Historia

La utopía de Prometeo

Ricardo Pasolini. La utopía de Prometeo. Juan Antonio Salceda del antifascismo al comunismo, Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, 2006, 203 páginas.
la utopia de prometeo

El estudio de Ricardo Pasolini se suma a la cadena de fértiles y renovadoras historias que han abordado el estudio de las izquierdas nacionales desde diferentes perspectivas en los últimos años. Ya sea desde la historia intelectual, social y política, los nuevos enfoques sobre los comunistas y los socialistas, como también los referidos al conglomerado antifascista nacional del período de entreguerras se han multiplicado, replanteando hipótesis pasadas o anexando nuevos interrogantes. Sin embargo sigue existiendo una carencia en el campo del estudio de las izquierdas nacionales que La utopía de Prometeo… comienza a saldar. En efecto los nuevos análisis no han podido romper completamente aun con una dimensión espacial que, con pocos matices, priorizó la actuación de las izquierdas en la Capital Federal y sus zonas de influencia inmediata. Pasolini en cambio hizo foco en la localidad bonaerense de Tandil, corriéndose así del tradicional eje metropolitano desde donde las izquierdas llevaron adelante buena parte de su actuación política.
En esencia se trata de la biografía de Juan Antonio Salceda, entendido por el autor como un “modelo de intelectual comprometido” en la encrucijada de un clima epocal donde liberalismo, antifascismo y comunismo marcan a fuego las inquietudes culturales y políticas del protagonista. Pero la obra no se agota sólo en el derrotero cultural de Salceda, ni en el análisis de sus escritos entre 1935 y 1976. El repaso de sus capítulos nos pone al tanto de toda una red de instituciones y de personas que interactúan junto él en el particular medio tandilense; también, el autor reconstruye, apoyado en los intercambios epistolares, los vínculos extra locales que posibilitaron a Salceda ocupar un rango mayor en el plano intelectual nacional a partir del reconocimiento que cosechó, básicamente, entre los comunistas vernáculos.
Ricardo Pasolini establece a lo largo del volumen “una relación entre proyecto de vida, relaciones personales e identidad política con el propósito de presentar una argumentación plausible del devenir social de Juan Antonio Salceda” (p.28). De fondo subyace como interrogante el peso del momento antifascista que se abrió a mediados de la década del ´30 en la constitución de una identidad política comunista. Es por ello que desde la introducción, el trabajo se detiene en sutiles detalles y explicaciones en torno a las características que tuvo el bloque antifascista nacional e internacional. Específicamente, el autor repasa las inquietudes de los antifascistas comunistas nucleados en la Asociación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores (A.I.A.P.E).
El papel que jugaron los órganos periodísticos y las asociaciones cobran fundamental relevancia en el estudio, ya que fueron las piezas claves que posibilitaron la circulación de los bienes culturales en Tandil. Pasolini detalla minuciosamente cada uno de los espacios institucionales que ligaron a Salceda con un importante universo de vínculos personales que le permitieron adquirir visibilidad en aquella sociedad provinciana pero inquieta. Así, el autor muestra como Salceda obtuvo un rango diferencial en tanto intelectual local, cuyo desarrollo es posibilitado por las buenas relaciones que estableció con los redactores de los diarios Nueva Era y El Eco de Tandil fundamentalmente. Ambos diarios, de manifiesta vocación liberal, posibilitaron una tribuna sólida para la difusión de las tendencias antifascistas a partir de dar espacio en sus columnas a nuevas plumas locales; otras, reconocidas del ámbito nacional. Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XX el crecimiento y la inserción social de los intelectuales en Tandil se canalizó, básicamente, por intermedio de la Biblioteca Rivadavia, cuya experiencia es analizada en la obra a partir de un riguroso seguimiento de sus actividades que permite observar la centralidad de la institución en el mundo cultural local.
