios (un seudónimo) de Eschaton los que difundieron los comentarios racistas de Trent Lott en la fiesta de celebración del centenario del ex-senador estadounidense Strom Thurmond, llevando a la dimisión de Lott como líder de la mayoría del Senado.

Digital Humanities en el 2007 [parte 2]

Continuamos con la [desafortunada] traducción de los posts de Lisa Spiro de Digital Scholarship in the Humanities. Este es el segundo de tres.
***

En mi post previo, subrayé algunos de los mayores desarrollos en las digital humanities [en adelante DDHH] durante el 2007, haciendo hincapié en la creación de organizaciones como Centernet y Digital Americanists, en revistas como Digital Humanities Quarterly, y programas de financiamiento como la iniciativa de NEH Digital Humanities. Ahora voy a ampliar el alcance para mirar de qué modo se practica y disemina la investigación: digitalización masiva, el futuro de la lectura, literatura académica y nociones de autoridad y expertise en la Web 2.0.

Debates acerca de digitalización masiva. ¿Qué efectos producirán los proyectos de digitalización masiva como el de Google Books en la investigación, sobre la propiedad intelectual, en las prácticas de lectura, etc.? ¿Tendrán esos proyectos la calidad necesaria para la investigación?

* Aparentemente Google ya digitalizó más de un millón de libros, pero algunos observadores han criticado la calidad de los trabajos. Por ejemplo, el artículo de Robert Towsend, "Google Books: Is it Good for History?", describe tres problemas: "1) la calidad de los escaneos es decididamente heterogénea; 2) la información acerca de los libros (los «metadata» en infojerga) es a menudo inadecuada; y 3) el dominio público es estrecha y erróneamente entendido, restringiendo lamentablemente el acceso a materiales que podrían estar disponibles libremente". Paul Duguid se hace eco de tales asuntos en "Inheritance and Loss: a Brief Survey of Google Books", usando errores de dos versiones de Tristram Shandy en Google Books, para ilustrar problemas en la calidad del escaneo y en los metadata. Sin embargo, tal como Dan Cohen argumenta en "Google Books: Champagne or Sour Grapes?", Google está operando con un defendible equilibrio entre rapidez, digitalización masiva y control de calidad; los temas de calidad pueden mejorarse con medidas tales como permitir a los lectores que marquen errores y realizar reescaneos selectivos. Asimismo, en su intercambio con Duguid, Patrick Leary sostiene que los proyectos de digitalización masiva implican equilibrios de esa naturaleza y que la escala, la accesibilidad y la searchability de Google Books trasciende tales problemas de calidad. En "Google's Moonshot", Jeffrey Toobin trata otro tema, al sugerir que el futuro de los esfuerzos por la digitalización masiva pueden verse perjudicados si Google es obligado a renegociar con los editores a raíz de las demandas por violación de copyright. Aunque yo también he encontrado errores en Google Books y comparto la preocupación de que Google deba dar marcha atrás por cuestiones de derechos de autor [fair use], estoy sorprendida por el espectro de materiales que encontré en ese emprendimiento. Coincido con Cohen en que el principal desafío será el desarrollo de herramientas que faciliten la búsqueda, el análisis y la manipulación de datos en Google Books.

* Aunque es importante estar al tanto de las limitaciones de Google Books, esto no debería alejarnos de las reflexiones acerca del impacto que esos y otros proyectos de digilitalización masiva tienen sobre la investigación. ¿Cómo deberán lidiar los investigadores con el problema de la abundancia de la información? ¿Cómo cambiará la investigación con la disposición de buscar a través de un amplio espectro de recursos? En "Future Reading", Anthony Grafton proporciona una perspectiva histórica a la emergencia de "ecologías de la información" y sostiene que la digitalización nos brindará no una "librería universal" sino "un patchwork de interfases y bases de datos, algunas disponibles para cualquiera que posea una computadora y WiFi, otras cerradas para aquellos que no posean cuenta o dinero". En verdad, no hay una única base de datos o interfase del conocimiento universal, pero ¿hasta qué punto podremos desarrollar herramientas y métodos para buscar a través de distintas base de datos y encontrar lo que necesitamos?

