imágenes

Lewis Hine

"Durante el otoño del 2005 fui contratado por la autora Elizabeth Winthrop para encontrar a los descendientes de Addie Card, una niña de 12 años que trabajó en una fábrica textil en Pownal, Vermont. La niña fue fotografiada en 1910 por Lewis Hine para el National Child Labor Committee. Hine, quien murió en 1940, fue uno de los más grandes fotoperiodistas del siglo XX". Así comienza el about del sitio Mornings of Maple Street, que además de exponer los trabajos de Joe Manning, es una fuente preciosa en torno a Lewis Hine y a sus fotografías.

linea

Si existe el Universo mientras parpadeamos

Post cruzado desde La curiosa sociedad de los carnotistas

Fractales

Estas imágenes son partes o acercamientos de los modernos fractales. Se pergeña por computadora, mediante ecuaciones sencillísimas, donde el primer resultado del cálculo se usa para el siguiente y así sucesivamente, y de acuerdo a que convergan o no a un único resultado se le da un "color" o tono.
Si se acerca la "lente" – mejor dicho, si se concentra el cálculo en un rincón, haciendo más iteraciones en ese grupo de puntos – aparecen muchísimos detalles que, a cierto punto, asemejan el encuadre anterior. Si vuelve a fijarse una porción menor y se afina aún más el cálculo, de nuevo resurgen detalles que asemejan a la escala mayor. Así sin fin.
Cuando Mandelbrot vio este primer resultado en su laboratorio de la IBM describió sus impresiones diciendo mas o menos: No tuve la sensación de haber creado nada, de ser un inventor. Eso ya estaba ahí, y yo simplemente lo descubrí.
El sólo puso unas ecuaciones a iterar y salieron estas estructuras fantásticas – y en la historia de las Matemáticas eso pasó una y otra vez.
Por eso cuesta creer que no existen aunque nadie las piense.

la lectura otra vez

Hace tiempo me dediqué a reflexionar acerca de la teoría que Mempo Giardinelli elaboró sobre la lectura. Era buena. Sin embargo, leyendo Con Valor (un filtro muy recomendable) accedo al Elogio de la lectura que escribió José Antonio Marina para festejar El día de la lectura en Andalucía. La teoría de Marina es decididamente mejor.
Dice Marina que leer no es un lujo ni una satisfacción privada sino, antes que nada, una necesidad social. Depende de la lectura la posibilidad de aprovechar las nuevas tecnologías:

quotep

Un burro conectado a internet sigue siendo un burro y, por ello, lo que necesitamos es que delante de las pantallas de los ordenadores haya gente ilustrada, culta, capaz de internarse animosamente por los espléndidos caminos del lenguaje, da lo mismo que sea a través de las líneas electrónicas o de las líneas de un libro.

El argumento secundariza "las pantallas de los ordenadores" (con este rizo Marina remite a las imágenes) con respecto a la lectura -cifra de las "buenas" prácticas digitales-. La lectura es algo que se practica antes que el mirar un monitor (este último ejercicio no puede ser ligado a la Cultura, porque un lector conectado a internet es algo más que eso, se transforma, a diferencia del burro, y su clave evolutiva no está mediada por las nuevas tecnologías). Pero si sólo eso señalara la sentencia de Marina, no estaríamos remitiendo a ella aquí, en este blog en el que no se permite el ingreso de animales.
Está claro que, además, el pensador se carga la teoría de Émile Borel sobre el mono ese que puesto a pulsar teclas de una máquina de escribir, a la larga escribiría cualquier libro de una biblioteca dada. El burro, que es un mamífero de dudosos conocimientos, aún con internet, no puede vaciar de sentido o resignificar el estigma que pesa sobre él, no porque no advierta su naturaleza sino porque no sabe leer. Por extensión: el mono no puede escribir un libro de, digamos, Emilio Durkheim no debido a las debilidades matemáticas del teorema sino porque no sabe leer.
Marina advierte que su texto no es una alocución para convencidos. Y sostiene:

quotep

Y no hay mejor medio que la lectura para adquirir esos mecanismos lingüísticos que son imprescindibles para una vida verdaderamente humana.

Aquí la Junta de Andalucía debería preguntarse si en esta sentencia no habita una pesada broma porque se parece y mucho a un fragmento de una especie de discurso patricio en un nuevo Aventino. Convocar a los no convencidos a la lectura del nuevo evangelio y ofrecerles una Nueva América que les depara nada menos que abandonar el incesto y ganar el bipedismo, o resulta contradictorio porque supone que, para entender lo que se promete, se posee aquello que se ofrece; o bien resulta un gesto a la san francisco pero de mayor impacto, en la medida en que el peso de un burro supera ampliamente el peso de unos pájaros. Digamos, con todo, que a Marina la conversación no le parece una actividad lingüística y, por ende, le parece una actividad no verdaderamente humana -lo que equivale a decir inhumana-. Dice Marina que:

Cuando el lenguaje falla, la violencia aparece.

Yo creía, vanamente, que podría sostenerse lo contrario. Marina me desasna: la democracia depende de la lectura. Los dictadores la censuran. Los dictadores prefieren la televisión porque si permanecemos pegados a ella, dice Marina, estamos en la antesala de la sumisión. La reflexión es de un género más bien breve, y por eso tal vez no abunde en el problema de un burro frente a un televisor. ¿Sigue siendo un burro el que ha visto una temporada de Lost o un talk show?
Los andaluces se enfrentan así a un dilema epimenideo: ¿deben movilizarse con esta arenga?