Al importante espacio que ocupó la Biblioteca Rivadavia en el ámbito tandilense se sumaron las actividades del Ateneo de Cultura Popular de Tandil, creado por el propio Salceda a mediados de la década del ´30. Esta institución sentó un tejido relacional a través del cual se articularán gran parte de las preocupaciones, de las prácticas y de las nociones que guiarán el mundo cultural de Tandil hasta 1960. Si bien la experiencia fue efímera (febrero de 1935- marzo de 1936) la asociación se convirtió, rápidamente, en la filial de la A.I.A.P.E en Tandil. El propósito de la asociación “era dinamizar la vida cultural provinciana a través de una amplia actividad intelectual que articulará personalidades locales con visitantes ilustres del mundo cultural de Buenos Aires.” (p.74). Desde entonces Salceda comenzó a cerrar su vínculo con las ideas comunistas identificándose nítidamente con el espectro de idealizaciones que daban a la Unión Soviética el rango de paraíso deseado. En esos años también, Salceda alcanzó definitivamente el status de intelectual del Partido Comunista.
Pero la definitiva integración Juan Antonio Salceda al mundo intelectual argentino como escritor, se concretizó a partir del fluido intercambio cultural que se desarrolló en el Ateneo Rivadavia (1942-1960). La construcción de su libro, Prometeo. El Humanismo del mito, maduró entre fuertes impugnaciones al peronismo, leído en clave codoviliana, y algunas prohibiciones provenientes del gobierno que imposibilitaron el normal funcionamiento del Ateneo Rivadavia durante varios períodos. El Prometeo… de Salceda es reinterpretado por Pasolini a partir de un minucioso desmenuzamiento. A su vez, el autor articula el discurso “prometeico” del escritor comunista con el particular medio en el que fue pensado y escrito. La obra, a la vez que redondeó el sesgo analítico de Salceda y lo desnudó frente a un público mayor aunque especializado, ensanchó su base relacional y lo catapultó a publicar -entre otros espacios- en la prestigiosa revista Cuadernos de Cultura dirigida por Héctor Agosti. A su vez, la difusión del Prometeo… posibilitó que su autor obtuviese el reconocimiento de intelectuales consagrados como Alfredo Palacios y Ezequiel Martínez Estrada, quienes no dudaron en ligar Salceda con la mejor tradición intelectual filocomunista inaugurada por Anibal Ponce.
Al mismo tiempo que el decenio peronista languideció bajo el ímpetu de sus detractores, se incorporó al debate intelectual de Tandil un arribado que contribuyó, desde una óptica particular, a enriquecer la oferta cultural del pueblo. El escritor polaco Witold Gombrowicz llegó a Tandil en 1957 buscando “el aire puro que reclamaban sus pulmones fatigados por el asma que lo persigue desde su niñez” (p.109). Pasolini recrea las polémicas entre Gombrowicz y Salceda, ya que ambos configuraron polos opuestos en la visión del devenir de la sociedad. Las ideas de Witold Gombrowicz representaron una suerte de anticlímax: el polaco consideraba absurdo pensar en un mundo feliz para la humanidad. “No parece extraño, entonces, que Gombrowicz prefiriera las reuniones de la Confitería Rex de