marxismo

marxismo cósmico

Alexander Bogdanov. Red Star. The First Bolshevik Utopia, Indiana University Press, 1984.
Alexander Bogdanov

La estrella roja del título del libro es el planeta Marte. El planeta Marte de 1908: rojo, con canales, algo más cercano que el de hoy. El protagonista del libro, un tal Leonid, es un revolucionario marxista (uno que se quedó del lado más radical después de la fractura del partido socialdemócrata ruso en 1903), al que un día invitan a viajar a Marte. Unos marcianos lo convencen muy rápidamente de que eso es lo mejor para él y para el socialismo. Y se sube a un ethenoreph y llega en unos meses al planeta vecino. Allí se practica el socialismo desde hace rato. Aunque su relato es más bien superficial en lo que respecta a la historia de Marte, sabemos que allí los modos de producción se sucedieron de igual modo que aquí, sólo que allá las cosas fueron más rápidas, las luchas menos cruentas, la vida no tan complicada (Leonid especula que tal vez eso obedezca a que Marte está más lejos del sol y las especies no son tantas como aquí, y sus batallas por sobrevivir no tan jugadas; pero aquí habrá que ir más allá de esa especulación y acercarse a la tectología, el desarrollo más reconocido del médico Bogdanov). El socialismo marciano es una tremenda fantasía de trabajo libre, poligamia, escasa coerción, nuevas pedagogías, fábricas bruñidas, desarrollo organizativo, armonía entre el campo y la ciudad, debate productivo, etc. Además, Leonid, elegido entre miles de potenciales embajadores (los marcianos prefirieron no invitar al "viejo de la montaña" -por su carácter de hierro, por su rigidez- o al poeta revolucionario -Gorki- y entre los pocos ilustrados trabajadores señalaron a Leonid), entabla cordiales relaciones con algunas mujeres, se proletariza, descubre la faceta colonizadora de los marcianos (estaba todo bien por aquel entonces en el planeta pero mientras tanto se comían todos los recursos), se agarra unas alucinaciones, asesina a un conspirador. En fin, al tiempo se vuelve. Queda un poco loco; se cura; se pone al tanto del proceso revolucionario; se suma a las huestes socialistas; tira unas granadas que dan en el blanco; lo hieren; parece que va a morir; su amor marciano viene a buscarlo, y se lo lleva nomás.
Para Richard Stites -lo dice en el prólogo y en su muy buen libro Revolutionary Dreams-, Bogdanov era un tipo importante en su tiempo y su obra fue muy leída en los veinte. Sus disensos con Lenin y con Gastev, su narrativa science fiction, sus experimentos sociales, sus críticas al taylorismo y su insistencia con el tema de las transfusiones (en 1928 intercambió su sangre con un joven enfermo y se murió) son materiales que pueden leerse entre líneas en el relato que acabo de contar malamente. Otros textos así lo han hecho (aquí, acá, acullá, más acá). Eugene Zamiatyn escribió su excelente Nosotros (1920) como una suerte de respuesta a Red Star. George Orwell dijo haber leído a Zamiatyn y reconoció su influencia en 1984. Lo mejor de Bogdanov está en esa red textual sobre la que se piensa la imaginación utópica del siglo XX. Pero también está en Red Star (y en los textos que acompañan a este relato), aunque de eso conviene no decir nada porque como los chistes, si se explica pierde la gracia.

Marx en Argentina

Horacio Tarcus. Marx en la Argentina. Sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 2007.
Marx en la Argentina