Especulaciones acerca del futuro de la lectura. Si la cultura migra de la imprenta a la pantalla, ¿qué pasa con la lectura?

*El reporte de NEA, "To Read or Not To Read: A Question of National Consequence", sostiene que el ocio de lectura declinó (aún si el tiempo utilizado en mirar TV se incrementó) y, no es sorprendente, relaciona ese declive con los escasos resultados en tests de lectura. De acuerdo con NEA "los lectores de literatura poseen estilos de vida más saludables que los no lectores": aprecian más el voluntariado, el voto, prestan más atención a los eventos culturales y practican deportes. En tanto me reconozco avezada voluntaria y devota ratona de biblioteca no deseo menospreciar la importancia de la lectura. De todos modos, tal como Matt Kirschenbaum argumenta en su inteligente ensayo "How Reading Is Being Reimagined", el reporte NEA simplifica qué entendemos por lectura al hacer foco sólo en el ocio de lectura, pasando por alto modos de lectura como la lectura a vuelo de pájaro o las lecturas "oblicuas", y minimiza la importancia de la lectura online, donde lectura y escritura se dan al unísono como los lectores que comentan en los blogs, las anotaciones y links compartidos, etc.
Aún si el reporte cita a Neil Postman y a Sven Birkets acerca del valor de la lectura, ignora a quienes sostienen la screen literacy como es el caso de Henry Jenkins y Elizabeth Daley. Me pregunto además cuáles habilidades del S. XXI ligadas a la literacy no están midiendo los tests. Allí donde el reporte NEA encuentra que la lectura declina, el informe de OCLC acerca de "Sharing, Privacy & Trust in Our Networked World" alcanza conclusiones opuestas, acaso porque la encuesta de OCLC considera tanto encuestados online como encuestados vía papel. De acuerdo con OCLC, "Los encuestados leen e indican que la cantidad de lecturas se incrementó. Las actividades digitales no reemplazaron a la lectura sino que, tal vez, incrementaron las opciones para expandir la comunicación y compartir contenidos". Para un análisis fascinante del informe NEA y su relación con el libro de Maryanne Wolf, Proust and the Squid, puede consultarse "Twilight of the Books" de Caleb Crain. Crain sugiere que la lectura de libros de imprenta puede devenir un arcano hobby y especula con que los procesos mentales cambiarán a medida que migremos de la imprenta a la pantalla. Algunas de las conclusiones de Crain son debatibles, como la que reclama una mejor aproximación crítica a las comparaciones entre promociones de la lectura [?], pero se trata de un estimulante ensayo sin lugar a dudas.

* El lanzamiento del Amazon Kindle, lector de ebooks inalámbrico, desencadenó muchas especulaciones acerca del futuro de la lectura, incluyendo una nota de tapa en Newsweek. Citando a Kevin Kelly, a Peter Brantley y a Bob Stein, el artículo considera que la autoría devendrá en un proceso colaborativo con los lectores, y los libros serán -más que recipientes cerrados- portales abiertos para coligar información. Voy a esperar para hacer comentarios acerca del Kindle hasta que me haga con uno (el Iphone está bien alto en mi lista de gadgets deseables)

Cambios en las comunicaciones científicas

De modo creciente, los investigadores esperan encontrar online lo que necesitan y así nuevos ámbitos de investigación y publicación están surgiendo. Con todo, las editoriales universitarias con sus ajustados presupuestos se enfrentan con dificultades para sostener tales ámbitos.