Tandil, a las sesiones del Ateneo Rivadavia, donde se vería obligado a escuchar las bondades de la solidaridad universal que profesaba Juan Antonio Salceda.” (p.115). El escritor polaco se rodeó rápidamente de un grupo de aprendices jóvenes que dieron mayor prioridad a la faz estética del quehacer intelectual que al espíritu comprometido y pedagógico de orden salcediano; además, Gombrowicz potenció novedades en las prácticas culturales locales que no alcanzaron a cristalizarse en un proyecto alternativo a la hegemonía del grupo nucleado en el Ateneo Rivadavia, pero que lo ligaron a una cohorte de discípulos fieles que nunca dejaron de reivindicarlo.
Sin embargo, la proscripción del peronismo, y con él la de los trabajadores definió una escena ficticia, ilegítima y constitutivamente inestable que con el tiempo atentó contra algunos de los que también festejaron la deposición del “tirano prófugo”. Las noticias que llegaban de Cuba también contribuyeron a enrarecer la atmósfera política nacional. La clausura de la Biblioteca Rivadavia ocurrida en septiembre de 1960 a raíz del decreto que prohibía las actividades comunistas “representará no sólo la culminación definitiva de esa institución que permitió la modernización cultural de un espacio provinciano, sino también, la imposibilidad de Juan Antoni Salceda de mantenerse en tanto dirigente de un ámbito cultural local”(p.135). No obstante Pasolini visualiza los elementos que contribuyeron a la orfandad que sufrió el Ateneo Rivadavia frente a los atropellos de autoridades cada vez más reacias a tolerar actividades filocomunistas. Si bien el autor puede detectar cierta movilización en defensa de la obra de la tradicional asociación, sus prácticas culturales ya no son hegemónicas entre los jóvenes, cada vez más proclives a renegar del carácter militante de las prácticas culturales. En síntesis, el año 1960 mostró la fragmentación del discurso liberal-democrático en Tandil “no sólo porque se interrumpe definitivamente el mecanismo Ateneo-Diarios-Bibliotecas (…) sino porque se fractura la identificación político-cultural que la sustentaba” (p.155).
El impacto de la identidad comunista en la vida privada de Juan Antonio Salceda es otro de los puntos fuertes del estudio de Pasolini. El autor se apoya en libros de poemas, documentos personales, entrevistas y memorias familiares para problematizar el rol del ideario comunista de Salceda en sus prácticas cotidianas y en sus relaciones familiares. Empero Pasolini percibe una continuidad natural de aquel discurso optimista del Salceda de Prometeo… en el resto de sus obras y en la relación con los suyos. Tal vez, sus nociones ilustradas y su inquebrantable fe en la “utopía prometeica” hayan llevado a Salceda a persistir en un dogmatismo ideológico cada vez más arrinconado por las críticas, las costumbres y las presiones estatales.
En suma, el trabajo de Pasolini realiza una serie aportes al estudio de las izquierdas desde varios costados que se articulan armoniosamente en su libro. Por un lado el rescate biográfico de Juan Antonio Salceda cuya actuación intelectual es indivisible del particular medio en el cual forjó su ideario y su status de escritor. A la biografía de Salceda se suma, entonces, la descripción y el análisis de todo un complejo entramado de relaciones personales e instituciones que, en diálogo permanente, configuraron el mundo cultural de Tandil, al menos, hasta 1960. Por otro lado, la obra de Pasolini mensura el impacto del momento antifascista en general, y antifascista comunista en particular incorporando a La utopía de Prometeo… con éxito a un campo de estudios en franco crecimiento.