El estudio de Horacio Tarcus tiene como objetivo analizar la recepción y difusión local del marxismo. El autor organiza la penetración del ideario de Marx en la Argentina a partir de cuatro momentos de acogida que abarcan más de treinta años de la historia de nuestro país entre 1870 y el centenario. Es en ese tramo donde las recién llegadas ideas de Marx se entroncan con las historias vitales de sus primeros difusores, algunas organizaciones, como también con la joven clase obrera nacional más proclive, en general, a refugiarse en la combativa sencillez que proponía el anarquismo.
El primer estadio que construye Tarcus se extiende entre los años 1871 y 1880. Durante esos años fueron los franceses, refugiados en Argentina tras la derrota de la Comuna de París, quienes intentaron, sin demasiado éxito, hacer circular la obra de Marx. En el recorrido también el autor rescata el derrotero de personajes olvidados como el naturalista belga Raymond Wilmart quien fuera enviado por la Primera Internacional a la Argentina para poner freno al crecimiento del anarquismo.
El segundo momento se desarrolla entre 1880 a 1890. En esta etapa serán los alemanes que huyeron de la persecución “antisocialista” Bismarckiana quienes tomaron la posta en la tarea de difusión. Nucleados en la asociación Verein Vorwärts, la actuación de los socialistas alemanes, cuyo referente central fue el ingeniero Ave-Lallemant, había sido estudiada en un trabajo pionero por Ricardo Falcón a principios de la década de 1980. No obstante Tarcus profundiza aun más, a partir de un casi obsesivo relevamiento de fuentes, siendo ésto último una de las características salientes de todo su estudio.
La tercera etapa coincide con el último decenio del siglo XIX y tiene como hitos la fundación del Partido Socialista Argentino en 1896 y la traducción al castellano que realizó Juan B. Justo de parte de ElCapital. El momento se caracterizó también por la fallida intención de minar la hegemonía anarquista dentro del movimiento obrero. Sin embargo la insistente vocación de que los preceptos de la Segunda Internacional fueran las balizas que guiaran los pasos a seguir por el movimiento socialista, supuso la construcción de una subcultura en crecimiento con pretensiones “científicas” que marcará las características de la última de las etapas descrita por Tarcus. En efecto, el último momento implica la asimilación del pensamiento marxista en la Argentina y se extiende aproximadamente hasta 1910. Allí, el autor destaca cómo la doctrina de Marx va ganando status académico y seguidores. Para ejemplificar el momento Tarcus rescata las figuras de Alfredo Palacios, Enrique del Valle Iberlucea y José Ingenieros como los promotores notables. Sin embargo el autor nota como las ideas de Marx se articularon con los conceptos positivistas dominantes en la época, dándole así al marxismo local un sello distintivo.
La historia de la recepción de Marx en la Argentina que nos ofrece Horacio Tarcus es la más completa escrita hasta el momento. Cimentada en un enorme corpus documental, la obra se incorpora exitosamente al buen número de historias de las izquierdas nacionales que han aparecido en los últimos años, ya sea para ampliar estudios pasados o para incorporar nuevos interrogantes. Sin duda Marx en la Argentina… es más que una historia de ideas, y abre la puerta a nuevos desafíos investigativos que seguramente serán retomados para seguir dando forma a un campo de estudios que se ha renovado sustantivamente.

luz negra

el 8 de octubre pasado se ha recordado de diversas formas los 40 años de la muerte del che guevara. Esas formas han cubierto un amplio espectro, desde la conmemoración exaltada de la figura del revolucionario ejemplar, hasta la crítica impiadosa del subversivo terrorista. En el medio, o en algún extremo, no sé, el icono guevara transformado en una mercancía, o varias: estampado en remeras, figuritas, etc. etc. esta es probablemente la más curiosa de las recordaciones, y me hace pensar en la insólita capacidad del capitalismo para mercantilizar los más diversos aspectos de la vida social; indico aquí que unos autores acaso vinculados a eso llamado marxismo analítico decían que la esencia del capitalismo no se encontraba en la apropiación de la plusvalía, sino en su infinita habilidad para convertir el valor de uso en valor de cambio.
sin embargo, lo que particularmente me desagrada del abigarrado arco de recordaciones es aquella que proviene de una izquierda notablemente anacrónica. Ya que estamos recordando, recuerdo haber participado hace unos años atrás en las llamadas “cátedras abiertas che guevara”, las que, más que intentar pensar en los probables legados de una vida y un ideario volcado a la revolución social, parecían -en aquellos que venían a chamuyar bajo el dudoso supuesto que conocían profundamente aquella vida e ideario- un plañidero coro de viudas e hijas del revolucionario argentino-cubano. Ni el más somero intento por pensar el significado de la revolución social en las condiciones actuales. Porque, nos guste o no, hoy no es “el tiempo que puede ser mañana” ni, salvo que uno esté medio ido, podría decir que “la era está pariendo un corazón”.
en fin, todo este introito un tanto extenso era simplemente para poner la canción que va acá abajo. Y eso porque yo estoy convencido, como en ella se dice, que “un mundo nos separa de ese mundo”. Mantener en las banderas las efigies de los más altivos contrincantes del capitalismo está bien, si es que se lucha por un mundo mejor; suponer que basta con reivindicarlos, es penoso. “sólo la verdad nos hará libres”, decía josé artigas. Y sacáte el sombrero cuando lo digas.