* En "University Publishing In A Digital Age", Ithaka reconoce la crisis editorial en el ámbito universitario y convoca a las editoriales a reinventarse moviendo contenido a internet, colaborando con bibliotecas, alineándose con lo mejor de las universidades y adoptando una plataforma tecnológica común para promover los contenidos digitales. El informe apunta que las virtudes de las editoriales universitarias -expertise en reviewing, edición, promoción de trabajos académicos y difusión de la investigación en áreas muy específicas -donde el interés de las editoriales comerciales no llega-. Pese a que sufren la falta de recursos, las editoriales universitarias son más bien tradicionales y además a menudo se desvían de sus objetivos académicos en aras de obtener mayores ingresos. Desde mi punto de vista, la parte más interesante del informe es la predicción de que los investigadores querrán trabajar en ámbitos de investigación y publicación digitales, los que "les cederán las herramientas y recursos para dirigir investigaciones, colaborar con pares, compartir documentos de trabajo, publicar actas de congresos, manipular datasets, etc.". Algunas revistas como Digital Humanities ya están trtando de poner en práctica esta visión permitiendo comentarios, integrando herramientas de búsqueda y análisis, y poniendo a disposición borradores de los textos. Pero si esa idea alguna vez se realizará queda todavía mucho por hacer para ello. ¿En qué medida las revistas y otras instituciones apoyarán a los autores que trabajen con contenidos multimediáticos? ¿Podrán estos ambientes de investigación y publicación ser organizados en niveles como el de la disciplina, el universitario o el editorial? (Paul Di Maggio escribió un apremiante post acerca de por qué la universidad no es la mejor organización para planificar nuevas aproximaciones a las comunicaciones académicas.) ¿Cómo será preservado todo el dinamismo de los contenidos digitales? ¿Cómo manejaremos su perfeccionamiento?

* El informe Ithaka dio pié a un fascinante simposio online acerca de las comunicaciones académicas en el que se destacaron pensadores como Stan Katz, Paul DiMaggio, Ed Felten, Laura Brown y Peter Suber.
Ed Felten sostuvo que con la informática un "nuevo sistema" de comunicaciones académicas está surgiendo, en el cual un autor sube un paper, la comunidad lo comenta y luego el texto es enviado a una revista para su referato formal. Stan Katz señaló que las humanidades aún están circunscriptas a las "tradiciones del individualismo, la propiedad privada y el secreto". Pese a que considero que nuestras ideas sólo mejorarán y tendrán mayor impacto si nosotros las ponemos a disposición de debate público, confieso que yo también temo que si auto-publico algo online, eso lo hará menos publicable por una editorial del mainstream -aún si este asunto se alivia algo cuando busco SHERPA PROMEO y encuentro que revistas como American Literature, Critical Inquiry y New Literary History permiten self-archiving [ver referencia en wikipedia]. ¿Qué habrá que hacer para cambiar la cultura de las humanidades? ¿Serán necesarios más casos exitosos de investigadores que aceptaron un rol público más importante?, ¿un compromiso de los comités de evaluación? ¿Declaraciones y objetivos claros de las editoriales líderes para presentar borradores online? Espero que el MLA's report on tenure and promotion, previsto para fines del 2006 [2007?] mejore las perspectivas de legitimidad de la investigación digital.

* El movimiento open access se anotó una victoria hacia el final del año, cuando el presidente Bush aprobó un decreto por el cual el presupuesto del NIH depende de que el organismo exija que todos los artículos de revistas resultado de investigaciones estén disponibles como open access a través de PubMedCentral.

Debates sobre expertise y autoridad en la web 2.0

A raíz de las controversias acerca de la confiabilidad de Wikipedia y otros recursos 2.0, los comentaristas culturales están discutiendo qué constituye el expertise y la autoridad.