graphos

Un mapa. Un trazado. El intento de graficar dos dimensiones históricas. Freud lo dice claramente en el caso de neurosis obsesiva conocido como el del "hombre de las ratas" (A propósito de un caso de neurosis obsesiva, 1909):"después que el paciente lo hubo hecho todo para enredar el pequeño episodio de la devolución del rembolso por lo quevedos, quizás mi exposición tampoco consiguió volverlo transparente por completo." En ese mismo texto Freud sugiere una relación entre el historiador y el psicoanalista (justo allí, en un articulo en donde debe advertir el esfuerzo interpretativo que implica viajar a través de las fantasías neuróticas). Las dos dimensiones: el relato sobresaltado del paciente; su andar. La cancela que separa ambas trayectorias es el dominio del psicoanalista: un detective paciente como un mamboretá, cazando voces, leyendo gestos, dosificando saberes de ambos mundos.

Freud

historia y small worlds

Como bien cita A. László Barabási en su libro Linked: The New Science of Networks, Lada Adamic ha realizado estudios muy reveladores en torno a los buscadores que aplican un enfoque del tipo Small World para jerarquizar los resultados de búsquedas. Pienso en este texto, en el que Adamic al considerar dos búsquedas ("abortion-pro choice"; "abortion-pro life") detecta que mientras los sitios que se citan en la primer búsqueda no están interconectados, los sitios que devuelve la segunda búsqueda -"pro life"- están fuertemente conectados, y -arriesga- posiblemente estén mejor organizados. Aunque Adamic dice señalar estas conclusiones en función de estrategias de marketing (sugiere un modo para cada tipo de red), László Barabási entrevé que sus conclusiones tienen efectos más allá del mercadeo. Mi interés en este punto es que, volviendo a los temas que venimos tratando en este blog sobre el NGD, Wikipedia, los blogs de historia, creo que la producción de conocimiento científico en torno a herramientas de aprendizaje y comunicación "virtuales" debe considerar la organización "tightly knit", de redes densas, para la discusión.

crónicas de nüremberg

El fenómeno wiki, como ha señalado Carlos Scolari, parece tener mayores chances de permitir esos tipos de comunidades (aquí bien valdría una cita de Stanley Fish sobre las comunidades interpretativas) que la fragmentada e inconexa bloguera historiográfica. Un wiki que colectara información pensada en los blogs -pero no un wiki technorati, claro- aliviaría las cosas, creo, a los que nos gusta escribir rafs y esporádicamente.

h-bot, wikipedia, historiadores.

Hace unos meses Alejandro Piscitelli -uno de los iberoamericanos que mejor entienden el modo en que se ligan y deberían ligarse las ciencias sociales y las nuevas tecnologías-, escribió una nota en educ.ar sobre el H-Bot y las consecuencias posibles del desarrollo acelerado de ese tipo de herramientas, en especial para los historiadores (“Robots que «saben» mucha historia"). Intento decir algo al respecto.

h-bot, CHNU

El h-bot es un dispositivo que busca en internet información de interés histórico. Lo diseñó Daniel Cohen, uno de los historiadores más reconocidos en el campo de la Digital History (link a blog). Y su origen está ligado a investigaciones en torno al modo en que Google recupera e indexa información de la web (el artículo de Paul Vitanyi y Rudi Cilibrasi es un clásico). Básicamente (muy básicamente) el procesamiento de dos o más palabras tipeadas en la caja de texto del buscador más importante en la actualidad (por ejemplo, “salmón” y “solari”) trabaja sobre un índice de palabras que Google construye y una serie de ubicaciones asociadas (eso significa indexar: google no revisa en cada búsqueda una y otra vez todas las páginas que previamente detectó): entonces si “salmón” aparece en las páginas 1,6,9,1450, 2560,… y “solari” aparece en las páginas 6,7,25,1451,2560,…; las páginas pertenecientes a ambas series nos dan la serie defintiva: 6,2560,… El problema es ordenar esta última serie: ¿cuál de esas dos páginas del ejemplo irá a la cabeza del resultado de la búsqueda? La que corresponde a la compañía de pesca de W. Solari, digamos, o la que informa sobre la interpretación que el indio solari hizo del tema de Andrés Calamaro? Una de las razones por las que existen opiniones muy adversas sobre los alcances de los recursos online como instrumentos de la producción de conocimiento científico, es precisamente que, aún si logramos visitar todos las páginas que surgen como resultado de la búsqueda (en este caso dos), bien puede ser que la información recolectada sea errónea. La ausencia de un control académico, erudito, sobre la información vertida en las páginas web visitadas aleja las búsquedas online de los procedimientos heurísticos ligados a la investigación formal. La sentencia presupone un dato que los investigadores que la discuten no niegan: un porcentaje mayúsculo en internet es inexacto o impreciso. Lo que este robot logra es establecer una ponderación distinta al pagerank de Google, pensada esta vez para datos históricos. Recuperando infomación, ponderándola y luego consensuando un resultado, H-bot es capaz de responder cuándo nació Salman Rushdie… pero no es capaz de explicar cómo es que sigue vivo. Se puede probar aquí.
William J. Turkel, otro digital historian, indaga sobre el algoritmo que da origen a este tipo de desarrollos computacionales, el NGD (Normalized Google Distance, en el texto de Vitanyi y Clibrasi). En uno de sus últimos post en su blog, Digital History Hacks, Turkel pretende indagar sobre las representaciones populares y su correspondencia o no correspondencia con el psicoanálisis con relación al término “fetichismo” (la traducción del post en una de las páginas de Tapera). La apuesta es más que inquietante pero no dejan de sorprender los resultados: Turkel hizo un programita para poder probarlo –link al mismo- y eso fue lo que hice:

suponía que los hispano hablantes iban a correlacionar malamente el término “cuadra” con “panadería”, aunque sabemos que se denomina así al lugar de elaboración del pan. Supuse que tampoco iban a hacerlo muy bien con “hectárea” o “campo”, aunque sabemos que la cuadra es una unidad de medida que en algunos lugares aún se sigue usando. Bien, suponía mal en el primer intento, suponía bien en el segundo: “cuadra” está muy cerca de “manzana” y “esquina” (.40); cerca de “policía” (.46); cerca de “panadero” y “soldado” (.48 en ambos casos); más lejos de “carnicero” (pero no tan lejos, 0.50); distante de “campo”, “plano” y “hectárea” (más de 0.60 en los tres casos).
Hice un intento más con “aborto” y varias palabras para vincular, pero merece otro post.


El problema que preocupa a Piscitelli y a muchos es que si eso es historia o podría llegar a serlo. Reformulemos la pregunta: ¿podría investigarse historia por fuera de las universidades con igual calidad en sus resultados? Ambas condiciones deben cumplirse puesto que ya se investiga históricamente “por fuera” de los ámbitos académicos. Además, no es necesario que los investigadores universitarios acepten la respuesta, pero sí es necesario que las pertinentes objeciones con las que actualmente se ataca a un tipo de producción alternativo, dejen de ser verificables. El H-Bot es un programa logrado justamente por lo que se le achaca: que sea una máquina sólo capaz de hallar datos históricos precisos. Obviando las comparaciones antropomórficas, la máquina está en una versión inicial pero ya se adelanta al trabajo de Google y eso no es poco. Para responder a la pregunta que mencionábamos hay que cruzar esa serie de informaciones (NGD-Cohen-HBOT-Turkell-Piscitelli) con otra que investigó Rosenzweig (co-autor junto a Cohen de un texto que es una referencia importante en este post) sobre Wikipedia. (La línea sería en verdad [Wikipedia-Nature-Rosenzweig-Piscitelli] porque Piscitelli “toca” indicialmente el tema pero lo abandona rápidamente.)

wikipedia

La polémica comparación publicada en la revista Nature entre la Enciclopedia Británica y Wikipedia (una enciclopedia abierta: cualquiera puede escribir un artículo sobre un tema en particular, pero también cualquiera puede corregirlo, aunque hay revisores). El artículo se inclinaba a favor de Wikipedia. Una especie de colectivo gnoseológico capaz de perfeccionarse, no sólo en los artículos sobre procesos históricos, por ejemplo, sino también publicando sobre modos de investigar, sobre retórica, sobre procedimientos analíticos, etc. a partir de los cuales otros integrantes pueden aprender y escribir o corregir artículos sobre procesos históricos o sobre investigación. Ese procedimiento no es nuevo y está muy ligado a la enseñanza académica. Rosenzweig, en el artículo que publica en la académicamente prestigiosa revista The Journal of American History reflexiona sobre este punto, sobre la posibilidad de una enciclopedia (por el momento se trata de un saber enciclopédico también en la distinción que opera sobre su audiencia, es decir, se trata de una producción de conocimiento no profesional, coma la Enciclopedia Británica). Pienso que ese tratamiento colectivo de la información y el perfeccionamiento de máquinas capaces de acelerar la minería de datos contribuyen a la historiografía en general y ciertamente dibujan un escenario posible desligado de la autoritas universitaria. Mi único cuestionamiento es que mientras estas investigaciones y avances estén ligadas a Google, una cada vez más feroz empresa lucrativa, los límites de esa producción de conocimiento son tan computacionables, calculables, como la fecha de nacimiento de Rushdie.