Marx por Martí

“Un tal Carlos Marx amenaza a Europa con sus ideas incendiarias”. Así fue construyéndose la tardía fama del autor de El Capital en América latina por intermedio de las crónicas periodísticas que lo sindicaban como el líder de los comuneros franceses de 1871. Sin embargo, hasta que los exiliados de aquellas jornadas francesas no fueron arribando a América, fundamentalmente a Estados Unidos y Argentina, poco se supo de sus obras, de esas ideas incendiarias. Luego serían los exiliados alemanes que huían de las leyes antisocialistas del canciller Bismarck los encargados de discutir, y en menor medida difundir por el costo de la barrera idiomática, el ideario marxiano. Igualmente estos Alemanes cobraron algo de visibilidad recién a fines de los años ´80 del siglo XIX.
A la muerte de Marx en 1883, José Martí, un joven corresponsal del diario La Nación que vivía en Nueva York, publicó una columna describiendo un homenaje tributado a Marx en una asamblea obrera de aquella metrópoli:

quotep

Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor…Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias temerosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blanco al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Ved esta sala; la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La multitud, que es de bravos braceros, cuya vista enternece y conforta, enseña más músculos que alhajas, y más caras honradas que paños sedosos (…) Karl Marx estudió los modos de enseñar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseño el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni del seno de pueblos en la historia, ni de seno de mujer en el hogar (…) Y entre salvas y aplausos tronantes, y frenéticos hurras, pónese de pie, en unánime movimiento, la ardiente asamblea, en tanto que leen desde la plataforma en alemán y en inglés dos hombres de frente ancha y miradas de hoja de Toledo, las resoluciones de la junta magna acaba, en que Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo. Suenan músicas; resuenan cantos; pero se nota que no son los de la paz.

De “Cartas de Martí. Honores a Karl Marx , que ha muerto” en La Nación, 13/5/1883, citado por Horacio Tarcus, Marx en Argentina. Sus primeros lectores obreros, intelectuales y científicos, Buenos Aires, 2007.

Según Tarcus, estamos frente al primer texto histórico- filosófico relevante sobre el marxismo en América Latina. Hay, no obstante el homenaje, algunas reservas que se trasuntan cuando Martí menta a Marx como aquel que “anduvo deprisa, y un tanto a la sombra.” Incluso su final en este sentido es desconcertante. Martí concluye: “suenan músicas, suenan cantos; pero se nota que no son de paz.” Las reservas de Martí en relación a la teoría social de Marx – según Raúl Fornet (José Martí y su crítica a la filosofía europea, 1995)- se refiere a la lucha de clases y están ligadas sin duda a su posición filosófica fuertemente influenciada por el krausismo. Partiendo de esta posición Martí se apoyó en la posibilidad del amor reconciliador y juzgó a la lucha de clases como un camino de dureza y odio, fatal para el desarrollo de las jóvenes repúblicas de América Latina.