Sontag, Fenton y Morris

Errol Morris publicó un extenso trabajo en el NYT (en tres partes, una, dos, tres) en el que a partir de lo escrito por Sontag sobre dos fotografías de Fenton en el Valle de las sombras de la muerte (en una no hay balas de cañon en el camino; en la otra sí), el autor se pregunta cómo es posible pensar que la secuencia de las dos fotos es primero SIN y luego CON balas de cañon. Para ello consulta a especialistas en Fenton, viaje al valle, trata con expertos en imágenes, luz, etc. Además del texto, hay cerca de mil comentarios. (Lo dijo Cliopatria.)

Fenton

linea

zoom

Hay un cuento, quizás lo escribió Henry James. No recuerdo. En él todo comenzaba, supongamos nomás, en una habitación; creo que con un objeto: la lámpara en la mesa de luz. Específicamente se trataba de la pantalla de la lámpara. Era una tela en la que podía verse un paisaje. En algún punto de ese paisaje, si se hacía foco en determinado lugar, podía apreciarse otra geografía. Personas bebiendo o corriendo en un parque. En una revista que yacía apoyada en uno de los bancos de la plaza podía observarse una foto de una habitación, y en esa habitación una lámpara de luz…
Lo que no ha sido sino una prolongación de lo que la escala sólo en apariencia permite hacer y que tantas veces ha sido capturado por la literatura (Del rigor de la ciencia o Flatland) en la actualidad comienza a devorarse otros registros ajenos a la imagen. Hace un tiempo pude ver esta presentación de Seadragon, una tecnología que Microsoft esta perfeccionando aceleradamente.

YouTube Preview Image

Consiste básicamente en mapear imágenes y "ponerlas" en otra escala: basta un zoom para ir y venir: de la página 4 de una mala traducción de W. H. Auden a un forma monocromática con trazos borrosos y de ahí a una grilla de 100 x 100 fotos. Al revés: sólo vemos al comienzo una larga mesa de extraños ravioles (o una lámpara ocre en una habitación desconocida); luego de un breve movimiento de mouse (o gesto táctil), unas cuántas fotos borrosas con gusanos negros serpenteantes; y después, ahora sí, Auden, página 4. Lo fascinante no es sólo la potencia que esto implica, sino las posibles consecuencias no ya sobre el álbum familiar (aunque sí) sino sobre las tecnologías de la mirada, sobre las influencias en la lectura: del dedo envenenado con curare de El nombre de la Rosa, al dedo envenado con curare de la mala cosa esa de Minority Report.
En el video puede escucharse al presentador sostener que con esa tecnología podría manejar todas las imágenes de las redes sociales. No hablaba de una biblioteca de babel: el dominio que las megaempresas dicen tener sobre las imágenes no alcanza ni siquiera el nivel del algoritmo borgeano en el relato de la biblioteca definitiva; no han podido conjeturar una gramática. Total…siempre se puede capturar. Y sin embargo, los usos de esa entrópica solución pueden deparar notables variaciones en nuestras ideas sobre el documento.
Gracias a La botella de Klein me entero de una demo online de Photosynth, una herramienta emparentada con Seadragon.

graphos

Alguno, alguna vez, en algún comentario, chilló porque insertamos pocas imágenes en los posts. No siempre fue así. A partir de discutir las implicancias de referir una foto de Yeltsin cuando se habla de Yeltsin o una foto de ___ cuando se habla sobre la humedad, como en este post, las intervenciones fueron haciéndose cada vez más ralas (el filoiconismo intima con la idea de vegetación y con la de exotismo).
Algo semejante puede discutirse contraponiendo esta ilustración que hace las veces de mapa en el libro de Julieta Quirós (ya reseñado aquí), Cruzando la Sarmiento,

Schavelzon

y este diagrama copiado del capítulo "Un doctor ndembu en acción" del libro de Víctor Turner, La selva de los símbolos.

Turner

Daría la impresión, leyendo el diagrama, que una larga vanidad cartesiana acompañó a las etnografías en aldeas. Esos intentos de grillar el espacio del nativo pueden haber contribuido a familiarizar la investigación, pero también contribuyeron a alimentar la imaginación orientalista del otro cultural (como bien recuerdan los Comaroff en su libro Ethnography and the Historical Imagination, el largo aliento del evolucionismo unilineal tiene impacto en todas las ciencias sociales que miran a ese genérico utilizado frecuentemente: África). Turner mientras discute las derivaciones de tratar los símbolos como símbolos o como signos no repara en la dimensión etnocéntrica del sinoptismo.
Malinowski, a quien le daba por lo mismo de a ratos, dejó sin embargo otra herencia que rescata Salvador Schavelzon, autor de la ilustración del libro de Quirós: la subjetividad. El albur de conocer el punto de vista del nativo adquiere en investigaciones que no desisten de considerar la politicidad manifiesta en el ritmo de la aldea variaciones contundentes. En este caso, bastan unas cuantas casas, unos árboles, un mástil con bandera flameando para rubricar el registro que trabaja con las identidades cambiantes, dañinas para todo cartesianismo. ¿Quién intenta hoy saber lo que significa tratar con imágenes?