* Andrew Keen azuzó el debate con "The Cult of the Amateur: How Today’s Internet is Killing Our Culture", texto en el que condena el "amateurismo" de la web 2.0, el cual está reemplazando a los críticos "profesionales" por "monos" golpeando sus posts narcisistas y subiendo videos estúpidos a Youtube. En su respuesta, David Weinberger aseveró que la Web ha facilitado los procesos colaborativos en la construcción del conocimiento. Además señaló que la mayoría de los especialistas culturales son motivados por el lucro más que por la calidad, y argumentó que los amateurs desafían la ortodoxia y recaban información que a los expertos les resulta difícil obtener. Asimismo, Emily Bell sostuvo que internet facilita que trabajos originales y de alta calidad sean conocidos y que la gente puede discernir la autoridad ejercitando el juicio crítico sobre contenidos online, examinando comentarios en blogs y usando herramientas como el índice de autoridad de Technorati. El ataque de Keen al amateurismo deja de lado la historia de las valiosas contribuciones que los amateurs han hecho a las ciencias. Aunque pienso que Keen está totalmente equivocado, el debate recupera algunas cuestiones importantes: ¿Cómo evaluamos la calidad de la información?, ¿Cómo pueden los investigadores operar con las tecnologías de la Web 2.0 para conducir y dar a conocer la investigación? Dado que el tema de la convención de la MLA de este año era "The Humanities at Work in the World", ¿Qué podríamos ganar (o perder) relacionando a los académicos y a los amateurs a través de la web?
* ¿Hasta qué punto es confiable el enfoque colaborativo -Wikipedia es su epítome- para producir y difundir conocimiento? Tal como muestra el artículo de Virgill Griffith, Wikiscanner, algunas corporaciones y lobbies han perpretado flagrantes ediciones a distintas entradas de Wikipedia para promover sus propios objetivos. Los desarrolladores están creando herramientas, tales como WikiDashboard y WikiTrust, que revelan cuán confiable resulta una entrada, ponderando por ejemplo la "reputación" de un colaborador. Jonathan Dee muestra en "All the News That’s Fit to Print Out" que los administradores de Wikipedia borran rápidamente los contenidos "sesgados" porque persiguen un "punto de vista neutral" -pero no queda claro de qué modo esa objetividad se corresponde con la verdad o la comprensión.
Algunos proyectos -Scholarpedia y más recientemente, Knol de Google- tratan de mejorar el modelo de Wikipedia contando con entradas escritas por especialistas -prefiriendo asociar entradas con nombres de autor antes que con autores y editores anónimos-, y utilizando referatos. Pese a que Wikipedia puede poner en duda las prácticas académicas permitiendo que cualquiera realice una contribución anónimamente, es también un modelo de producción colaborativa del conocimiento y de openess, e instala importantes interrogantes acerca de la transparencia y la autoridad. Me pregunto si la comunidad académica puede adaptar sus herramientas y métodos para evaluar la confiabilidad de Wikipedia y otros proyectos similares.

*En el excelente ensayo de Michael Jensen, "The New Metrics of Scholarly Authority" el autor discute la abundancia de información y las tecnologías de la web den lugar a nuevas formas de medir la autoridad. Entre los indicadores de lo que él llama "Autoridad 3.0″ están: el prestigio del editor, los referatos, y los comentadores; el número de links y referencias del artículo; número y calidad de los comentarios; la reputación del autor; los tags y otros. De acuerdo con Jensen, para tener éxito en el mundo de la Autoridad 3.0 se requiere la "disponibilidad digital" del artículo para ser indexado, etiquetado, comentado, etc. Como él mismo dice, para estar seguro de que el trabajo es visible, un investigador puede "[a]lentar a sus amigos y colegas a linkear su documento online. Alentar el toma y daca con lectores interesados. Alentar el libre acceso a muchos o a todos sus trabajos académicos. Grabar y digitalizar todas sus actividades académicas. Referir otros trabajos vía links, citas y otros tipos de reconocimiento online. Aprovechar repositorios institucionales así como también la producción de las editoriales open access". Muchos de estos consejos se parecen a los que se hacen a un blogger que recién se inicia: para impactar haga sus asuntos de libre acceso y participe comunitariamente.