sobre revolución

Voy a retomar las reflexiones de Oscar Aelo en el post anterior. Sin duda, como el bien sostiene, el concepto de revolución ha perdido buena parte de la fuerza intrínseca que su sola mención contenía. Allá quedan los “anacrónicos puristas” que Aelo menciona; los “marxistas de derecha” sugiere Omar Acha en un provocativo post. Si bien perduró -lo suficientemente arraigada- hasta no hace mucho tiempo la idea leninista sobre el concepto, Aelo sumó un par de interesantes definiciones de raigambre latinoamericanista para seguir pensando el tópico, y acaso, para que sirvan de disparadores para reflexiones ulteriores.
Elías Palti (“Temporabilidad y refutabilidad de los conceptos políticos”, Revista Prismas Nº 9) reflexiona sobre la historia de los conceptos – desde sus aporías constitutivas-. Partiendo del apotegma de Nietzsche de que “sólo lo que no tiene historia es definible”, los sostenedores de dicha tesis aseguran que el sentido de los conceptos medulares del discurso político (revolución en este caso) nunca pueden fijarse de un modo definitivo. Desde esta perspectiva, ninguna teoría política podría afirmarse como superior o más verdadera que cualquier otra. Palti previene en el citado artículo sobre los riesgos (falacia metodológica dice él) que esta concepción tienen en sí: “Si los conceptos constitutivos del discurso político, y, por lo tanto, de la vida política, son efectivamente esencialmente refutables, entonces no podría haber lenguaje moral común o léxico cívico, y, por ende comunidad”. En última instancia, afirma, la tesis mencionada tiene consecuencias autoritarias. En caso de que surgieran desacuerdos respecto del sentido de conceptos tales como “poder”, “revolución”, “libertad”, “Justicia” el entendimiento mutuo se lograría por dos medios: “la conversión o la coerción.” Y es aquí donde Palti hace jugar la idea de “temporabilidad”, no negando la refutabilidad de los conceptos sino, más bien, cargándolos de sentido histórico; reconstruyéndolos desde sus aporías, en una compleja operación, que incluye desde la construcción de los contextos de debates de dichos conceptos hasta la indagación de los umbrales que determinan su historicidad. Es necesario estudiar, dice Palti, “cómo es que la temporalidad irrumpe eventualmente en el pensamiento político.”
Si entonces concluyéramos que la idea jacobino- leninista, por darle un nombre a esta formulación del concepto revolución, quedó perimida o fue cercenada del lenguaje político actual, debiéramos preguntarnos, siguiendo a Palti, si solamente fueron las crisis de los “socialismo reales” las que postraron la hegemonía del concepto; también si su primacía durante buena parte de los siglos XIX y XX no imposibilitó, y acaso imposibilita, el florecimiento de otras nociones sobre el concepto como la felizmente citada por Oscar Aelo. Cito algunas reflexiones más sobre la idea para seguir indagando o discutiendo:

El revolucionario no se revela contra los abusos, sino contra los usos.
José ortega y Gasset, El tema de nuestro tiempo.
Lo que necesitamos es la Revolución. Pero es absurdo creer que la Revolución la hacen los hombres que han heredado todos los vicios intelectuales y morales de la burguesía, hombres como los comunistas. La revolución será espiritual o no habrá revolución.
Waldo Frank, Nunca acabará el verano.

el historiador y su oficio

E. P Thompson. Beyond the Frontier. The politics of a failed mission: Bulgaria 1944, Stanford University Press, 1997, 111 páginas.
<

En 1985 E. P Thompson pretendía "volver a su oficio", el cual suponía haber abandonado por su militancia en el movimiento europeo antinuclear. Sin embargo ese abandono, o mejor dicho esta nueva militancia, nos dejó una tríada bibliográfica que ejemplifica la íntima relación entre el historiador y el polemista, entre el investigador y el ciudadano. Nos referimos a Zero Option, Star Wars y The Heavy Dancers.
Aún así, no cabe duda alguna, que Thompson pretendió durante los últimos años de su vida volver a ejercer su oficio de historiador. En tal sentido sostenía, como lo había dicho William Morris, que "la mejor forma de prolongar el resto de nuestros días, es terminar nuestras viejas cosas". Nuestro autor, de esta manera dio cuenta de sus propias "viejas cosas":

quotep

Mi libro, escrito a medias, sobre William Blake; mi obra sobre los románticos en Inglaterra, en la década de 1790: el joven Wordsworth, el joven Coleridge, y la declaración y la derrota de la causa de los derechos de las mujeres; y también tengo un libro que espero hacer, acerca de un rincón perdido de los Balcanes durante la Segunda guerra Mundial.