¿blogs de historia?

Recorro la red que los blogrolls de algunos sitios web de historiadores americanos van armando. Los nodos más intervinculados, en rigor de verdad. Y en tiempo presente porque verdaderamente es fatigante: la gran mayoría no trata sobre sus temas de investigación sino sobre las tecnologías aplicadas a la enseñanza digital o a la creación del propio blog. Dos públicos parecen dibujarse en ese desplazamiento: el lúgubre y escaso consultor de las cada vez más específicas monografías de pobre tirada; y el obsesivo, trepidante, nómada, lector de archivos .css y colector de plugins para wordpress (aunque algunos de esos blogs son increíblemente valiosos, por ejemplo el que en uno de sus post trata el tema de las notas al pie y la factibilidad de hacerlas bajo CSS: HistoryTalk). Hay excepciones claro, de las que más adelante iremos conversando; pero en términos generales, la nueva tecnología seduce al historiador y este procede en consecuencia: se hace un blog y se mira haciéndolo.
Los blogs de historia en idioma español parecen tener otro perfil. Y digo “parecen” porque hasta ahora he visto pocos surgidos desde personas o grupos ligados al ambiente académico. En el blog de Justo Serna: Los archivos de Justo Serna, por ejemplo, las opiniones y escritos punzantes sobre diversos temas ligados a las ciencias sociales, a la literatura, a las noticias de actualidad, y a la historia, circulan con fluidez bajo el kubrick de wordpress, dejando a los archivos .php hacer lo suyo.
¿Se trata de dos apariencias “correlacionables”? pienso mientras miro la interfase del FeedDemon, que me avisa de dos nuevas entradas rescatadas por las arañas del technorati.

una historia embrollada

Hace un tiempo leí­ el texto de Vernon Takeshita, "Tangled Web: The limits of Historical Analysis on the Internet", en el que se duda y mucho sobre las ventajas -constantemente anunciadas por muchos- de las nuevas tecnologías y la historia. El texto es "viejo" (del 2001) pero aún puede insistirse en ese debate. Dos versiones litigan allí­ (allí­ es en estados Unidos un ejemplo lo pone mejor: el CHNM, uno de los sitios web más sólidos que pueden consultar los historiadores, se trasladó hace un tiempo a un edificio nuevo (pueden verlo aquí­); mientras que la mayorí­a de los investigadores que intentan vincular su profesión con internet deben hacerlo desde su casa o con escasos recursos por lo general diseñados para otras tareas (acá no se puede ver): la voz de Roy Rosenzweig y la de Takeshita. Mientras el primero refuerza su percepción de un escenario alentador, y además, estudia históricamente a la propia herramienta que alienta -la internet; el otro -Takeshita- sostiene que tanto tecnológicamente (i.e. los pocos párrafos que entran en un screen) cuanto cualitativamente (toda la basura que circula, la rusticidad de los búscadores), la internet no está a la altura de la producción del conocimiento histórico, en términos académicos. Takeshita al parecer ha llegado a desaconsejar las referencias a trabajos de este medio. Sigo pensando que las objeciones de Takeshita son actuales pero sospecho que si trocáramos el término "internet" por televisión, cine o libro, tendrí­amos problemas muy parecidos (si para Takeshita el scroll de pantalla es incómodo y dificultoso, hay que recordar aquí­ la larga forja que permitió el imperio de conductas ligadas a la lectura). El problema vuelve sobre "apocalí­pticos e integrados".digiyt