El próximo será el tercer y último post: realidad virtual, la base de datos como género, social networking, DDHH "verdes" (?), y las estadísticas de las menciones en delicious y referencias en blogs de los artículos y sitios web mencionados en esta serie de posts.

peón de dama negro

Linda Leung. Etnicidad virtual. Raza, resistencia y World Wide Web, España, Gedisa, 2007, 256 páginas.
Linda Leung

Una fractura enorme separa los estudios sobre bienes culturales y las investigaciones sobre internet. “Estudios sobre bienes culturales” puede reemplazarse con términos como etnografías, historia de la lectura, sociología de la lectura, estudios sobre la recepción, etc. Es un hiato que se hace cada vez más pequeño, aún si para muchos –una vez pasado un tiempo prudencial en la historia de las disciplinas que intentan indagar en torno a las nuevas tecnologías- la fisura sea insalvable. Quizás el libro de Leung padezca la delicadeza de pertenecer a la avanzada de peones centrales (peones que van a ser cambiados y eliminados del tablero) que envían los estudios sobre comunicación hacia la world wide web. De todos modos, una estrategia moderna de control de ese espacio relativamente nuevo no debería hacer sus primeras jugadas con tan poco background. Se trata menos de una falta que de una renguera. Leung se dedica a estudiar, según dice, la producción, la representación y el consumo de las minorías étnicas en la web. Lo hace trazando sus lecturas sobre etnicidad, medios de comunicación y estudios de género en los primeros capítulos, para luego, en apenas otros tres, relatar su trabajo de campo, claramente breve y poco intenso. Su indagación acerca de la etnicidad (concebida a partir de un exasperante criterio reduccionista), la condición genérica y los usos de la web (concebidos con criterios decididamente pobres), esto es, una trinidad considerada como minoría por partida triple, la conduce a un bamboleo entre oposiciones conceptuales: una caterva de referencias de autoridad en muchos casos teóricamente contrapuestas, y a las que su investigación retoma al unísono. Si Leung fuera hombre sería Daneri, el poseedor del Aleph. A caballo del orientalismo saidiano (leído vía Birmingham) y de una idea de resistencia poco madura la autora alcanza una conclusión que se parece mucho al comienzo: “los productores y consumidores de la Red pertenecientes a minorías étnicas saben utilizar ésta para reconfigurar la etnicidad según su propio imagen”. No es casualidad que la sentencia parezca circular: además de la exagerada dimensión de la experiencia para las consideraciones sobre esta fórmula:
( (el uso de la red) por ( ( (mujeres) ( ( chinas ) (universitarias) ) ) )
-como la autora, quien también contesta las encuestas-, sus argumentos invierten el orden más frecuente (Clifford, Said, Tunstall, Hall, entre otros, confirman las conclusiones de su etnografía, aún si escribieron antes).
Al uso particular de la bibliografía -lo más llamativo de este libro- podría oponérsele el excelente trabajo que Janice Radway hizo hace mucho tiempo en torno a las mujeres y la lectura (Reading the Romance). Con todo, la elección de Etnicidad virtual… para su publicación en castellano es un tanto difícil de comprender, porque en estas aperturas donde los peones del centro se cambian rápido, el libro de Leung saldrá rápidamente de esa contienda por consolidar puentes entre las investigaciones sobre audiencias y los estudios sobre internet (que pueden ser vistos como polimorfos, perversos y multinominados como los considera Geert Lovink, en uno de sus artículos en Dark Fiber). Leung ha escrito, para cerrar la metáfora ajedrecística con la que empezamos, el 1)…d4 de una defensa escandinava, que luego habrá que estabilizar hacia el medio juego.

buscar

John Battelle. Buscar. Cómo Google y sus rivales han revolucionado los mercados y transformado nuestra cultura, Barcelona, Ediciones Urano, 2006, 413 páginas.
John Battelle