Sin embargo sólo una, de esas deudas pendientes con la Historia, pudo ser saldada por el propio E. P Thompson. Dos años después de que apareciese Customs in Common, se editó el libro sobre William Blake titulado Witness against the Beast, precisamente en 1993, año de su fallecimiento. De esta forma parecía que deberíamos resignarnos a ver concluida la obra de uno de los mejores historiadores de la segunda mitad del siglo XX, que pretendió en sus últimos días no sólo "volver a su oficio", sino replantear un nuevo paradigma dentro de la Historia social que fuera superador del marxismo, desde el mismo marxismo pero abarcando una tradición radical mucho más amplia.
No obstante, así como parte de la obra inconclusa de Marx fuera revisada y editada por Engels luego de su muerte; las deudas pendientes de E. P Thompson han sido saldadas gracias al trabajo de Dorothy Thompson; la cual ha recopilado y editado los dos últimos proyectos de su marido. El estudio sobre los románticos en la Inglaterra de 1790, fue editado en 1997 con el titulo The Romantics. England in a Revolutionary Age; mientras que el proyecto acerca de "un rincón perdido de los Balcanes en la Segunda Guerra Mundial" dio origen al libro que pretendemos reseñar: Beyond the Frontier. The politics of a failed mission: Bulgaria 1944.
El mismo constituye no sólo una deuda con la Historia para E. P Thompson, sino más bien una deuda consigo mismo como miembro de una generación intelectual. Proyectado al calor del movimiento europeo antinuclear, el autor pretendió a través de este trabajo demostrar nuevamente el juego nefasto de la Guerra Fría y sus consecuencias para Europa. En tal sentido Beyond the Frontier…, pareciera responder afirmativamente a la vieja pregunta de Jürgen Habermas ¿ Puede aprehenderse en general de la Historia?
Estrictamente este libro póstumo de E. P Thompson, fue elaborado a partir de una serie de tres conferencias realizadas en la Universidad de Stanford en 1981; referidas todas ellas a una serie de eventos que en el marco de la Historia de la Segunda Guerra Mundial pueden ser considerados triviales o inclusive, según el propio autor, "una mera nota al pie de página" (P 14.).
A principios de 1944 una misión británica del SOE (Special Operations Executive) ingresó clandestinamente a Serbia para hacer contacto con un grupo de partisanos búlgaros que operaban en el área; y posteriormente asistirlo para desarrollar la guerra de guerrilla más allá de la frontera, dentro de la misma Bulgaria. Esta misión estuvo comandada en un inicio por el Mayor Mostyn Davies, quien tras su caída en combate, fuera reemplazado por el Capitán Frank Thompson; el cual finalmente a mediados de mayo dirigió a los partisanos hacia territorio búlgaro. Sin embargo las condiciones para la actuación de los partisanos eran muy diferentes a las que imperaban en el territorio yugoslavo; lo cual facilitó que para mediados de mayo la mayoría del grupo fuera capturado. Posteriormente, luego de un juicio público en la aldea de Litakovo, los partisanos y los miembros de la misión británica, incluyendo a su capitán, fueron finalmente ejecutados a mediados de junio.
Ahora bien, la coincidencia en los apellidos no es casual, Frank Thompson era el hermano mayor de nuestro autor, el cual por esa misma época se preparaba para participar en la batalla de Monte Casino. No obstante, esta narración no obedece a motivos familiares; sino más bien a un interés histórico genuino. Para E. P Thompson la vida de su hermano "ilustra las cualidades que muchos jóvenes mostraron en aquellos años, además de evidenciar la experiencia de los años de guerra y su tratamiento por políticos e historiadores en los siguientes cincuenta años" (P. 11)
De esta manera, Beyond the Frontier, se encuadra en la estructura narrativa clásica de E. P Thompson. Como lo hiciera con los románticos ingleses, nuestro autor pretende a partir del análisis del sujeto individual dar cuenta de toda una generación histórica. Respaldado por una serie de documentos oficiales, cartas y principalmente a través de la historia oral, el autor reconstruye y problematiza los acontecimientos a partir de tres niveles de análisis: la experiencia biográfica, la coyuntura política específica, y la "invención historiográfica" posterior.
La vida de Frank Thompson cobra relevancia en tanto muestra de una experiencia generacional mucho más amplia, la cual tiene como eje vertebrador la Guerra Civil Española y su espíritu antifascista. Como se muestra a lo largo del libro, el actor principal de este drama, constituye un ejemplo claro de la generación de intelectuales universitarios de los años 30′, que desarrollaron como valores morales la solidaridad política, el internacionalismo y el desarrollo de un pensamiento marxista, que en pleno apogeo del Stalinismo, estaba desarrollando cierto grado de heterodoxia teórica. A su vez, como en el caso de Frank Thompson, estos intelectuales tuvieron cierta relación con el Partido Comunista Británico, pero lo mismo no implicó en ellos una disciplina partidaria. Estos intelectuales, representaran las primeras herejías en la evolución del pensamiento de izquierda, las cuales se harán patentes en la intelectualidad inglesa de izquierda en los años de posguerra.
Por otro parte, los avatares de la misión del SOE, permiten a E. P Thompson dar muestra cabal de la perversidad del poder en una situación de guerra. Principalmente a través de documentos oficiales y bibliografía especializada demuestra cómo los intereses de Londres y Moscú, limitaron la posibilidad de éxito de los partisanos búlgaros.
Los soviéticos por su lado, resolvieron no apoyar el desarrollo de un movimiento de resistencia armada en Bulgaria, ya que el Partido Comunista dirigido desde el exilio por Dimitrov, no era capaz de articular un movimiento como el yugoslavo. Fue preferible esperar la rendición de los búlgaros a instigar una revolución popular, en la cual la obediencia a la URSS no estaba garantizada, además de ser apoyada por misiones militares de los aliados occidentales.
Asimismo los británicos abandonaron el apoyo táctico a la misión del SOE, luego de llegar a la conclusión de que los soviéticos pretendían anexar los países del sudeste europeo. En tal sentido el gobierno de Churchill había decidido concertar una alianza secreta con el gobierno búlgaro en contra de los partisanos, los cuales en todo caso hubieran facilitado la conquista soviética.
Por lo tanto existieron fuerte razones de Estado, tanto para los soviéticos como para los británicos, por las cuales "tanto los partisanos como la misión británica eran descartables" (P. 97). Evidentemente la coyuntura política de mediados de 1944, la cual ya anunciaba el conflicto entre Oriente y Occidente, facilitó el fin trágico del grupo de Frank Thompson.
En última instancia, abarcando un tercer nivel de análisis, E. P Thompson nos demuestra que, a pesar de la militancia antinuclear, el oficio del historiador se mantuvo intacto. En lucha con los "anti – historiadores" nuestro autor evidencia cuál es la función principal de la labor histórica.
Las interpretaciones pseudo históricas de los acontecimientos de Litakovo fueron usadas políticamente tanto por los búlgaros como por los británicos. Los últimos construyeron una versión monolítica de los hechos, acusando de traición a los partisanos y de espía soviético a Frank Thompson, la cual no varió en cincuenta años. Por otra parte, los búlgaros re inventaron los acontecimientos históricos a través de la elaboración de "mitos retrospectivos" en consonancia con los cambios políticos de su país (P. 37). De esta manera el grupo de ingleses y partisanos que dirigido Frank Thompson, fue considerado entre 1945 y 1948 como una escuadra de héroes nacionales. A partir de 1949 con la caída en desgracia de la vieja cúpula partisana del PCB, acusada de titoísta y desplazada por el sector pro soviético, los partisanos fueron considerados "agentes del imperialismo occidental". Un tercer cambio de la "Historia" se produjo durante la era Krushchev, en la cual luego de una nueva lucha interna por el poder dentro del Partido se produjo una rehabilitación de los ya épicos partisanos.
De esta forma, E. P Thompson ejemplifica cómo las anécdotas históricas, los mitos originarios e inclusive ciertos discursos historiográficos pueden ser simples artefactos de ciertas ideologías, y como las "razones de Estado están eternamente en guerra con el conocimiento histórico" (P. 105). Precisamente en ello creemos que reside la riqueza de este viejo trabajo, en una época en donde las modas "posmodernas" parecieran estar imponiéndose entre las distintas escuelas historiográficas, este trabajo podría recordarnos, así como lo hiciera Eric Hobsbawm, cuál es una de las obligaciones profesionales en el oficio del historiador: la deconstrucción de mitos sociales o políticos disfrazados de Historia.
Beyond the Frontier… constituye de esta manera, no sólo la obra póstuma de un marxista británico, sino más bien el legado de un militante radical cuyo oficio, el de historiador, pretendió ejercer respetando los más altos cánones de la modernidad. Sin embargo, cabe preguntarnos, si la reconstrucción de los valores de la juventud antifascista de los años 30′, su moral internacionalista, su lucha durante la Segunda Guerra Mundial, no obedece a un impulso frente a la apatía de los años 80′. Es claro que no podemos responder a este interrogante, aún así, si algo resulta evidente en este libro, es su función pedagógica. E. P Thompson pretende arrancar a la Historia una simple enseñanza; no importa el contexto internacional, la destrucción que impere, siempre quedará, cómo aconteció hace cincuenta años, un espacio para la resistencia.