Una historia de Google.
Desde que Larry Page y Sergey Brin, los fundadores de Google, buscaban piezas entre los equipos de Stanford, hasta el 2005, aproximadamente.
Hay, en cada una de las páginas de este libro, una ligera fascinación con la empresa Google. Y eso puede leerse aún si John Battelle nos revela que a medida que el crecimiento de Google hizo del pasado estudiantil de Page y Brin un borroso recuerdo adolescente, la empresa contrarió cada uno de sus principios libertarios ("no ser malvado", "organizar la información mundial y hacerla universalmente útil y accesible", y otras tantas pataletas taoístas). Esa fascinación puede fácilmente entenderse y compartirse cuando en el primer capítulo Battelle trama ese término que define al fenómeno Google como pocos: la base de datos de las intenciones; puede aceptarse y promoverse cuando en el último capítulo el autor piensa sobre "la búsqueda perfecta". Pero decididamente no podemos acompañar al autor de Searchblog cuando desliza algunos aspectos de los modos con los que "Google y sus rivales" abordaron el tema China, esto es mercadearon, censuraron. Y no se puede compartir porque precisamente si tiene algo de interesante y agónico un relato sobre competividad americana y sueños digitales y cifras larguísimas de empresas que como conejos se reproducen y ahora están, ahora no están, y personas que como conejos mueren aplastados en las vías del american train o practican una suerte de calistenia conejil en el trabajo, es el hecho de que las fantasías digitales y el consumo están inextricablemente ligados.
Y así, quien aspire a conocer en este libro -que tiene como título principal una palabra sagrada, un término áureo, una cifra real-, los crípticos procedimientos polimorfos de algoritmos de búsqueda (PageRank) y sus plataformas hartas de información e indizaciones, así se encontrara, esa cándida persona, con un aprendizaje vertiginoso acerca de los estrechos vínculos entre cotizar en bolsa, el management, el robot de Google y Tesla, el pobre inventor. Lo que parece competir con el famoso acertijo de Lewis Carroll sobre el parecido entre un cuervo y un escritorio, resulta finalmente un argumento capaz de emplazar las discusiones teleológicas de los integrados en un marco apocalíptico para salir de allí un poco más integrados…Por eso el tratamiento a la google de la censura china, defenestrando sus cánones libérrimos y montándose en el carro de los servicios es la marca que denuncia la fascinación de este libro por la cosa y no por el concepto. La delicia por Google y no por la búsqueda.
No es fácil declararse partidario de la free culture y justificar las estrategias de mercado de la marca Google. De esa juntura, alguien saldrá traicionado.
Battelle, en el capítulo final de Buscar…, reconsidera las siderales posibilidades de las utopías que tienen como centro el acto mismo de interrogar al archivo. Contrasta para ello el experimento IBM, Webfountain, un idiolecto culto de interrogación, y los ejercicios googleanos. Para el primero: ejemplos de búsquedas complejas, condicionales que van hasta el límite de la ambivalencia. Para el segundo, no se lo que quiero pero lo quiero ya. Pero Battelle deja entrever que ambos arquetipos se conciben con el mismo horizonte. Tal vez no sea así. Tal vez lo más interesante de pensar la búsqueda no sea rastrear las tentativas por alcanzar el algoritmo que convierta toda intención en acto. Si así fuera la red íntegra cabría en ese botón deseoso registrado en la página de entrada de Google: "I'm feeling lucky", "Voy a tener suerte". Los clics se multiplican de modo menos funcional. Millones de personas no están, aún hoy, luego de diez años, buscando una botella de vino o un jabón de glicerina. (Aunque es innegable que aquellos que indagaban en diez o doce buscadores hace un lustro, hoy sólo usan Google.)
Sigo creyendo que en tren romántico el Geeks de Jon Katz es mejor herramienta para pensar la comunicación actual y el comportamiento de los usuarios que este texto de Battelle. Pero en términos estrictos es una historia de una de las empresas más innovadoras del medio y por ello debe leerse (aunque tiene razón Lara Rey: la traducción parece, por momentos, hecha por el mismísimo Google Translate) . Los debates sobre la búsqueda y sobre la idea persistente y cada vez más extraña de una biblioteca de intenciones pueden darse al compás de Buscar… No por que las comunidades interpretativas sólo piensen búsquedas bajo la cifra de una respuesta; sino a raíz de la posibilidad de interrogar al archivo a los fines de conjeturar, a los fines de la deriva y la náusea. Es esa una utopía que tiene una técnica indecible pero tal vez computarizable: un google que guarde nuestro rastro perdido de clics -un proyecto con el que Battelle se emociona-, los clics del desecho, los golpes de mouse que expresan nuestra curiosidad entrópica, esas preguntas que deben esperar a que nos hagamos de tiempo para atacarlas. Un google que lea nuestras inquisitorias no satisfechas, las cruce, nos entregue links que nos sorprendan, que nos obligue a movernos hacia uno y otro lado del espectro multipolar de la red. Que nos tiente a leer.
Ya compraremos algo.

blogs y política

Pablo de La Barbarie publicó un retruque a los argumentos vertidos en Clarín acerca del escaso impacto que tiene la blogósfera criolla en las arenas políticas locales. El retruque de Pablo es más bien un envido porque básicamente consiste en juntar palos: menciona una lista de blogs -en la que incluye a Tapera- ligados de un modo u otro a la reflexión política. El envido es rápidamente aceptado por el coro y hasta ahora el post ya pasó los 32 comentarios. Gracias a esos comentarios la discusión sigue por varias líneas de argumentación, todas ellas dignas de más intervenciones (blogósfera americana, blogs y media, etc.). Gracias a uno de ellos (de Jorge Y. de la G. de Lobo estepario) me entero de un reportaje que Wainfeld le hizo a María Esperanza hace ya tiempo. (Y yo que pensaba que M.E. era un seudónimo…)
Creo que en ese reportaje hay algunas claves para descubrir que Pablo no tiene nada, no junta palos: es probable, por un lado, que muchos de los blogs citados en el post persigan considerar oblicuamente el escenario político nacional (el que sólo para algunos trasciende los límites confusos de la capital). La propia M.E. le recordaba a Wainfeld el impulso intelectual que ordenó los orígenes de La Barbarie: el que busca un espacio menos hormado que el de los papers. Y debo entender allí que esa horma no es la de las convenciones que afecta a todos los géneros, sino la que bajo ese paraguas no hace sino lexotanilizar el filo de la reflexión intelectual, poniendo a la objetividad no en el cuadro de los métodos y los materiales sino en la distancia de las disciplinas y las querellas. Coincido plenamente; por eso traduje hace un tiempo este fragmento de un post de Tim Burke. Es probable, insisto en este primer punto, que una revista forbes local no esté en el horizonte de expectativas de muchos de los bloggers citados por Pablo. Pero además hay un segundo punto que M. E., al estilo Philip K. Dick, le señala al presente debate, en ese reportaje de hace meses: la relación con los medios de comunicación y los blogs siempre es mejor mirarla menos en clave fuenteovejuna y más en versión instrumental: no sabemos donde va esto dice M.E. pero nos interesa. La radio nos interesa, el podcast, el videoblogs, digo. No sabemos donde conduce la técnica pero sabemos que conduce a lo político. La nota de Clarín sólo recoge una impresión (de Pablo Mancini), creo que acertada. Al menos en mi caso, y tal vez pueda hacer extensivo esto a los otros paisanos de Tapera, nunca se me ocurrió hacer algo parecido a lo de Markos Moulitsas Zúniga. Buena parte del sentido del término Tapera era ese: en medio del campo, sin inflexiones allí donde no se quiere.
Felicitaciones a la gente de La Barbarie, que como queda claro en ese reportaje, algo sabían sobre lo que hacen (eso que hacen y saben, creo, representa bien a muchos de la lista de Pablo).